A LA VUELTA, EL VIENTO HIZO QUE LA NIEVE CUBRIERA TODO EL CAMINO
La difícil travesía de los gendarmes para asistir a una mujer de 96 años
El gendarme Gabriel Zirr contó los detalles del viaje al paraje Arroyo Blanco entre casi un metro de nieve.
El Soberbio es una localidad misionera. Está a orillas del río Uruguay, y tiene frontera con la villa brasileña de Porto Soberbo, Rio Grande do Sul. El pronóstico del tiempo para este fin de semana es de 30 grados. Una composición invernal muy distinta a la que vivimos en el sur del país. En El Soberbio nació Gabriel Eugenio Zirr, cabo primero en el Escuadrón 34 de Gendarmería que el último domingo integró el equipo que asistió a una mujer de 96 años en el paraje Arroyo Blanco entre la nieve que alcanzó los 70 centímetros de altura.
La historia comenzó el 11 de julio cuando Gendarmería recibió un pedido de asistencia a través de un poblador del paraje que está a 60 kilómetros de Bariloche, en Villa Llanquín. “Necesitaban alimentos, medicamentos para la madre, una señora de 96 años”, contó Gabriel y agregó que la mujer vive con un hijo discapacitado.
Inmediatamente después de recibir el llamado, la Unidad de Operaciones Especiales en Montaña conformó una patrulla integrada por dos camionetas 4x4, un camión y una moto de nieve. Sin demasiadas complicaciones pudieron llegar para asistirla. Pero el regreso no fue fácil. “El viento había cubierto todo el camino, no había huella”, describió Gabriel y contó que tuvieron que avanzar con paciencia. Transitaban un tramo, y paleaban para permitir que el camión pudiera continuar.
Describió que el trayecto más complicado no fue extenso pero la nieve se transformó en el gran obstáculo para avanzar. “La dificultad fue el frío y que el tiempo pasaba”, señaló. Finalmente pudieron llegar con las últimas luces del día a Villa Llanquín cerca de las 18.
“La señora estaba bien”, contó. Reconoció que, si bien es muy grato poder ayudar, también existe un deseo en el camino de ida que esté todo bien, y que las complicaciones por el clima no sean graves. Gabriel se muestra contento por haber formado parte del servicio, aunque el recorrido de vuelta no fue nada simple. “El camión es importante, así y todo, tuvo muchas dificultades para avanzar, se quedaba atascado”, contó.
Gabriel acepta con gusto la vida -con frío incluido- en Bariloche. Reconoció que ya se aclimató. En Salta se casó con Noelia, su compañera de vida. Ella, salteña, también tuvo que acostumbrarse a temperaturas más bajas que las que frecuentaba. Le costó un poco más. “Pero bien”, acotó rápido Gabriel y agregó que “la familia la terminamos de conformar acá”. Es que su hija es barilochense.
Por Daniel Pardo