BARRIO LOS COIHUES
Los padres de la ahijada de Alberto Fernández hablan de amenazas y discriminación
“Hace años que reclamamos la luz del barrio y la junta vecinal de Villa Los Coihues no se mueve”, protesta Leonardo Arévalos, papá de siete hijas -la menor de ellas, Mercedes Lucía, ahijada del presidente Alberto Fernández-.
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“Insisten en que no se tiene que alumbrar, porque dicen que se deben ver las estrellas”, cuenta Leonardo, y el tema de la luminaria es solo uno de los problemas que rondan por su cabeza acerca de lo que sucede en esa zona del oeste de la ciudad.
Hay muchos otros, algunos de un tenor que asusta.
El hombre, junto a su mujer, María Clara Soraiz, analiza poner en venta la casa.
Se sienten mal, porque, más allá de la cuestión señalada, ha habido casos de personas mordidas por perros, y, según aprecian, no se trata de animales vagabundos, sino que tienen dueños, pero durante gran parte del día los dejan sueltos.
También señalan que, desde la Junta Vecinal, no hacen nada para reclamar que el Transporte Urbano de Pasajeros (TUP) de Bariloche tenga más paradas dentro del vecindario, por lo que los colectivos solo se adentran unas pocas cuadras. “Si protestás, te contestan que es mejor que no pasen, porque hacen mucho ruido”, manifiesta el papá de las siete mujeres.

La pareja remarca que los que sí deambulan son autos que no respetan límites de velocidad ni reglas básicas, como la mano de cada calle.
A todo esto, suman el tema de la inseguridad, que, de acuerdo a lo que indican, se ha incrementado notoriamente en el último tiempo. “Están robando un montón”, asevera Leonardo, que, también, dice que abundan situaciones de tomas de tierras.
Y, si bien las cuestiones señaladas son relevantes, hay otras aún más complicadas.
Leonardo informa que, en 2021, la Junta Vecinal recaudó, de lo que aportan los vecinos, 6.304.000 pesos. “Cuando preguntás qué hicieron con eso, no te dicen nada”, expone, a la vez que apunta que, según calculan, este año la cifra subirá a no menos de 9 millones.
“Esto es una mafia”, considera Leonardo.
“Lo que vemos nos hizo despertar como vecinos y preguntar por qué no hacen algo por el barrio”, añade.

Por ese motivo, se les ocurrió hacer un reclamo en Facebook.
Hubo dos tipos de respuestas.
Por un lado, muchos vecinos les expresaron que sentían lo mismo que ellos e, incluso, les sumaron más problemáticas a las expuestas, pero la mayoría teme expresar públicamente lo que piensa por temor a represalias.
Justamente, el otro tipo de eco que tuvo el posteo que realizó María Clara, acerca de la peligrosidad de dejar sueltos a perros que demostraron ser agresivos, tendió a contestaciones que la tildaban de “nazi” y a intimidaciones del tipo: “Ya nos vamos a cruzar, rati sacada de Nordelta”.
“Si pensás distinto, te amenazan; te dicen que sos un facho, un nazi…”, contó Leonardo.

La pareja también se sintió discriminada en la Escuela N° 324 del vecindario, donde, por opinar que no estaban de acuerdo con el uso del lenguaje inclusivo en determinadas cosas (por ejemplo, en la medalla de fin de curso de una de sus hijas), también aparecieron ciertos gestos que los desubicaron: “No nos hablaron más, dejaron de saludar… te tratan mal”, dice Leonardo, quien relaciona eso con la actitud que asume parte de la población del barrio, mientras un sector importante, contrariamente, se pronuncia por lo bajo contra las mismas cosas, pero tiene miedo de exponerlas.
Igualmente, ya hubo varias personas que se acercaron a Leonardo para darle su apoyo, y le manifestaron que lo acompañarían en su cruzada por mejorar la situación.
“Cuestionamos lo que cuestionaría un vecino normal: no hay ni una luz, las veredas están sucias, todo se inunda, la gente discapacitada debe recorrer muchas cuadras para tomar un colectivo…”, enumera él.
Pero, como ya se dijo, como existe el apoyo, también están las expresiones que atemorizan: “Si querés vivir en este barrio, tenés que bancártela. Esto es lo que nosotros queremos, somos una especie de comunidad”, comenta que le dice gente cercana a la Junta.
Así, por un lado, Leonardo pretende movilizarse para solucionar lo que se vive en esa parte de la ciudad e, incluso, tiene pensado acercarse con otros vecinos al Concejo Deliberante, para exponer la problemática. Pero también es cierto que, de no mediar una solución ante estos temas, principalmente por miedo a lo que pueda pasar con sus hijas, ante las amenazas, está pensando en que la familia se mude.
Aunque, a su vez, recuerda: “El presidente nos dijo que cualquier cosa que necesitáramos se la pidiéramos... No me gustaría molestarlo por esta situación… Ojalá hallemos una solución pronto”.