2020-10-27

LOS DOS INFIERNOS: ADENTRO Y AFUERA

Marcha y bocinazos para defender la propiedad

Fuera y dentro. La situación de la toma en el predio destinado a la nueva terminal de colectivos, el martes por la tarde, vivió un marcado síntoma de opuestos.

A punto de acabar el tiempo destinado a la mesa de diálogo que se acordó la semana pasada, las incógnitas sobre lo que sucederá no se despejan, y las piezas se mueven sobre el tablero sin un orden claro.

Por un lado, los vecinos de la zona llamaron a reunirse ante el temor a que los asentamientos avancen sobre sus terrenos, ya sea porque la gente fuera desalojada y buscara otro lugar donde ir, o se sumaran más personas en busca de un sitio en el que instalarse.

Un audio de WhatsApp que se viralizó, donde un supuesto integrante de la toma le decía a un amigo que, a partir de las 19, ingresaría más gente, y lo invitaba a sumarse, puso en alerta a los dueños de lotes cercanos.

Así, varios propietarios de los alrededores se concentraron a las 16 en Esandi y Circunvalación.

Irene Curuhal, de la Cooperativa 12 de Mayo, que se encuentra a la espera de que le entreguen una vivienda en la zona, expresó: “Las tierras ya están pagas. Nos costó mucho, porque somos trabajadores. No queremos que esto sea una batalla. Ojalá el Estado les dé una respuesta (a los asentados en la toma), o que se organicen como lo hicimos nosotros hace doce años, que es como logramos nuestro terreno y nuestra casa”.

Carolina Flandez, del mismo proyecto cooperativo, sostuvo: “Tenemos miedo de que tomen las viviendas. El temor es que la gente pierda los proyectos que tiene como familia. El Estado debe hacerse cargo. No nos vamos a enfrentar con nadie, pero defenderemos nuestro futuro”.

Las mujeres explicaron que, desde hace una semana, se vieron obligadas, junto al resto del grupo, a turnarse, día, tarde y noche, para que siempre haya alguien presente.

No es la primera vez que lo hacen, ya que, en ocasiones anteriores, ante el merodeo de personas en las que apreciaban la intención de usurpar, también debieron acampar.

“Tenemos que estar con temperaturas extremas, ahí afuera, cuidando las viviendas (todavía no pueden ingresar, ya que la entrega no se efectivizó); eso es muy violento”, expuso Carolina.

Y soltó una verdad irrefutable: “La custodia no puede recaer en la gente”.

Aclaró que, por estos días, se vio una pequeña guardia policial, pero solicitó que la vigilancia se extienda en el tiempo.

“Es la necesidad de uno contra la de otro. Hay ausencia del Estado; faltan políticas públicas para que solucionen el problema habitacional”, consideró.

Pamela Ledesma, de la Fundación Lera, también es dueña de una de las casas que pronto tienen que ser entregadas. Ante la problemática que sacudió al barrio, señaló: “Nosotros también veníamos de una situación de no tener un lugar, y apostamos a organizarnos para trabajar con el Estado y conseguir la tierra. No venimos con el ánimo de criminalizar, sabemos que la necesidad es real, pero entendemos que las formas no son las correctas”.

“Nuestro miedo es que la gente, en la desesperación de tener un sitio donde vivir, se acerque a nuestro sector”, añadió.

A la misma hora, en otro terreno cercano, perteneciente a una cooperativa de periodistas, los dueños cercaban a las apuradas un espacio verde, porque también se temía que los ocupantes se arrimaran hacia ese lado.

Otros vecinos, en tanto, se concentraron a las 18 frente a la zona donde se prevé hacer la nueva terminal.

Pero la preocupación no es exclusiva del lado de afuera.

Dentro del predio, al límite de la finalización del tiempo estipulado para el diálogo, los temores del desalojo se palpitan.

Si bien, en un acto bastante difícil de explicar, la policía, bajo directivas provenientes de la subcomisaría 80, a pedido de la fiscalía, no permitía ingresar a la prensa en el predio donde se enmarca el conflicto, una de las ocupantes logró comunicarse con el cronista y relató: “En la mesa de diálogo, desde Tierra y Vivienda se lavan las manos y dicen que ellos no tienen nada que ver, que es un tema del intendente, pero Gustavo Gennuso no fue a la audiencia, así que no da la cara, no hace nada”.

“Nos manifestaron que no tienen tierras para darnos, que están endeudados y no pueden comprar terrenos hasta fin de año”, agregó.

La muchacha indicó que algo les sonó raro: “Nos preguntaron si pertenecíamos a un movimiento político, y la verdad es que no estamos con ninguno, porque somos familias donde ninguna manda más que otra. Así que dijeron que deberíamos buscarnos un partido para que nos apoyara, para poder quedarnos… Pero no vamos a hacerlo. Seguiremos luchando nosotros: las mamás, los nenes y todos los que estamos acá”.

En cuanto al audio que se había difundido, aquel de la supuesta invitación para que más personas ingresaran en el lugar, afirmó: “Ninguno de los chicos lo mandó. Para mí, lo hicieron para complicarnos. Nosotros tratamos de cuidar que no se meta nadie más, porque prometimos eso”.

También afirmó que la policía había cortado árboles para bloquear las distintas entradas.

Ante la imposibilidad de ver el sitio, ya que, como se dijo, los efectivos dispuestos en el área aseguraron tener orden de no dejar entrar a los periodistas, la mujer, del otro lado de la línea, describió: “Estamos como el otro día. Lo único que hay distinto, es nailon que nos permitieron poner para tapar a los bebés de la lluvia… Igual, se mojaron, y se están empezando a enfermar, porque la noche del lunes fue horrible… Además, a la madrugada entró la policía, porque pensaba que la gente había salido a buscar árboles o algo así… pero estaba cada uno en su lugar, tapado como podía… Se empaparon las frazadas, la comida… La estamos pasando re mal, pero seguimos con la postura de seguir firmes, porque necesitamos un lugar”.

Más tarde, hubo una nueva comunicación desde el corazón de la toma, donde se informaba que la policía había ingresado al predio y arremetido contra uno de los ocupantes. Esas palabras no se pudieron confirmar, porque la fuerza, una vez más, denegó la entrada al cronista. Así, tampoco es posible decir que la información haya sido falsa. Ni errónea ni correcta: al imposibilitar el ingreso de la prensa, se crea una especie de nebulosa donde solo se escuchan campanas lejanas. Y todas suenan, cada una a su manera.

Por la noche, a última hora, un vecino apostado afuera del asentamiento, en su vehículo, vigilaba, temeroso de que vinieran más personas…

Adentro, las madres trataban de arropar a sus hijos, para que el frío no calara tan profundo. 

Christian Masello

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