EL CONFLICTO DETONÓ EN 1925
Capraro vs la Liga Patriótica
El empresario que más tarde legó su nombre al colegio alemán de Bariloche fue objeto de una campaña de desprestigio por la organización que nació de la persecución de judíos y de la represión obrera en Buenos Aires.
Cuando la Liga Patriótica se formalizó en Bariloche, emprendió una campaña para desacreditar a todo extranjero, sin importar qué tan poderoso fuera. Entre ellos, cayó en la volteada Primo Capraro, por entonces columna vertebral de la Compañía Chile Argentina e integrante de la Comisión de Fomento. En la década del 20, la misma organización que surgiera de las actuaciones criminales de la Semana Trágica organizó una campaña de desprestigio en su contra, que también supo de hechos de violencia.
En la Patagonia, “una gran mayoría de comerciantes, estancieros, profesionales y autoridades locales fueron miembros activos de las brigadas de la Liga” o bien, “adhirieron a sus principios”, estableció la historiadora Laura Méndez en “Estado, frontera y turismo. Historia de San Carlos de Bariloche” (Prometeo 2010). “Sus integrantes, además, tenían gran participación en eventos públicos y en instituciones de la comunidad”.
Según la investigadora, “su prédica encontró condiciones favorables de receptividad, pues fue un momento de crisis económica en la región, de conflictividad social en un contexto de agitación obrera a nivel nacional y en el que las medidas adoptadas por el presidente Hipólito Yrigoyen fueron cuestionadas en los territorios sureños”. Recordemos que el año que viene cumplirá su centenario la llamada Patagonia Rebelde o Trágica.
La organización no demoró demasiado en poner un pie en el pueblo que antecedió a esta ciudad. “En 1925 conformaron la Liga Patriótica de Bariloche algunos vecinos argentinos, miembros del personal policial y docentes, arribados a mediados de la década de 1920 a la ciudad. La Liga estuvo presidida a nivel local por el médico de Salud Pública, Luis Pastor, el comerciante José de García, quien era corresponsal del periódico La Prensa, y los hermanos Gustavo y Héctor Boiza, este último cobrador fiscal. Este grupo observaba con desagrado y desconfianza que (Primo) Capraro y ‘los de Belluno’, en su totalidad extranjeros, ocuparan, desde hacía más de una década, todos los cargos de la Comisión de Fomento local”.
Vejámenes de toda índole
La convivencia no fue posible. “Muy pronto comenzaron las desavenencias entre la Liga y la Comisión de Fomento, las que hicieron eclosión en 1926 cuando esta última, para paliar la falta de fondos del gobierno comunal, sancionó una ordenanza de impuestos que aumentó los gravámenes a los comercios. Frente a esto, un grupo de vecinos, conformado por liguistas y comerciantes, solicitó al gobernador territoriano la disolución de la Comisión de Fomento y la creación de un Concejo Municipal electivo”, reconstruyó Méndez.
Por entonces, gobernaba el Territorio Nacional de Río Negro León Quaglia, quien nombró una nueva integración para la Comisión de Fomento, con Cornelio Hageman, Primo Capraro, Gustavo Winkler, Ernesto Schumacher y Herminio Alonso. De nuevo, todos extranjeros. El segundo “envió entonces una nota a Quaglia, en la que se quejaba de una sistemática campaña en su contra, que intentaba mostrar a la colectividad italiana como autora de agravios y amenazas a algunos vecinos de la ciudad. Capraro acusó a la Policía de connivencia con los intereses de la Liga Patriótica”.
Las que siguen fueron palabras del propio Capraro: “Ha sido posible sufrir vejámenes de toda índole, hasta los que con infamia llegaron a mi hogar, ha sido posible sufrir la indudable persecución hacia mi persona, con los atropellos a mis empleados. Contemplar la camaradería ostensible y provocativa del señor Comisario con los secuaces del señor Pastor, y sus depuestos en público, contra el gringo […] (la omisión está en la cita de Méndez). Ha sido posible el azote de una policía brava, castigando sable en mano a pacíficos extranjeros; cobrando multas fuera de la Ley y por causas antojadizas, y hasta ayer mismo, en la demostración de un maestro ascendido, su concurrencia de uniforme y su discurso de carácter político, coartando la libertad de los educacionistas que ejercen el periodismo”.
Para el hombre fuerte de Bariloche, “el triunfo más efectivo, cabe reconocerle a la camarilla destructora que contradice y traba el fomento cuantioso que el Gobierno procura a favor de estas zonas, pues se advierten los resultados de su campaña de alarmas, anotando que en el pasado mes, de cien el número de viajeros ha llegado a ser nulo en los últimos dos trenes. Créame profundamente afectado y hasta enfermo, que por segunda vez en pocas semanas ha debido guardar cama”, se lamentó ante el gobernador.
Estableció Méndez que “las denuncias de Capraro eran contra tres personas: Amadeo E. Benítez por ostentación de fuerzas hecha por la Policía a su cargo y por haber detenido –sin motivo alguno- a súbditos italianos, al doctor Luis Pastor, presidente de la Liga, por haber dirigido una campaña en su contra en la cual se le injuriaba por medio de carteles y caricaturas que se colocaban en el bar de Belarmino García; y contra José de García, por haber este comentado en La Prensa los hechos ocurridos en forma insidiosa en el citado diario”. Es un tanto antojadizo justificar la intolerancia de determinados funcionarios capitalinos por su paso por Bariloche.
Adrián Moyano