AGRESIÓN A PERIODISTAS EN VILLA MASCARDI
Cuando la violencia habla
Un periodista obtiene, interpreta y difunde información.
Cuando es posible, trata de acercarse al lugar donde ocurre un hecho que puede ser considerado noticia, e intenta dialogar con los protagonistas.
Si el tema en cuestión engloba posturas encontradas, pretende conversar con representantes de todas las partes.
El miércoles se produjo un corte de ruta en Villa Mascardi.
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El cronista y el fotógrafo del diario El Cordillerano llegaron al lugar en el mismo momento que sus pares del diario Río Negro.
Juntos, fueron a donde estaban ubicados los manifestantes (aproximadamente, quince), junto a una fogata encendida en medio del asfalto.
Había una bandera de gran tamaño, en reclamo de justicia por Rafael Nahuel, quien en esa zona recibió un disparo que le propició la muerte, el 25 de noviembre de 2017, durante un operativo de la Agrupación Albatros.
Como la práctica del periodismo implica tratar de escuchar todas las “campanas”, y la de los reporteros gráficos inmortalizar en imágenes una situación, redactores y fotógrafos se acercaron a los manifestantes, identificados como miembros de la comunidad Lafken Winkul Mapu.
Estuvieron quienes los ignoraron.
Otros respondieron el saludo y pareció que, tal vez, aceptarían hablar.
Pero algunos exaltados comenzaron a increpar a uno de los miembros del diario Río Negro, le preguntaron su nombre y lo insultaron.
Le lanzaron patadas, e incluso uno amagó a sacar un cuchillo: dirigió una mano hacia su espalda, se levantó la remera y se vio, metida en el pantalón, la funda de lo que parecía un arma blanca.
Repitió la amenaza gestual en varias ocasiones, mientras lanzaba insultos.
Otros, detrás, lo acompañaban con gritos.
Así, ese cronista tuvo que retirarse de la escena.
El periodista del diario El Cordillerano, en tanto, intentó hablar con un muchacho que, al menos, parecía dispuesto a escuchar.
Le indicó que la idea es escuchar todas las voces, y que sería bueno oír también la de ellos.
Entonces se acercó otro joven, que segundos antes se había mostrado como uno de los más vehementes.
Y, tras lanzar gritos, pareció, por unos instantes, prestar atención. Incluso, en un momento, dio la sensación de que algún diálogo sería factible.
Pero arribó una mujer para exigir que se retirara el redactor, quien respondió que sólo trataba de conversar, a lo que ella contestó: “Sí, pero si no se van todos ahora, ellos les van a romper los autos”, y señaló a unos cuatro encapuchados que, detrás, empujaban a uno de los fotógrafos.
Antes, los agravios habían sido acompañados del reclamo: “¿Se creen que nosotros acá no leemos lo que escriben? ¡Nos llaman terroristas!”.
Si se recurre al diccionario, se observa que un terrorista es aquel que efectúa actos de violencia con la intención de infundir terror.
Las acciones responden por sí mismas.
Christian Masello