UNA DOCTORA MUY ESPECIAL
Sara Itkin y un merecido reconocimiento a su labor de "médica yuyera"
Los reconocimientos deben realizarse dentro de la vida cotidiana de la gente y esto fue lo que sucedió esta mañana cuando la doctora Sara Itkin recibió la placa que declara de interés educativo, científico y comunitario su labor de investigación y difusión en medicina natural. Fue por una iniciativa de María Eugenia Martini y aprobado por unanimidad en la Legislatura de la provincia.
Sara ha tenido la enorme virtud de poder tender un puente firme entre la medicina tradicional y la naturista o “yuyera”. Este reconocimiento a su labor no modificará el camino que viene recorriendo, pero sí la sorprendió y llenó de emoción. “Esto me lleva a volver a poner en valor los saberes ancestrales, populares y científicos en el uso de las plantas para la salud”, comenzó diciendo. “Recordé tiempos vividos comunitariamente y eso me emociona”.
Itkin derribó la tradicional frase de “arranquemos los yuyos del patio”. Hoy por hoy cada vez es más la gente que aprende a reconocer y valorar las plantas que tiene alrededor. “Tengo que reconocer que el trabajo del doctor Eduardo Rapoport en el uso, rescate y valorización de plantas silvestres comestibles es inmenso”. Dijo que fue un gran maestro para ella, con una generosidad enorme.
“Desde mi mirada médica obviamente que insisto en valorar el uso de las plantas para la salud, qué prioridades y componentes tienen que van a ayudar a sanar. Entonces cuando Eddy decía coman diente de león que tiene más calcio que la leche, yo agrego que nos ayuda a eliminar las piedritas del hígado, nos limpia riñones y sana las anemias”. Esa conjunción es muy valorable: “Los yuyos en realidad son medicina y alimento”.
Medicina tradicional
Sara estudió Medicina en la Universidad Nacional de Rosario (Santa Fe) y allí realizó la residencia. Luego ejerció su profesión en zonas rurales de Neuquén y así entabló una relación con comunidades mapuches. En el año 2000, conformó en Villa Traful el grupo Compartiendo Saberes con mujeres del lugar.
Consultada acerca de si fue en la Patagonia donde comenzó a tender ese puente entre ambas medicinas, dijo: “Si miro mi historia, creo que siempre estuvo, de chiquita me gustaba comer plantas silvestres y jugar con ellas, hacía perfume de menta con mi hermano y mi primo”.
Agregó: “Obviamente en la escuela de Medicina poco se nos enseñó a valorarlas y mucho a descreerlas, cuando empecé a tener contacto con la gente a través de trabajos de extensión universitaria y ya en mi formación de posgrado, el encontrarme en los barrios con estos saberes fue un resurgir de eso que quizás traiga en mi fibra”.
Siempre se convoca a Sara para aprender, sin embargo, su humildad la lleva a estar abierta a un intercambio de conocimiento. “Este diálogo de saberes no se acaba nunca, siempre voy a aprender porque es un dar y recibir constante”.
Aseguró: “Es ganar en salud de manera comunitaria y muy económica, diciendo no al capitalismo, la naturista es una medicina que nos empodera, es accesible y nos da libertad”.
Dijo que hay que valorar las plantas nativas: “Hay que protegerlas porque no crecen en cualquier lado, pero las que vinieron de afuera y se aclimataron también hay que cuidarlas”. El ganar salud de la mano de las plantas tiene que ver con respetarlas y respetar además a la tierra como la gran dadora de vida.