2020-06-08

EN 2011 PARECIÓ QUE NO SABÍAMOS PERO…

Vulcanismo y belleza paisajística van de la mano

Una investigación de reciente publicación cuestiona el “discurso idealizado” de la postal turística, que históricamente hizo la vista gorda ante las características sísmicas de la región. Aporte de investigadores de la UNRN.

La representación de la naturaleza vigente en Bariloche y norte de la Patagonia se limita al “paisaje bello, libre de problemáticas o dificultades”. Pero ocurre que con el “discurso idealizado” de la postal turística, “se omite que el vulcanismo y la sismicidad son inherentes a la belleza paisajística regional. Consideramos que hay una decisión por parte de quienes tienen a su cargo las políticas turísticas y las políticas públicas de mantener fuera de los discursos oficiales regionales la asociación de la región a estos fenómenos, produciéndose un desfasaje entre la imagen de un paisaje idílico (estable y sin conflicto) y la dinámica inherente a su existencia, con el objetivo de mantener los flujos turísticos”.

La aseveración precedente puede leerse en “Patagonia, tierra de sismos y volcanes”, investigación conjunta que reunió a Sandra Murriello, Liliana Pierucci, Ailén Spera, Ignacio Dobrée y Alberto Caselli. Los investigadores forman parte del Centro de Estudios en Ciencia, Tecnología, Cultura y Desarrollo (CITECDE) de la Universidad Nacional de Río Negro. Su aporte forma parte de “Tierras secuenciadas. Cordillera persistente. Territorio, cultura, producción y paisaje en la Patagonia argentina”. El libro se publicó en forma digital la semana pasada, en casual coincidencia con el noveno aniversario con la última erupción volcánica.

Con vocación crítica, añade el texto que “como consecuencia de esta invisibilización del riesgo mediante un discurso que reniega de la condición misma del paisaje que publicita, los últimos eventos sísmicos y volcánicos que afectaron la región se percibieron y representaron como ‘excepcionales’. Sin embargo, esta negación terminó atentando, no solo contra el bienestar de las comunidades residentes en la región sino también contra la continuidad de la actividad turística que se intentaba preservar. Una evidencia de cómo la vulnerabilidad de las comunidades aumenta cuando la percepción de riesgo es baja y como afecta a toda la cadena de instituciones y actores sociales comprometidos en el desarrollo de políticas preventivas y su aplicación”.

El concepto de percepción “involucra conocimientos, actitudes e intereses de individuos o grupos sociales que están mediando su accionar en el mundo. En este marco se acepta que conocer la percepción pública de los grupos sociales involucrados en una situación problemática es la base fundamental para comprender actitudes y comportamientos sociales, definir políticas públicas y delinear estrategias educativas y de comunicación. La percepción ambiental es parte de este dominio y ella está ligada, en este caso, a la percepción del riesgo que es pertinente a esta temática”, establece al artículo.

Requisito indispensable

Precisamente, “el estudio de la percepción de riesgo volcánico de las comunidades potencialmente afectadas es reconocido, en distintas geografías, como un requisito indispensable a la hora de diseñar estrategias de acción frente a la emergencia y de mitigar los efectos de una erupción tal como muestran estudios realizados, entre otros, en Islandia, Costa Rica o Italia”. El ensayo de los investigadores cita a los autores de dichos estudios.

En otras latitudes, “a su vez se reconoce que la vulnerabilidad de las comunidades potencialmente afectadas es heterogénea y está ligada, no solo a su estructura socio-económica antecedente al evento, sino también a su percepción de riesgo y al conocimiento del ambiente y sus dinámicas, donde la preservación de memorias ancestrales y recientes resultan fundamentales”. Pero “si bien hay numerosos estudios previos en percepción pública referidos a las temáticas que aquí abordamos no tenemos registros para la región norpatagónica, de allí la necesidad de adentrarnos en esta perspectiva”, justifican las y los autores.

El sexteto de estudiosos encuentra que “las formas dominantes de apropiación del paisaje para su consumo turístico son parte de la construcción de la vulnerabilidad, de este modo la desvinculación entre naturaleza y sociedad se convierte en una amenaza”, alerta el texto. “En este sentido, cobra especial valor la preservación de la memoria de eventos sísmicos y volcánicos, especialmente en comunidades como Bariloche y Villa La Angostura, que presentan una alta afluencia de turistas y de migrantes internos y externos que desconocen la historia ambiental de la región en que se asientan, lo que determina que un importante sector de la población no tenga ninguna experiencia asociada a estos eventos. Como consecuencia, la percepción de riesgo disminuye y aumenta la vulnerabilidad social”.

