EL PADRE PLIAUZER Y EL DESEO DE RETOMAR LAS CELEBRACIONES
"Para el creyente poder practicar su fe es un sostenimiento espiritual"
En una conversación relajada, el padre Jorge Pliauzer, de la parroquia Inmaculada Concepción, ubicada en Elflein 502, se refirió a la situación particular de la capilla, a la vez que habló de la necesidad que observa en la comunidad de regresar a las celebraciones religiosas, siempre con los cuidados del caso.
–Desde que se inició la cuarentena, ¿la iglesia permaneció con las puertas cerradas?
–El Gobierno nacional en ningún momento pidió que las iglesias se cerraran. Lo que sí solicitó es que se suspendieran temporalmente las celebraciones con aglomeración de gente, multitudinarias. Al principio de la cuarentena, que fue el momento más rígido, las personas sólo podían salir a la calle para comprar comida, por eso en los días iniciales permaneció cerrada, pero mantuvimos los horarios habituales de las celebraciones aunque sin participación de fieles. Los sacerdotes celebramos misa siempre, porque a diferencia de, por ejemplo, un espectáculo, no tiene un valor por la cantidad de concurrentes sino por sí misma. También comenzamos a utilizar el Facebook y YouTube, para que quienes quisieran sentirse acompañados espiritualmente pudieran conectarse. Además, llevamos adelante actividades vinculadas a Cáritas, que en este momento está muy activa, más de lo habitual, porque se asiste a personas que nunca habían pedido ayuda; me refiero a familias del centro, algunas que viven a la vuelta del Club Andino, en el Bariloche Center, a dos cuadras de la parroquia…
–La problemática alcanza no sólo a zonas distantes…
–Claro, aunque a los barrios alejados también asistimos, a través de Cáritas, con ciento treinta raciones semanales de comida caliente, gracias a un voluntariado importante de jóvenes, lo que sirve para evitar que la gente mayor que solía colaborar esté en riesgo de contagio. Cuando comenzamos con estas actividades, las personas venían a traer o solicitar donaciones y, después de hacerlo, se acercaban a la capilla para ver si estaba abierta y rezar un ratito. Entonces, como nunca se prohibió tener el templo abierto, lo abrimos. Desde ese momento, se puede venir a orar con normalidad.
–¿Cuánto tiempo la iglesia permaneció cerrada?
–Unos quince o veinte días.
–Se trató, entonces, de una decisión que se tomó en lo particular, ya que, según puntualiza, la normativa nacional no hablaba del cierre de este tipo de lugares…
–Así es. Hace unos quince días, el Gobierno reiteró que en ningún momento se había suspendido el permiso de apertura de templos. Sí se pidió que tengamos ciertos cuidados, según un protocolo que nos ofrecieron, donde se indica que dentro de la iglesia puede haber diez personas además del sacerdote, también alguien que reciba a la gente en la puerta y un encargado de la limpieza, es decir que, al mismo tiempo, podría haber un total de trece. No se trata de una exigencia, sino que son pautas que nos dan para que nosotros elaboremos nuestro propio protocolo y, en todo caso, se lo presentemos a las autoridades. Por norma de la Constitución Nacional, la Iglesia tiene libertad de culto, que, salvo en caso de estado de sitio, no se puede prohibir. Lo que el Gobierno puede hacer es solicitar que se atiendan ciertas necesidades de salud, entonces la Iglesia benévolamente responde. Estamos acatando el pedido para colaborar en esta situación de pandemia.
–¿Qué sucede en la actualidad cuando se visita el templo?
–Una persona, del lado de adentro, ofrece alcohol en gel a quienes vienen, que si son más de dos o tres ya se les indica dónde ubicarse para mantener el aislamiento social. Está delimitado cierto espacio, para no entrar en contacto con lugares donde se puede llegar a transmitir el virus. Por ejemplo, los fieles están acostumbrados a tocar las imágenes; ahora no hay acceso al sitio donde se encuentran las figuras. Hay cuestiones de limpieza, como el uso de lavandina… ese tipo de cosas.
–¿Cómo observa a la población por lo que se vive en estos tiempos?
–La gente está muy angustiada, hay una inquietud generada por un miedo excesivo frente a la enfermedad. Una cosa es la precaución, pero muchas personas están atormentadas por el temor a morir. Los sacerdotes lo notamos porque nos llaman por teléfono o vienen a conversar, ya que no hay una prohibición de hablar en cuestiones de asesoramiento espiritual, siempre que se guarden las medidas necesarias. Ha habido muchos ataques de pánico. Además, se agrega la tristeza que genera no poder ver a los familiares, y también la de no tener libertad para su práctica religiosa habitual. Para el creyente, poder practicar su fe es un sostenimiento espiritual, no sólo anímico; es una necesidad.
