DICEN QUE QUIEN BUSCA TRANQUILIDAD PUEDE IR A PESCAR LIMAY ABAJO
“La caña no se mancha”
Ante las quejas que surgieron últimamente, acerca de que el primer tramo del río Limay se encuentra superpoblado de pescadores, así como de cierta falta de ética entre los mismos, el gerente de la Mesa Directiva Honoraria de Pesca Deportiva de Bariloche, Martín Freedman, intentó poner paños fríos a la situación.
“Como pescador, como guía que fui, como gerente de la Mesa, y una persona que está hace veinte años en el ámbito del río, vi todos los cambios que hubo en este tiempo, y esa visión que se expuso es para un pequeño período del año en un tramo chico del Limay”, indicó.
“Sucede exclusivamente durante el fin de temporada, desde mediados de abril hasta fin de mayo, cuando se conjuga mucha más gente de la habitual en un lugar específico: la primera parte del Limay”, señaló.
En ese sentido, consideró: “Tranquilamente, cualquier persona puede ir río abajo y disfrutar de la soledad de la Patagonia”.
“Hay un tema inherente al pescador: la gran mayoría considera que las truchas más grandes se encuentran en mayor cantidad en ese sector, y, por eso, en esta época, todos van a ese lugar”, manifestó.
Cuando se le consultó si era cierto o no que en ese tramo había más presencia de animales, explicó: “Ese sitio puede tener levemente una mayor concentración que otros lugares en el río, porque como están empezando a entrar para el desove, que es invernal, en la primera parte hay más ‘camas de desove’ (la denominación hace referencia a los canales que las hembras cortan con golpes de su cola; allí depositan sus huevos, que el macho fertiliza antes de ser cubiertos); por ende, hay un porcentaje un poco mayor de truchas concentrado allí”.
Pero aclaró: “Si el problema es que se juntan demasiados pescadores en un mismo espacio, cada cual tiene el derecho de ir a otro lado con buenas chances de pesca”.
Además, recordó que el Limay “es uno de los pocos lugares donde se puede pescar durante mayo, por lo que todo el mundo quiere ir al río en ese momento…”.
“Desde esa perspectiva, es algo que no se puede regular”, apuntó.
“Es como ir al supermercado: si todos concurren a idéntica hora, al mismo lugar, la sucursal va a estar superpoblada”, ejemplificó.
“Si los pescadores van al primer tramo del Limay, se trata de decisiones personales, pero está la opción de moverse un poco río abajo, donde no hay mucha gente”, reiteró.
También destacó que en el área hay normativas precisas. “El río tiene reglamentaciones muy cuidadas de todas las jurisdicciones involucradas, y son claras. Porque, de una costa, está Neuquén; de la otra, Río Negro; y Parque Nacionales posee una potestad por encima. Pero todos concuerdan en una regulación única, para que haya un solo criterio”.
Aunque esas reglas son para otros temas; en lo que hace a la cantidad de gente que desarrolla la actividad, no hay indicaciones previstas. “No existen límites de personas, porque para regularizar una cosa así, habría que pedir que se anotaran en una lista de espera, o algo por el estilo, y es inviable hacerlo de esa manera”, refirió Freedman.
“Si eso se hiciera, los guías profesionales, a quienes tal vez les hacen reservas con dos meses de anticipación, podrían guardar el espacio porque un cliente se los solicita, y un pescador común y corriente, que decidiera dos días antes ir al río, no tendría posibilidad de hacerlo, ya que los cupos estarían llenos. No hay una forma democrática de ponerle una regulación a eso”, sostuvo.
Igualmente, en caso de que, hipotéticamente, se concretara algún tipo de regulación al respecto, aseveró que no existe personal que pudiera realizar una vigilancia adecuada.
“Si se pusiera una reglamentación que dejara contentos a todos: guías, pescadores deportivos, los que van en balsa, los que van caminando… si todos confluyeran en un acuerdo acerca de la cantidad de gente de cada grupo que podría haber en determinado sector, algo que sería muy difícil, no existiría control”, afirmó.
Indicó que tal tarea le correspondería a Parques Nacionales, pero la entidad no cuenta con personal suficiente como para “en una extensión de diez kilómetros”, revisar las supuestas reservas certificadas. Los guardaparques existentes, además, deben controlar cuestiones como los fuegos en zonas indebidas o la pesca furtiva (un inconveniente que va en aumento y causa mucha preocupación).
Para que quede claro, Freedman sentenció: “Lo del cupón con un turno para pescar es inviable”.
Ante las quejas por ciertos malos modales en algunos de los que concurren al primer tramo del Limay, afirmó: “Eso no tiene que ver puntualmente con la actividad, sino que pasa en todos los ámbitos de la vida, desde una calle con un semáforo en la esquina hasta en la cola de un banco… No ensuciemos al pescador. En este caso, en vez de la pelota, podríamos decir que la caña no se mancha”.