UN RECORRIDO POR LAS COSTAS
Algunas playas están impecables, pero otras son un basural
El fin de semana soleado dejó como resultado cuerpos bronceados, pero, en las playas que conforman un contorno interno de la ciudad, camino a Villa Mascardi, también legó un derrotero de basura, huellas de una mala costumbre que no cesa, más allá de los carteles que advierten sobre el tema, y del sentido común, que ya, a esta altura, con tanta información acerca de la contaminación, debería ser, en esta cuestión, más que común, obvio.
Recorrer la costa cuando hace calor muestra postales de felicidad merecida, tanto para los turistas que eligen este rincón del sur, como para los pobladores, que aprovechan cada momento libre para disfrutar la gracia de la geografía propia.
El problema es que, cuando se da la retirada, el paisaje suele quedar “manchado”.
Donde antes resplandecía, surge un cementerio de envases vacíos, bolsas, restos de comida…
Cabe aclarar que esto no sucede en todas las playas de la ciudad.
Cuando el calor apremia, la gente suele volcarse a algunos sectores, como la zona que bordea el lago Gutiérrez.
Están, además, los que prefieren acercarse al arroyo del mismo nombre, frente a la gruta de la Virgen de las Nieves, donde se ubica una represa.
Ese sitio, en un pasado no tan lejano, solía encontrarse muy sucio. Sin embargo, por lo menos hasta ahora, sobre final de diciembre, los visitantes parecen hacer caso al cartel que pide: “Cuidemos nuestro entorno”.
Se ven muy pocos residuos: algún cartón de leche, un envase plástico que flota…
Claro que lo ideal sería que estuviera inmaculado, pero, ante la evidencia de que eso es soñar demasiado, resulta agradable observar que los desperdicios en el lugar han disminuido.
Luego, en el lago Gutiérrez, en Villa Los Coihues, donde alquilan kayaks, un gran contenedor y dos cestos que anteceden a la playa colaboran a que el lugar esté limpio.
Aquí, el letrero que advierte que “la basura no vuelve sola”, y pide “Llevala siempre con vos hasta llegar a casa”, es tenido en cuenta.
Más adelante, en la zona de Arelauquen, también se aprecia limpieza.
El inconveniente comienza cuando se toma la ruta rumbo a El Bolsón.
Las bajadas a diferentes playas del mismo lago, pero a esa altura, ofrecen un panorama distinto.
Se ven las marcas que dejan los fogones que suelen hacerse en lugares no permitidos.
Así, donde un cartel sostiene que está prohibido hacer fuego y acampar, y solicita que la gente se lleve sus residuos, hay estampas de fogatas, como también restos que hablan de campamentos recientes, y basura arrojada a los pies de la propia cartelería.
Otra playa, donde en el pasado funcionaba un camping, es un muestrario de sobras acumuladas.
Además, se notan restos de instalaciones que pertenecían al citado emprendimiento, porque algunos han desarmado casillas y utilizado la madera para hacer fuego.
Y no solo las costas de la zona se ven sucias. A la vera del camino, donde suelen estacionar los vehículos de la gente que baja al lago, se acumulan bolsas con sobras de alimento, y despojos derramados. En ese sentido, vale apuntar que, durante los fines de semana soleados, los autos que se juntan en ciertos rincones, a veces, superan los cuarenta…
Más allá de que el camino, en las bajadas de la ruta, con la abundancia de residuos, hace prever que al llegar a Villa Mascardi el panorama será aun peor, el muelle emblema del lugar está limpio. Tampoco se ve suciedad en donde se ubican las estructuras de piedra que funcionan como fogones.
Christian Masello /Fotos: Facundo Pardo