–¿Las misas se podrían realizar teniendo ciertos recaudos?
–Sí, como pasa en Italia y Francia. Hay todo un protocolo que ya en algunos lugares se utiliza, incluso en algunas provincias argentinas donde las celebraciones religiosas se han reanudado. Resguardando las medidas que se aplican para otras actividades, las misas podrían comenzar hoy. Si el Estado nacional, salvo en Capital y gran Buenos Aires, ya ha habilitado que diez personas concurran a la vez a un templo, ¿qué diferencia hay si rezan en forma individual o se celebra misa? En los casos donde se considera que se puede hacer sin riesgo, se debe presentar el protocolo de ese lugar determinado –una ciudad o incluso una provincia–, y si el Gobierno nacional observa que coincide con las normas lo puede avalar.
–¿Cree, entonces, que mañana mismo se podrían realizar aquí celebraciones religiosas?
–Sí, porque poseemos la capacidad de organización y la responsabilidad suficiente en el cuidado de nuestros fieles, como siempre hemos tenido. Hay una atención especial hacia el ser humano en su dignidad total, por eso existe Cáritas, y, por ejemplo, para el ejercicio de la actividad de esa institución no hay ninguna restricción, e incluso el Gobierno nacional hace llegar a la población sus planes alimentarios por su intermedio.
–En cuando a la preocupación de la gente, ¿encuentra un factor común?
–Hay un poco de todo… Está la desazón por la enfermedad, la tristeza de no poder ver a los seres queridos, también inconvenientes de convivencia, ya que el contacto tan estrecho e intenso de este tiempo ha traído algunos problemas familiares. Y, en cuanto a las personas de la parroquia, el sentir la prohibición del ejercicio de las actividades religiosas ha deparado una angustia propia de la falta de libertad, en este caso porque no se les permite vivir su fe. De hecho, el aislamiento cada vez se respeta menos porque la gente, al no aguantar esta situación, viola la cuarentena. Algunos, a esta altura, sienten excesivas ciertas restricciones.
–¿Cuál es su opinión al respecto?
–Creo que hay que mirar la situación con responsabilidad, pero, también, apelando al compromiso de la gente y de las instituciones, empezar a abrir ciertas actividades con más celeridad, siempre con la prudencia del caso. No estoy en contra de la cuarentena, pero, por lo que observo, me parece que hay que evaluar la rapidez para dar algunos pasos. No tiene sentido que existan normas que no se cumplen. Mientras estas medidas que generan presión social se prolonguen, se corre el riego de que la población cada vez las respete menos y ponga más en riesgo la salud pública. En cambio, si la normativa se evaluara y se dieran avances con más rapidez, dentro de una lógica sensata y responsable, se quitaría un poco de tensión.
–De reanudarse la celebración de la misa presencial, ¿cómo sería el momento de la Eucaristía?
–Existe un protocolo de la Conferencia Episcopal Argentina para las parroquias. Normalmente, la comunión se puede dar en la boca o en la mano, en este caso sólo se daría en la mano, y los sacerdotes antes nos pondríamos alcohol en gel, más allá del lavado previo a la misa. Para acercarse al altar a comulgar, pondríamos cintas de papel en el suelo para mantener la distancia social, y podría realizarse por orden de acuerdo al banco donde se esté ubicado, para que no fueran todos juntos. Todas esas medidas están previstas.
–En estos tiempos, ¿la fe crece o se produce lo opuesto, una especie de enojo con Dios por la situación que atravesamos?
–Al menos yo, enojo con Dios no percibo. Diría que al contrario, lo que se incrementa es el sentimiento de necesidad de lo que se nos restringe, porque, para la persona de fe, el sentimiento religioso es muy profundo dentro de su realidad existencial.
COLABORACIONES
Aquellos que quieran brindar su ayuda a Cáritas pueden acercar su donación a la parroquia, o bien llamar al 4422601, de lunes a sábados de 10 a 12, para que la pasen a retirar. Los productos alimenticios que se solicitan son: harina, levadura seca, polenta, aceite, leche, azúcar o edulcorante, yerba, galletitas, caldos, condimentos y jugo. También son bienvenidos los donativos de jabón, papel higiénico, shampoo, pasta de dientes, detergentes, pañales talle G y XG, etc.
Christian Masello/ Fotos: Facundo Pardo