2020-11-03

UN RECUERDO A TRES AÑOS DE SU MUERTE

Martha Serra Lima: “El amor ha sido una constante en mi existir”

María Martha Serra Lima falleció el 2 de noviembre de 2017, en Miami. Tenía setenta y dos años. Aunque se había sometido a dos operaciones en la espina dorsal, lo que, en un principio, hizo pensar que derivaciones de esas intervenciones habían causado la muerte, allegados a la artista aclararon, en aquel momento, que el motivo de la defunción fue un cáncer de páncreas.

Años antes, en una entrevista en un hotel cinco estrellas de la costa atlántica, al borde de la piscina, porque la cantante quería aprovechar todo el tiempo disponible para broncearse, decía: “Todos viven buscando el amor; es lo que mueve al mundo”.

Y ella también lo perseguía, claro. “Mil veces lo encontré, mil veces se me fue de las manos, mil veces me pasó por al lado, otras tantas lo dejé pasar, pero siempre ha sido una constante en mi existir”, señaló.

Para ahondar en su pensar, recurrió a un bolero de Los Panchos y canturreó: “Sin un amor, la vida no se llama vida. / Sin un amor, le falta fuerza al corazón”.

Justamente, la cantante recordaba con cariño a Chucho Navarro, miembro fundador de la agrupación mexicana. Así, explicó que el músico estaba en un hotel cuando, por la radio, salió una voz que entonaba: “Ay, amor, / si yo pudiera abrazarte ahora, / y detener el tiempo en esta hora, / para que nunca tengas que partir…”. Quedó encantado con la interpretación y preguntó quién era “ese muchachito” que cantaba. “Pensaba que era un hombre”, rio María Martha. Alguien le aclaró que se trataba de una mujer, y, al año siguiente, la intérprete grabaría junto a Los Panchos. Debutaron en vivo en el Carnegie Hall de Nueva York, para iniciar un recorrido de conciertos a lo largo del mundo que duró diecisiete años.

De regreso a la temática sentimental, la cantante contó: “Estuve casada tres veces. Soy viuda, separada, y divorciada. Mi último marido es quien trabaja y está conmigo desde hace veintidós años (la charla se produjo en 2005). El divorcio es un papel, nada más. Él es la única persona que se ha jugado por mí, en todo sentido; me ha valorizado como artista, me respeta, me cuida, me protege”.

En ese momento, al dirigir la mirada hacia un costado, señaló a un grupo de gente que conversaba: “Mirá, ahí llegó… es el alto del medio, el que se parece a Sean Connery…”, apuntó. Era cierto, el hombre guardaba cierta semejanza con el actor. “Lo quiero mucho”, afirmó, y recordó cuando, junto a él, se mudó a Miami: “Fue idea mía”, indicó. Habían pasado más de ocho años desde su debut, realizaba alrededor de trescientos shows por año, siempre a sala llena, y tenía miedo de saturar, de que el éxito se esfumara. “Esto alguna vez va a parar, no puede ser que todo el tiempo me vaya bárbaro”, pensaba. Decidió, entonces, buscar otros horizontes. Partió, junto a su marido, a México DF. Permanecieron allí un mes y medio. Estaban a punto de instalarse en un departamento de Leo Dan, en una zona residencial, pero el autor de “Cómo te extraño mi amor”, a último momento, prefirió no alquilarlo. Ellos, que no se encontraban del todo cómodos en tierra mexicana, por la polución y la altura (“En ese entonces, estaba mucho más gorda”, confesó María Martha), decidieron partir a Estados Unidos.

“Miami me fascina, tiene el sistema ‘americano’ y el sabor latino”, sostuvo.

Además, veía a aquella ciudad como un punto estratégico para su actividad artística. En ese sentido, aseveró: “Si vivís en Argentina, no podés hacer una carrera internacional”.

Y, en esa conversación junto a la pileta del hotel, bajo un sol fuerte, remarcó que, en Miami, cultivó una gran amistad con Libertad Lamarque. “Cuando nos hicimos amigas, ella tenía alrededor de ochenta años. Adoraba a los gatos, como yo. Siempre había querido trabajar con ella, porque era como Carlos Gardel pero mujer. Hoy, con orgullo, puedo decir que canté con Libertad Lamarque”, concluyó.

 

Christian Masello / Fotos: Noelia López

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