Según la investigación, “las memorias de eventos pasados precisan ser conocidas y revalorizadas por las comunidades como una estrategia de prevención. Apropiándonos de las categorías de (James) Delle (2008) podemos decir que en la memoria colectiva local pueden diferenciarse la memoria pública autorizada, la memoria social y los mitos sociales, y que es la memoria social la que sostiene el recuerdo de los eventos analizados en este trabajo. Sostenemos que recordar permite prevenir, por lo que la memoria social es un factor que influiría en la reducción de la vulnerabilidad. En nuestro caso, pese a que los procesos volcánicos y sísmicos son propios de la región y sus efectos traumáticos están registrados en la memoria colectiva e individual de sus protagonistas, no se ha constituido una memoria pública autorizada. Como consecuencia de esta invisibilización, las políticas públicas son débiles y, por tanto, promotoras de una vulnerabilidad social evitable”. La postal será bella, pero también es volcánica y sísmica. Cuando se hizo la vista gorda, así nos fue.

Avanzar hacia el geo-turismo

Este diario no solo recordó en su edición del 4 de junio último y sucesivas, la explosión de 2011 del cordón Caulle-Puyehue. Unos días antes había hecho otro tanto con el episodio de 1960, que en la memoria popular se asocia al lagomoto y la destrucción del muelle que por entonces, hacía de puerto. No era explícita nuestra voluntad de aportar a la prevención que reclaman las y los investigadores, pero en los hechos, nuestras evocaciones periodísticas van en esa línea.

“¿Es posible revertir la desvinculación actual de las ciudades y comunidades con nuestro entorno? ¿Cómo reducir la vulnerabilidad de las comunidades? ¿Qué acciones y estrategias pueden servir para mitigar esta situación de invisibilización de la vulnerabilidad? ¿Cómo convivir con la tensión riesgo - belleza escénica?”, se preguntan en los últimos párrafos de su texto Murriello, Pierucci, Spera, Dobrée y Caselli.

Proponen que “para una región como ésta, que continúa proponiendo el turismo como un eje central de su desarrollo, poner en valor el paisaje desde las características de su conformación puede ser una estrategia. En la perspectiva que nos ocupa su potencialidad está anclada también en la preservación de la memoria colectiva sobre vulcanismo y sismicidad propias de nuestro paisaje, dando la oportunidad de establecer un nuevo vínculo con el mismo a partir de la interpretación del entorno geológico y su valorización turística y patrimonial”.

En otras geografías, ya dieron algunos pasos en esa dirección. “En los últimos años, en diversos países europeos y americanos, se empezó a invertir en el potencial del patrimonio asociado al paisaje y en particular, al paisaje geológico, impulsando acciones de revalorización de las singularidades territoriales que incluyen los escenarios naturales además de las prácticas culturales a ellos asociadas. Así, desde la perspectiva del geoturismo se promueven acciones y políticas, tanto públicas como privadas, que implican el involucramiento de las comunidades directamente relacionadas con estos espacios y articulan con las economías de escala local-regional, porque permiten crear un gran número de puestos de trabajos directos e indirectos”.
Pero no hace falta irse tan lejos. “En la localidad de San Martín de los Andes, provincia del Neuquén, se está llevando a cabo una primera experiencia siguiendo los lineamientos de la UNESCO (2015) para la Red Mundial de Geoparques: el Geoparque Pillán Mahuiza. Entre sus objetivos están los de incorporar al patrimonio regional el reconocimiento a este geositio, así como las oportunidades de incrementar la conservación, la divulgación y el desarrollo económico de la zona con la implementación del geoturismo. Asimismo en Caviahue (Neuquén), situada al pie del volcán Copahue, el geólogo Alberto Caselli de la UNRN realizó en 2016 un taller que tuvo por finalidad pensar con los actores locales vinculados a la actividad turística las posibilidades de desarrollo de geoturismo local”. Nuevas concepciones.

Adrián Moyano

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