PALABRA DE GUARDAPARQUE
Un “Pajarito” en la Antártida: “Este lugar es impresionante”
“Una de las personas más importantes de la base es el cocinero”, ríe el guardaparque de Bariloche Alejandro “Pajarito” Rey, desde la instalación Orcadas, en la Antártida.
“Por suerte, tenemos uno excelente, y con muy buen humor, que hace amena la situación, en especial, cuando uno llega de afuera, con una temperatura de veinte grados bajo cero. En ese momento, encontrarse con un plato caliente y sabroso no tiene precio”, apunta.

“Al estar un año aislados, se traen todos los alimentos para ese tiempo, y un poco más, por las dudas, así que, obviamente, comida fresca no hay: el primer mes, sí; después, todo es congelado”, cuenta.
Y, medio en broma, medio en serio, remata: “Así que extraño unos buenos tomates, lechuga, un durazno, una naranja…”.
En cuanto al agua que se utiliza, señala: “Durante el verano, hay un pozo del que se bombea para el uso diario, de limpieza, duchas y demás pero, luego, eso se congela, por lo cual, día por medio, tenemos que palear unos trescientos sesenta cajones, un poco más grandes que de manzanas: toda la dotación sale y los movemos para colocarlos en un derretidor”.
“Para el consumo, tenemos agua potable envasada”, detalla.

Rey informa que “la Argentina es el único país del mundo que envía guardaparques a la Antártida”.
“Desde hace treinta años, la Dirección Nacional del Antártico firmó un convenio con la Administración de Parques Nacionales”, precisa, y explica los motivos que llevaron a trasladarlos al extremo sur: “Un guardaparque tiene la capacitación en lo referido a monitoreo ambiental y, a la vez, está instruido para asistir en caso de emergencias, evaluar y resolver problemas, desplazarse en glaciares y la montaña, además de navegar –de hecho, los que venimos tenemos que tener carnet de timonel–”.

Así, apunta que, en el continente blanco, desarrolla “tareas de monitoreo, en relación al censo de aves y mamíferos, una vez a la semana durante todo el año”.
“Específicamente, del petrel gigante, el damero y el de las nieves, el pingüino Adelia y el barbijo, y la foca de Wedell”, pormenoriza.
“Para hacer esos censos, mientras el mar alrededor de la isla no se congela, navegamos, y nos movemos cruzando un par de glaciares; cuando se forma el hielo, para hacer esa actividad, nos desplazamos sobre el mar con esquíes de travesía”, relata.

“Un trabajo muy importante que se lleva a cabo desde hace unos años es el muestreo de plancton a distintas profundidades y sobre la superficie; cuando se congela el mar, debemos hacer agujeros en el hielo para sacar las muestras y realizar las labores que tenemos asignadas”, expresa.
“Cuando viene la nueva dotación de relevo, en el verano, las muestras se envían al continente con el fin de que se investiguen en los laboratorios”, detalla.

“Pajarito” manifiesta que algo de lo que encontró en la Antártida ya lo imaginaba: “En Parques Nacionales, somos menos de seiscientos guardaparques, hablamos entre todos, así que conozco al primero que vino hace treinta años y también a los que lo hicieron la última vez, y me contaron cómo era: los trabajos, la convivencia… Por eso, ya contaba con un panorama”.
Igualmente, aclara: “Pero este lugar es absolutamente impresionante, realmente emociona”.

“Cuando vas a hacer el censo, cruzás el glaciar, y se observa la magnificencia del sitio”, puntualiza.
“Cuando navegás, y ves los témpanos gigantescos, que son verdaderas islas, uno se siente sumamente pequeño”, concluye.