EL CHOFER QUE UNÍA EL BOLSÓN Y BARILOCHE POR EL CAMINO VIEJO
"Era un servicio personalizado y muy familiar, no dejábamos a nadie tirado"
La semana pasada circuló en las redes la imagen del Charter, el colectivo que unía las localidades de Bariloche y El Bolsón a través del Camino Viejo. La duración del viaje era de 4 horas. Otros tiempos.
Carlos Basso fue chofer del colectivo y en diálogo con El Cordillerano, recordó la travesía que significaba hacer ese recorrido durante gran parte de la década del 80.
“Era lindo, la ruta vieja, yo me crié en Bariloche siendo chofer, cuando me vine a El Bolsón entré a Charter, la ruta la conozco bien. Hay un montón de cosas que se recuerdan, el invierno, el verano, las partes angostas, las paradas para comer, a los pasajeros los conocías a todos y estabas en permanente contacto” precisó Carlos con nostalgia.
“El café en el Tacuifí, llegar a las 8 de la mañana y volver a las 12 del mediodía desde Bariloche, era un servicio más cercano a la gente, subían personas hasta con gallinas” mencionó entre risas.
“Había mucha confianza en el chofer y entre las personas, nos daban plata para los estudiantes que estaban en Bariloche, era otra época”, señaló.
En cuanto al camino de ripio durante el invierno recordó, “con nieve era bravo, había un par de subidas que costaban, había que poner cadenas, gomas pantaneras, no era fácil el camino pero todo el mundo te ayudaba, los mismos pasajeros te ayudaban para salir. Era una aventura, uno conocía tanto el camino que iba con precaución y sabía a qué se exponía. Si no lo subías de una forma no lo podías subir, el cañadón era ir mirando que no pase alguno porque dos vehículos no entraban”.
Además, recordó que no solo se transportaban pasajeros si no también paquetes, “llevábamos encomiendas y otras cosas, hacíamos el servicio del correo. En Bariloche había una oficina al lado del Centro Cívico y salía desde ahí y en Bolsón tenía la oficina en la calle San Martín”.
En cuanto a determinadas costumbres que hoy sería imposible llevar a cabo en el servicio de transporte, Carlos recordó “normalmente ibas y los dejabas en algunos lugares, por ejemplo tipo 9 lloviendo y nevando se hacía el puerta a puerta, era un esfuerzo para el pasajero. Era una empresa muy familiar y nos conocíamos todos, era otro servicio. Todos ayudábamos. Éramos pocos en la ruta y nunca dejábamos tirado a nadie”.
Por último, remarcó: “Era muy personalizado, te paraban en el camino gente de El Foyel y te decía 'tomá, te regalo un cordero por las gauchadas durante el año', te regalaba frascos de dulces, esa gente que cuando tenía llevaba plata para que le traigas algo de la ciudad, comida o carne. Teníamos otras costumbres, era lindo y muy familiar”.