EN SAN MARTÍN DE LOS ANDES
Tienen un camping y alojaron a viajeros de todo el mundo que quedaron varados por la pandemia
Erica y Maxi viajaron hace 8 años a Alaska en moto. A la vuelta decidieron abrir un camping y durante la cuarentena decidieron recibir a todas las casillas rodantes que habían quedado varadas. “La experiencia del viaje nos dio ganas de interactuar con gente de distintos lugares, nos gusta escuchar historias”, contó Érica.
Una noche de julio de 2012, asfixiados de tanta normalidad en San Martín de los Andes, Maximiliano le propuso a Érica hacer algo diferente. Ella nunca imaginó la dimensión de la idea que había tejido su pareja. “¿Viajar a Alaska en moto?”, preguntó azorada y un frío recorrió su cuerpo. Le pidió un día para pensarlo. En ese momento, Érica trabajaba en un banco y Maxi en la construcción. Al día siguiente respondió que sí a la increíble aventura que duró dos años.
Érica y Maxi disfrutan de poder compartir el tiempo con viajeros.
La experiencia fue tan rica para Érica Thumann y Maximiliano Otero que cuando volvieron quisieron seguir en contacto con los viajeros que recorren el mundo, y decidieron generar un camping bajo el nombre Travellers (viajeros, en inglés). Pudieron abrirlo en el verano de este año y justo en marzo llegó la noticia de una amenazante pandemia y el miedo -con detalles de incertidumbre- entró a sus vidas. “En ese momento teníamos dos alemanes y un coreado. Los invitamos a nuestra casa porque teníamos que cerrar el camping”, contó Érica en “Chocolate por la noticia” de El Cordillerano Radio (93.7).
Cinco días después recibieron el llamado del secretario de Turismo del municipio que les pidió que abrieran el camping para alojar a algunas casillas rodantes que habían quedado en la localidad. Maxi y Érica se miraron y dijeron “obvio”. Al día siguiente se encontraron con que no eran cuatro o cinco casillas como había informado, era un desfile de 14 casillas rodantes con franceses, austríacos, brasileros, alemanes, y argentinos, claro. “Lo sentimos como una gran responsabilidad, por suerte salió todo bien”, comentó Maxi.
Es que el camping cumplió su cometido esencial, ser el lugar de los viajeros en un momento difícil. “Nuestra experiencia en el viaje a Alaska nos dio esas ganas de interactuar con gente de distintos lugares, nos gusta escuchar historias”, dijo Érica, y Maxi acotó que ahora quedaron solo cuatro casillas. “Son los que llegaron a la final”, definió entre risas.
El camping está en San Martín de los Andes y se llama Travellers.
Ellos pudieron devolver así la hospitalidad que recibieron cuando recorrieron el continente. Cuentan que se encontraron con gente que los ayudó mucho, “nos trataban como si nos conociéramos de antes”. A veces tuvieron que atravesar la angustia por quedarse sin dinero, o preguntarse -con el ceño fruncido- qué estaban haciendo, cuando los trabajos “seguros” habían quedado abandonados con total convicción. “Y como pareja también sufrimos pruebas, no es fácil estar todo el día juntos. Al principio fue duro y después se transformó en una experiencia que sirvió mucho”, admitió Maxi.
Recibir a los viajeros en pandemia les permitió recordar la experiencia inolvidable del viaje en moto. A propósito de la moto, Maxi elige todos los elogios disponibles para ella. “Se portó muy bien, fue impecable”, dijo y aseguró que los vehículos cuando están en la ruta son muy nobles. Dijo que, aunque parezca increíble, si se rompen, lo hacen en un lugar donde podés encontrar la solución.
En Venezuela trabajaron en una vistosa finca preparando queso y yogurt. Navegaron por el río Amazonas y también estuvieron en un velero que los llevó desde Colombia a Panamá, pero antes pasaron unos días en una isla de 40 x 40. “Vivimos cosas increíbles”, sintetizan. Érica parece que aprendió una receta del vibrante recorrido que nació una noche de julio de 2012 cuando abandonó su trabajo en un banco. “Cuando nos dejamos guiar por el corazón, siempre pasaron cosas lindas”, dijo convencida.
Daniel Pardo