2021-08-07

CAMBIO DE VIDA

Noemí Molina: recuerdos y el presente en Villa Llanquín

Noemí Molina sale a abrir el portón.

Es temprano en Villa Llanquín, y la helada se hace sentir.

Va abrigada, pero tampoco demasiado, como si ya estuviera acostumbrada a ese clima duro, y, también al tipo de vida del pueblo, donde impera el ritmo sosegado.

Los días de reflectores, cámaras y micrófonos parecen haber quedado muy lejos… aunque nunca se sabe.

Más allá de todo, de ese exilio voluntario en ese lugar del mundo que la vio nacer (la partera fue la abuela), conserva su charmé.

Esta mujer, que fue “la voz” de Bariloche, que hechizó a miles de oyentes a través de la radio y esparció su encanto por la pantalla televisiva local, ahora lleva una vida apaciguada.

Ya dentro de su casa, convida café y se larga a hablar.

Su derrotero verbal se extiende durante un rato largo.

Los nombres de glorias de los medios de comunicación barilochenses caen en la mesa uno tras otro.

Desde el pionero Don Francisco Caló (a quien califica como: “El papá de todos los que trabajamos esto") a las diversas personas que se cruzó en el camino. De tanto en tanto, suspira ante el recuerdo de alguien que ya no está.

Fue justamente Don Francisco quien la empujó a la profesión. “Le gustó mi cara, mi voz…”, indica.

“Empecé con una publicidad de cera. Después hice en radio unos minutos de belleza, y, en canal 3, un programa de moda”, cuenta.

Los trabajos siguieron y siguieron.

Alguna vez se fue de una empresa por una bajada de línea que le pareció incoherente, y el cambio –de pasar de ganar un buen dinero mensual a la nada misma– fue abrupto y duro.

Pero volvió al ruedo y puso su voz en radio Nacional.

Hace doce años, regresó a su Villa Llanquín natal.

“Al inicio, viví en una casita rodante, hasta que construí la casa”, señala, con su perra chihuahua Flopy en brazos.

Hija del primer maestro que hubo en el paraje, cuando sus padres se separaron, pasó parte de su infancia con el papá, en Buenos Aires, y luego, de regreso a la zona, desarrolló su carrera en Bariloche.

Desde que retornó al paraje, más allá de un programa de televisión de hace algo más de dos años (“Rastreadores”), ya no regresó al mundo de los medios de comunicación.

Cuenta que vio a muchos colegas a los que un alejamiento similar les mermó el alma, pero aclara que a ella no, aunque los motivos no son agradables: “Tuve el shock de la muerte de mi mamá, problemas acá en el campo, y después se enfermó mi hermana (Norma, que es un año mayor), así que el hecho de no trabajar en los medios, para mí, no resultó tan traumático”, expone.

“El periodismo me dio mucho, fue lo que me ayudó a criar a mi hijo y me permitió conocer a gran cantidad de personas”, apunta.

“Siempre fui muy respetuosa y tuve buena relación con la gente”, afirma.

Sobre su nueva vida, revela: “Al principio, extrañaba hacer radio… Pero ante la tristeza por la enfermedad de mi hermana, no hubo nada más importante que acompañarla”.

Se encontraba juntando hojas cuando la llamaron para avisarle que Norma tenía cáncer.

“Se me terminó el mundo; lloré hasta que me cansé”, devela.

La hermana se trasladó a Cipolletti para seguir un tratamiento; hoy está recuperada y piensa volver pronto a Villa Llanquín.

Así, mientras la aguarda, Noemí mira hacia afuera y exhala: “Amo este lugar”.

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