2022-07-10

ALLÍ SE DESEMPEÑÓ OTTO MÜHLENPFORD

Antes de ser atracadero turístico, puerto Anchorena albergó un febril astillero

De allí salieron varios de los primeros veleros y vapores que navegaron las aguas del Nahuel Huapi. El ingeniero alemán también participó del proyecto trunco de tender un cablecarril hasta el límite con Chile.

En el presente es sinónimo de turismo porque allí recala una de las excursiones más tradicionales de las que se ofrecen para navegar el Nahuel Huapi, pero aproximadamente 120 años atrás, funcionó allí un febril astillero. De su trabajo salieron varias de las primeras embarcaciones a vapor, además de algunos veleros, que surcaron las aguas del gran lago, sin que hubiera necesidad de traerlas desde lejanas factorías.

Aquel temprano establecimiento industrial está indisolublemente ligado a la vida de Otto Mühlenpford, ingeniero naval que se había graduado en Hamburgo y que, como buena parte de los alemanes que imprimieron su sello en la historia de Bariloche, primero pasaron por Chile. De hecho, Mühlenpford no se quedó para siempre en esta ciudad, ya que eligió volver al otro lado de la cordillera, donde murió, en 1942.

Reconstruyó sintéticamente su biografía Julio Riesgo, en un artículo que publicó en 1975 en el diario Bariloche. “Cuando llegó a la aldea, Otto Mühlenpford ya contaba con 27 años. Un bigote prusiano y el inseparable monóculo le acompañaron en su vivir vurilochense”. Hay que recordar que el autor, un ingeniero español que vivió varias décadas por aquí, era ferviente defensor de la denominación Vuriloche para la ciudad, en lugar de Bariloche.

Mühlenpford “era hijo de Otto y Ana Nell, nació el 8 de noviembre de 1872 en Wiesbaden provincia de Hessen (Alemania), terminó ingeniería naval en Hamburgo, llegó a ser capitán de ultramar y en su último viaje del Viejo Mundo en pos del Nuevo conoce a Emilia Kother en Valdivia (Chile) y se afinca definitivamente en este sur americano. Hubiera quedado alejado de la historia si Hube no le propusiera emplearse en la Compañía Chile Argentina, de Hube-Achelis, para hacer nacer un tráfico entre lagos vía cordillera”.

Según el investigador, “su primera actividad naval se centró en aquel 'Cóndor' que naciera con el final del siglo”, del cual ya hablamos en repetidas oportunidades en El Cordillerano. Solo recordaremos que sus fletadores lo trajeron por partes desde la Ciudad de los Ríos, en un complejo y trabajoso cruce de la cordillera, para finalmente, terminar de ensamblarlo sobre las aguas del Nahuel Huapi.

En cuanto a Mühlenpford, “después, se consolidaría con cada construcción: ‘El Pampa’, salido del astillero precario de puerto Bueno en 1904, de 18 metros de eslora y 17 toneladas brutas; el ‘Patagonia’, en 1908, con sus 28 toneladas y 24 metros; el ‘Cachirulo’, en 1909, de 12 metros de eslora y otras 12 toneladas de porte; el ‘Helvecia’, en 1911 de trágico recuerdo tras hundirse y desaparecer sus tripulantes”, recordó Riesgo.

Esa pequeña flotilla se confeccionó en “puerto Anchorena, en la isla Victoria”, que durante más de una década “era el lugar de la construcción y la botadura de toda embarcación. Entre cada una de estas, aunque menores, se pierde su tarea naval en la plancha número 5, de 14 metros de eslora y 12 toneladas netas. Para ese momento, era simultáneamente el administrador de bienes y hacienda que poseía en la isla Victoria, quien fuera viajero impenitente y hombre de caudales, Aarón Anchorena”, añadió el autor, en relación a Mühlenpford.

En aquellos tiempos, se pensaba en grande, aunque a veces, esa grandeza rozaba conceptos faraónicos. “Siempre activo, colaboró en aquel sueño del cablecarril hasta la frontera. El buen herrero Federico Yung moldeó las formas metálicas para sostén de cada torre y en la contribución técnica actuaría nuestro ingeniero naval”, reconstruyó Riesgo. “Restos de la labor de 62 años atrás (recordemos que el texto data de 1975) se hallan desperdigados en la pampa Raulí -cerca del límite internacional, en los contornos de la laguna Los Clavos que debe su nombre al cajón lleno con ese género de material que fuera allá hundido por tozuda mula-”, ironiza el texto.

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