2022-03-31

Un estudio reveló que la oxitocina vuelve más tolerantes y cariñosos a los leones

La administración de esta hormona relaja la vigilancia de los felinos y favorece el juego entre ellos.

La ferocidad que caracteriza a los leones se reduce cuando inhalan oxitocina, una hormona que logra que estos animales estén dispuestos a ser más tolerantes con sus congéneres, excepto cuando llega la hora de la comida.

Los leones son altamente territoriales y no les gusta hacer nuevos amigos, pero con la reducción paulatina de sus hábitats muchos tienen que vivir en reservas o en cautividad, lo que les obliga a compartir espacio con otros leones.

La oxitocina es una hormona que sintetiza el hipotálamo, la misma área del cerebro que regula, entre otras cosas, la temperatura corporal, la conducta sexual o el ritmo cardíaco. Una vez liberada desde las terminaciones nerviosas, actúa sobre varias regiones y circuitos cerebrales que regulan las emociones llamadas sociales. Es el ansiolítico endógeno por excelencia, rebajando el estrés y elevando la empatía, confianza y la cooperación.

En el mundo animal se estuvo investigando cómo afecta a la conducta en animales de laboratorio, su papel en las relaciones sociales de los simios, está detrás del amor entre perros y humanos y hasta se ha estudiado en pulpos. ¿Entonces cómo modera la ferocidad de los leones que está en su base genética?

“Para que la hormona surta efecto lo mejor es pulverizarla directamente en la nariz del animal, pues así viaja por el nervio trigémino y el olfativo directamente hasta el cerebro, de otra manera la barrera hematoencefálica podría filtrarla” precisó la autora principal de la investigación, Jessica Burkhart.

Los resultados, publicados en la revista científica iScience, muestran que la oxitocina provoca grandes cambios en la conducta de los leones. Los autores del estudio analizaron varias facetas de su comportamiento: cercanía física, juegos grupales, gestión de la comida o alerta ante los extraños. Comprobaron que, de media, la distancia física se reducía de los siete metros antes de la administración (o en los grupos a los que se les dio placebo) a tres metros y medio. La tolerancia social dentro del grupo se confirmó al lanzarles un muñeco, con el que jugaban como si fuera un pelele. En general, los roces de cabeza tan típicos de los felinos o el ronroneo se multiplicaron.

Confirmadas la cooperación y la afectividad dentro del grupo, querían ver qué pasaba con la amenaza exterior. Para ello, los investigadores reprodujeron rugidos de leones ajenos a cada uno de los grupos estudiados. Rugir es casi siempre una señal de alerta y advertencia, avisando a los extraños de que están en territorio hostil. 

Sin embargo, la hormona del amor también tiene límites y, en este caso, fue la comida: cuando había carne de por medio, los grandes felinos no mostraron una mayor tolerancia entre ellos.

Tras inhalar oxitocina, los felinos, en especial los machos, rebajaban su nivel de vigilancia. Así, comprobaron que los leones mantenían la cercanía con los miembros de su grupo, pero dejaban de rugir en respuesta a los sonidos de felinos ajenos. En ausencia de la hormona, la mitad de los animales vocalizaban señales de advertencia cuando oían rugir a los de fuera del grupo.

“Actualmente estamos trabajando en la introducción de animales que han sido rescatados de circos, en el extranjero o en zonas de guerra que ahora viven en santuarios”, dice Burkhart. La bióloga estadounidense desea que la oxitocina favorezca “la reubicación de los animales en la naturaleza, ayudándolos a estar más inclinados a su nuevo entorno social, siendo más curiosos y menos temerosos, lo que llevaría a una vinculación más exitosa”.

Esta idea del refuerzo se está investigando para tratar a personas con trastornos del espectro autista, en la esperanza de que el neurotransmisor induzca una mayor interacción con los demás. Pero, como recuerda la española Teresa Romero, quien lleva más de una década investigando el papel de la oxitocina en animales, tanto salvajes como domésticos y en humanos, “aún no ha habido resultados positivos”.

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