HOGAR DE CRISTO
Se celebraron los cuatro años de compromiso con jóvenes de nuestros barrios
El Hogar de Cristo cumplió cuatro años acompañando a pibes y pibas por medio de talleres y encuentros, para juntos apostar a una mejor calidad de vida.
El crecimiento personal se logra en comunidad, ya que son una gran familia que da una mano al que cae para seguir caminando.
En 2020 inauguraron una pequeña cabaña, una piedra fundamental indispensable para el gran sueño de la residencia. Hoy, dos años después, ya se pueden ver las paredes levantadas: cada uno de los ladrillos fue puesto por alguno de los jóvenes.
El Hogar de Cristo está ubicado junto a la cancha, casi al finalizar avenida Crucero General Belgrano. El festejo del cuarto cumpleaños fue al aire libre, compartiendo un almuerzo y luego la ceremonia de lavado de manos.

Generalmente “lavarse las manos” es sinónimo de evadir situaciones, pero aquí fue todo lo contrario. Quienes quisieron pasar al medio de la ronda, lo hicieron ofreciendo algún compromiso para con sus pares.
Se fueron escuchando testimonios muy fuertes de cómo el Hogar ha cambiado sus vidas, de la familia que allí encontraron y de cómo volvieron a creer. Muchos de los jóvenes llegaron con serios inconvenientes con la Justicia, consumo problemático de alcohol y adicción a las drogas.

Les ofrecen diversos talleres de oficios y, lo más importante, rondas donde cada uno puede decir lo que siente, lo que le duele y lo que anhela.
Estuvieron acompañando la jornada, Juan José Chaparro, obispo de la Diócesis de San Carlos de Bariloche, representantes de Cáritas, de la comunidad de Jesús Misericordioso y algunos de los integrantes del Hogar Emaús.
Michael Belmont, uno de los referentes, comentó: “Somos una familia grande que sigue abriendo las puertas y el corazón para que todo el que quiera pueda entrar y quedarse”.

La misión que proponen es la de transitar un camino juntos y en comunidad, convencidos de que es la única manera de salir adelante. Allí pueden encontrar refugio personas de toda la ciudad, sin distinción de edad ni religión.

La mayoría de los jóvenes que integran la familia del Hogar no acudieron solos, fueron voluntarios los que caminaron y siguen caminando las calles, buscándolos e invitándolos a estar mejor.
Para finalizar, se soplaron las velitas por estos cuatro años y se compartió una torta, elaborada por algunos jóvenes. Un festejo de cumpleaños cargado de emociones y con una lista de compromisos para seguir avanzando.