2020-09-06

EN LA PRIMERA CUADRA DE MITRE

Cierra la confitería Cocodrilo’s, otra víctima que se devoró la pandemia

Los locales de la calle Mitre están en peligro de extinción. La pandemia se cobró a una nueva víctima comercial. La confitería Cocodrilo’s, postal típica de la ciudad, en la esquina con Urquiza, puso punto final a un recorrido de larga data.

Dentro del lugar, el miércoles, el dueño, cabizbajo, realizaba la tarea penosa de desmantelarlo… Abrió la reja y confirmó: “Sí, ya cerramos. Es definitivo. Tengo que desarmar todo, para entregarlo”.

Hace unos días, El Cordillerano había hecho un recorrido extenso por ese camino, antes turístico. Aquella vez se resaltó que los locales gastronómicos ubicados a ambos lados, donde comienza la Mitre, estaban cerrados. Uno de ellos, justamente, era Cocodrilo’s.

Parecía que podía haber un reinicio de actividades, ya que, en las jornadas previas, se habían retirado las maderas que lo tapiaban.

El transeúnte ocasional (alguno de los pocos que pasaban por la zona) miraba la fachada inconfundible, ya al descubierto, con la idea de que pronto habría una reapertura de aquel sitio, que mantenía las puertas cerradas desde el inicio de la cuarentena. Pero no fue así. La despedida es definitiva.

Justamente, cuando El Cordillerano había caminado las ocho primeras cuadras de Mitre, notó que la mayor problemática aparecía en su inicio, a partir del Centro Cívico.

Es que, donde la numeración va del 0 al 100, la cantidad de negocios cerrados es apabullante. Veintiocho locales dan a la calle. De ellos, trece están con los párpados bajos. Si a eso se le agregan los ubicados dentro de galerías, donde todos los comercios, salvo uno, se encuentran sin actividad, la cifra de lugares con las puertas bloqueadas supera ampliamente a la de aquellos que trabajan.

De los que no desarrollan tareas, varios bajaron las persianas en forma definitiva. Algunos están en una especia de “stand by”; otros quisieron volver, pero no pudieron aguantar, ya que los gastos eran muy superiores a los ingresos (“Reabrimos y cerramos, lo intentamos pero no lo logramos. ¡Reactivación del turismo ya!”, se lee en un letrero que tapa por completo una de las vidrieras).

Hay, además, casos particulares. Por ejemplo, en una chocolatería, tras el enrejado, se observa un cartel pequeño, con un número telefónico al que comunicarse para comprar alfajores u otros productos (a precios mucho más económicos que los que se manejaban antes, tal como se ve al observar los estantes, donde aún figuran los valores viejos).

Confirmación de testimonios

“Capacho” Porcel de Peralta, que la semana anterior había hablado con El Cordillerano de la gravedad de la situación, tras el cierre de Cocodrilo’s, en su comercio especializado en fotografía, pegado al que bajó las persianas, dijo: “Es muy triste; estamos todos en la misma”.

“El otro día estaban los muchachos que trabajaban ahí, a los que conozco desde hace veintipico de años. Siempre nos saludábamos y nos ayudábamos, como buenos vecinos… Sentirlos que se iban llorando era… angustiante”, confió.

Porcel de Peralta señaló: “Los negocios están con súper descuentos; incluso diría que, hoy, Mitre es la calle más barata de la ciudad. Pero hay muy poca gente. Los comerciantes estamos preocupados; hacemos lo imposible por sobrevivir”.

“En otros lugares de Bariloche hay bastante más movimiento; sin ir más lejos, Moreno tiene veinte veces más autos que nosotros. Por acá, circulan muy pocas personas. Está muy difícil”, agregó.

“Se debe aguantar, no queda otra… Como dije la vez pasada, son muchos años de esfuerzo para tirarlos por la ventana”, concluyó. A unos metros, Matilde Pacheco, en su local, donde, de vender artículos regionales, pasó a ofrecer productos de limpieza, también se refirió al cierre de Cocodrilo’s. Hace unos días, había dicho: “La Mitre está fundida”. Luego de la partida de la confitería, completó: “Vivimos una tristeza tremenda. Cierran negocios todos los días. No sé quién va a quedar”. “Solo queda aguantar, pero no sé hasta cuándo se podrá”, añadió.

A la búsqueda de un pleno

En Mitre 86, se encuentra la cafetería Gino. Más allá de que comparte rubro con el ahora cerrado Cocodrilo’s, y de estar ubicado en el mismo sector, el lugar tiene sus particularidades.

“Es el café más antiguo de Bariloche; nació en 1966”, contó Jenaro Bathis, desde junio, su propietario; el tercero en la vida del comercio.

El dueño anterior lo tenía desde hacía quince años. Pensaba venderlo desde antes de la pandemia. Incluso ya había alguien dispuesto a comprarlo, pero, cuando se inició la cuarentena, desistió de continuar con la transacción.

Jenaro, con la empresa que posee dedicada a embutidos, bebidas y delicatesen, era el principal proveedor para los sándwiches distintivos del establecimiento. Debido a esa relación, el anterior encargado de la firma le ofreció que él lo comprara, en un trato con facilidades de pago. Así, en junio, quedó a cargo.

Al ser consultado particularmente por el cierre de Cocodrilo’s, que se suma a lo que sucede desde hace tiempo con otros negocios de la zona, afirmó: “La verdad es que el panorama es desolador. Nosotros estamos en la entrada de una galería, donde salvo el local frente al nuestro, donde hay una chocolatería, todos quedaron fuera de pista”.

Sobre la escasa cantidad de personas que deambulan en el inicio de Mitre, expresó: “A partir de la segunda cuadra, como está el Banco Nación, mucha gente en auto dobla por Quaglia y hay más movimiento; pero, donde estamos nosotros, el tránsito es menor, y los pocos que pasan, si alguien se detiene con el auto un minuto a pedir un café, están los inspectores que enseguida empiezan a echarlos con el silbato… Entiendo que es su trabajo, pero creo que, en este momento, habría que ser más flexible. A los pocos clientes, los espantan”.

Más allá de considerar que se trabaja a un veinticinco por ciento de lo que se haría en una temporada baja normal, y a un quince de una alta, Jenaro piensa realizar una inversión más, en una variante en la fachada, para, luego, esperar que haya un cambio: “Sin turismo, la Mitre no funciona”, consideró.

Con todas sus jugadas -riesgosas, por el período que se atraviesa-, sueña con conseguir un pleno antes de fin de año: “La idea es sostenerlo. En algún momento esto tiene que remontar… Apostamos a diciembre, pero si, al llegar ese mes, la situación no mejora, se complicará mucho Apuntamos a mantener la mano de obra y el local. Sería una pena cerrarlo”.

Christian Masello/ Foto: Fabio Hernández

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