QUIEREN REABRIR
Kiosqueros de escuelas piden que los dejen trabajar
Personas que tienen la concesión de kioscos en colegios barilochenses reclaman que las dejen reabrir, ya que no trabajan desde el inicio de la pandemia.
“El año pasado pensé que iban a flexibilizar un poco la situación, pero, al final, no nos autorizaron a funcionar”, contó, por ejemplo, Karina Ojeda, que tiene su kiosco en la Escuela Secundaria de Río Negro (ESRN) N° 20, ubicada en Anasagasti 449.
“Los directivos de los colegios nos cuentan que ellos no tienen nada que ver. Por lo que nos dicen, la autorización tiene que venir de Supervisión, en Viedma”, explicó la mujer.
Así, señaló que, en Bariloche, se armó un grupo de WhatsApp integrado por varios kiosqueros de colegios que sufren este trance: “La intención es que apenas alguien se entere de que podemos abrir, lo hagamos todos”, dijo.
“Queremos que nos escuchen… Hemos mandado notas, pero no hubo respuesta”, expuso.
En tal sentido, remarcó: “No entendemos por qué no nos dejan trabajar”.
Así, detalló que incluso el año pasado colocó un plástico transparente como modo de evitar el contacto con los clientes. “Lo hice porque pensé que volveríamos a abrir rápidamente”, suspiró Karina, a quien incluso le quedaron deudas con distribuidoras a las que les había pedido mercadería justo antes del inicio del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO), al principio de la pandemia, y no pudo completar el pago de las cuotas.
A todo eso, en su caso particular, se suma que al inicio de 2021 robaron en su kiosco. Los delincuentes ingresaron por una ventana que da al exterior: “Abrieron las persianas y me sacaron todo: un horno eléctrico, una pava eléctrica, la caja registradora, un equipo de música, y hasta una máquina de café expreso que tenía en consignación…. La fotocopiadora la prepararon como para quitarla, pero no pudieron, por lo pesada que es”.
Pero Karina no quiere recordar en profundidad aquel episodio, lo que desea, simplemente, es que la dejen volver a sus tareas.
“En este tiempo no he hecho nada… Mi marido trabaja, pero yo también necesito hacerlo. Igualmente, él tampoco tiene un sueldo fijo; es camionero, hace fletes y mudanzas, así que dependemos del día a día”, sostuvo.
El matrimonio tiene un bebé de siete meses y una nena de cinco años, así que la preocupación la inunda.
Pero, más allá de la obvia necesidad económica, está la cuestión de cómo afecta la situación por dentro: “Te desmoraliza, te bajoneás; estos dos años fueron tremendos para mí”.