PARTICULARES SE ADUEÑARON DE LO QUE ES DE TODOS
Alambres de púas, árboles cortando el camino y hasta desagües de pozos ciegos directo al lago en la costa del Moreno
“Quiero que algo de mi hijo, si se ahogó, quede ahí… algo que sea positivo, un sitio abierto, un camino, para que las personas pasen con comodidad”, suspira Mirta Nicolás, la mamá de Andrés Quinteros, el muchacho que hace casi un mes desapareció en el lago Moreno, cuando partió de la Playa del Viento, y, tras una vuelta de campana del kayak, mientras el acompañante llegó hasta la orilla, él desapareció.
La mujer desea que, al menos, se pueda concretar la idea de un sendero sin obstáculos, porque, en los primeros días que siguieron al supuesto accidente (lo de “supuesto” es porque no se sabe bien qué sucedió), cuando una gran cantidad de voluntarios acompañó la búsqueda por la costa, se hizo muy complicado pasar.
“Está todo cercado, incluso con alambres de púas”, dice Juan, papá de Andrés.
“Nunca había atravesado ese lugar, y me sorprendió… me hizo pensar en campos de concentración nazis”, señala el hombre.
Otro que pasó la experiencia de transitar ese costado del lago fue Leonardo Nicolás, tío de Andrés, quien recuerda: “Al caminar, nos empezamos a topar con dificultades, algunas de la propia naturaleza, pero muchas otras propiciadas por los vecinos”.
Así, menciona: “Había árboles tirados a propósito, para impedir el paso; incluso alambres de púas enterrados en el piso, colocados directamente para lastimar a quien caminara por ahí…”.
Además, cita una problemática de corte ambiental: “Caños de pozos ciegos que salen directo al lago…”.
En cuanto a la cantidad de obstáculos existentes, puesto a teorizar, no tiene dudas: “Si mi sobrino hubiera podido nadar hasta el costado, al salir del agua todo mojado, con las dificultades que había, y el frío, tal como está la costa, no hubiese sobrevivido… habría muerto de hipotermia, tirado a un lado”.
Ya en un principio, cuando se realizaba la búsqueda, con la vista fija en el lago, Leonardo comenzó a delinear una idea: más allá de lo pasara con Andrés, si aparecía (todavía se soñaba en que fuera con vida) o no, trabajaría para que se hiciera un camino como es debido, para que no sea una proeza tener que transitar por ese sitio.
Casi un mes después, comenzó a dar los primeros pasos.
Se enteró que, días antes de lo que sucedió con su sobrino, Julieta Wallace había presentado un pedido de informes en el Concejo Deliberante por el acceso a las costas de la ciudad.
Leonardo hiló eso con la problemática con que se había chocado al realizar la búsqueda, con propietarios de terrenos que habían avanzado mucho más de lo debido, a través de alambrados y otras barreras que dificultan o impiden el paso.
Así que se acercó a conversar con la edil, con la intención de trazar un proyecto.
Por estos días, el hombre, que trabaja en el Correo Argentino, se está contactando con diversas personas para que lo ayuden a que la labor proyectada cumpla con todas sus expectativas.
Dialogó con miembros del Club Andino y la Escuela Municipal de Montaña. También con guardavidas, quienes le dijeron que algo así los ayudaría mucho en su tarea, ya que no sería lo mismo recorrer, para un salvataje, seiscientos metros a nado, que corriendo.
“Hablé con egresados del profesorado de Educación Física de la Universidad del Comahue, y me dijeron que sería bueno hacer espacios similares a los de las plazas saludables”, cuenta entusiasmado.
Tiene pensado también charlar con atletas, para que le comenten qué comodidades debería el camino tener para que se pudieran hacer carreras.
Pretende, asimismo, que sea algo que se use a nivel educativo, es decir que los chicos puedan aprender mientras lo recorren.
Por otra parte, tiene la intención de que el sendero sea inclusivo, para que puedan utilizarlo personas con capacidades motrices reducidas, como por ejemplo en silla de ruedas.
Lo cierto es que, un recorrido por el lugar en cuestión, en la actualidad es casi imposible de realizar para cualquier individuo, incluso uno con el mejor de los estados físicos…
Barrancas abruptas, alambrados (de los comunes y también de púas) a pocos metros del lago (a veces, casi al borde), ramajes, terrenos pantanosos, partes donde hay que escalar montículos de piedra…
Pasar por ahí es sacarse casi todos los números para, en el mejor de los casos, terminar embarrado, con la ropa agujereada por las ramas que cierran el paso, y el calzado en un estado lamentable.
Si hay mala suerte (y las condiciones están dadas para que la haya), debe sumarse algún corte propiciado por los alambres de púas.
Y eso que, en la actualidad, dentro de todo, existen espacios pequeños que, a fuerza de machete, trazaron quienes buscaron a Andrés hace casi un mes.
Cuando ellos tuvieron que pasar por ahí, el panorama era mucho peor.
Uno de los que colaboró en la búsqueda en aquel momento fue el legislador provincial Ramón Chiocconi, quien, más allá de su rol como político, tiene experiencia como médico rescatista.
“Todas las costas deben ser accesibles, con senderos que le permitan a la gente acercarse, porque son espacios públicos”, opina Chiocconi.
En cuanto al sector en el cual la familia de Andrés Quinteros quiere que se delinee el trayecto, sostiene: “Hay vecinos que dejaron espacio para pasar y otros que no, porque se veían cercos que, directamente, entraban en el agua, y tuvimos que saltarlos”.
El legislador suma un agravante: “Eso es de fiscalización municipal, así que es responsabilidad del intendente”.
Asimismo, Chiocconi rememora que, en su época de concejal, fue el autor de una ordenanza (la 2694-CM-15) donde se define la restricción administrativa sobre costas. Allí se expresa: “El dueño de un inmueble colindante con orillas de cauces o riberas de lagos o lagunas, debe permitir el acceso, la circulación, tránsito y permanencia en forma y términos razonables y compatibles con el derecho de propiedad, de conformidad a lo que determine la reglamentación de la presente, en una franja de hasta treinta y cinco metros en toda la extensión del curso, salvo que la restricción sea mayor, en la que no puede hacer ningún acto que menoscabe los usos públicos vinculados a la seguridad y acceso al ambiente lacustre y acuático”.
El texto advierte: “Todo perjudicado podrá solicitar que se remuevan los efectos de los actos violatorios”.
El legislador suma que, cuando hizo el recorrido de la costa del Moreno, durante la búsqueda de Andrés, un cuidador de una de las propiedades pedía que se señalizara el lugar, ya que hay gente que se acerca a la zona en lancha y hace fogones, e incluso tira residuos, descuidando el sitio, sin que, al menos haya un cartel prohibiendo tales acciones. “Y eso es responsabilidad municipal, claramente”, sostiene Chiocconi.
En tanto, la familia de Andrés Quinteros, más allá de tener la mente puesta en la aparición del cuerpo del muchacho, sueña con que se mejore aquel borde del lago.
“Todo está muy inseguro… La gente camina sobre la cornisa… Alguien se va a lastimar. Los cercos, los alambres…”, dice la mamá.
“Si llega a haber un incendio, se va a perder toda la vegetación, y no se salvará nadie que esté en el lugar, porque no se puede llegar para socorrer”, sentencia el papá.
Y el tío desea terminar el proyecto y que se haga realidad. Es más, se imagina un inicio de obras en octubre, para que el 9 de diciembre, a un año de lo que pasó con Andrés, se inaugure.
Christian Masello /Fotos:Facundo Pardo