TODA LA EXPERIENCIA DE UN COMBATIENTE QUE ACTUÓ EN EL BOLSÓN
Brigadista Curapil: “Confiamos en nuestro laburo, sabemos lo que debemos hacer”
La tarea que desarrollan los brigadistas y voluntarios en zonas de incendios forestales es verdaderamente encomiable. Horas y horas de trabajo para contener las llamas en defensa de la naturaleza, para evitar males mayores como pérdidas de viviendas y en resguardo de pobladores de la zona siniestrada. El Bolsón, en los últimos días, fue epicentro de un gran incendio. Juan Carlos Curapil del equipo del Parque Nacional Nahuel Huapi (PNNH) contó su experiencia, la solidaridad y el cariño que recibieron por parte de los habitantes de la Comarca Andina del paralelo 42. “Es muy desolador ver el daño que causa el fuego”, indicó. Trabajaron brigadas de Aluminé, Laguna Blanca, San Martín de los Andes, Glaciares, Chaltén, Puelo y del PNNH.
El brigadista relató: “Fuimos convocados el día martes. Íbamos por tres días y se cambiaba la gente. Luego, ya fuimos en forma permanente y nos quedamos en El Bolsón. Nuestro trabajo es un vocación, pero es muy desolador observar el daño que causa el fuego”.
Curapil realizó declaraciones a través de El Cordillerano radio (93.7), donde explicó: “Si bien desde el punto de vista nuestro no es desesperante la situación, sí lo es para los pobladores. Para la gente que trabaja en sus tareas habituales ver venir el fuego es aterrador” y reiteró: “Para nosotros no, porque nosotros confiamos en nuestro laburo, sabemos lo que hacemos, le ponemos todo lo mejor”.
Dentro de su experiencia, indicó: “El incendio camina mucho durante la noche, tiene distintos comportamientos durante el día y, en horas nocturnas, la gente prácticamente no dormía, estaban atentos a que el incendio bajara”.
Finalmente, el brigadista sostuvo: “Lo pudimos contener, cortamos la intensidad, el avance. Hoy por hoy, pueden estar más tranquilos.
Con un poco de tristeza, Curapil refirió: “Lamentablemente, en Bariloche, los brigadistas de Parques Nacionales no son muy reconocidos, no son bien vistos. Acá trabaja el SPLIF, nuestra jurisdicción arranca desde el balcón del Gutiérrez hasta el Villegas, desde el Limay hasta la portada de San Martín de los Andes y desde el lago Nahuel Huapi hasta el límite internacional. Sobre la cordillera de El Carbón son solo 12 kilómetros, por eso acá no se ve el trabajo nuestro. Somos más reconocidos por la gente en el Mascardi, Confluencia, Traful o Villa la Angostura”.
“Arrancamos a las 4:30 o 5 de la mañana aproximadamente y a las 6 o 7 ya estamos en el campo trabajando. Buscamos los puntos más salientes, usamos los camiones, los equipos de agua, subimos, bajamos. De pronto, mirás la hora y ya son las 10, 11 de la mañana, después, cuando te querés acordar ya son las 14.
Ahí para un grupito a comer, otro sigue trabajando y después hacemos la rotación para que los otros compañeros también coman”, contó al preguntarle como fue un día en El Bolsón y agregó: “Cuando nos queríamos acordar ya habíamos recorrido la montaña, se hacían las 17 o 18, con mucho calor y debíamos estar atentos para ver si el fuego se incrementaba. Reaccionábamos que el día ya había pasado cuando eran las 19 o las 20 de cada jornada”.
Asimismo, mencionó: “Nuestra brigada se quedaba en el Polideportivo, estábamos a lado de una Escuela Hogar. Allí teníamos duchas, baños, comíamos y, si nos quedaba tiempo o cuando estábamos muy cansados, salíamos a caminar un poco para despejar la mente. Luego, nos íbamos a dormir. Además, tuve la oportunidad de conocer gente en El Bolsón y no hay palabras para agradecerles. Constantemente nos decían: 'Chicos, ¿qué necesitan?, ¿en qué los podemos ayudar?' A veces íbamos a comprar algo y no nos querían cobrar”.
Por último, Juan Carlos Curapil señaló: “Por ahí estábamos trabajando en algunos sectores y los vecinos subían al cerro con agua con hielo, con un sandwichito, con tortas fritas. En ese sentido, nos sentimos muy bien y eso no pasa en todos lados. En algunos lugares, lo único que les importa es que apaguemos el fuego”.
Juan Carlos Montiel