SAN CARLOS DE BARILOCHE
Los 118 años formales son cerca de 130 reales
El célebre decreto de 1902 reconoció una situación de hecho que se había iniciado en 1882, con la construcción de fuerte “Chacabuco”. Cerca de la posición militar y hasta la cabecera del Limay, se instalaron los primerísimos barilochenses.
Todavía no finalizaba la Campaña al Desierto cuando las tropas al mando de Nicolás Palacios, comenzaron a construir el futuro fortín “Chacabuco”. Transcurría septiembre de 1882 y la primera edificación argentina en estas latitudes constó de cabañas con maderas de ciprés y techos de paja. Tres meses después, se asentaron en derredor de la fortificación el lonco Curruhuinca y su gente, que habían acordado su presentación. En enero siguiente, Villegas dispuso mejorar y ampliar las instalaciones. La dotación del fuerte se conformó con cuatro oficiales, 110 soldados, un farmacéutico y 15 “indios amigos”. Su levantamiento se concretó sobre el arroyo que también se denominó como la batalla de la independencia, a un kilómetro de su desembocadura en el Limay. Si bien supo de prolongadas temporadas deshabitado, “alrededor del fuerte y sobre el río fueron agrupándose los primeros colonias que darían origen al núcleo urbano de San Carlos de Bariloche”.
Acuñó la aseveración precedente la historiadora Laura Méndez, autora de “Estado, frontera y turismo. Historia de San Carlos de Bariloche”, el libro más riguroso y documentado sobre la trayectoria de la ciudad que el 3 de mayo de 2020, celebra 118 años de existencia. Sus antecedentes se remontan a unos cuantos años antes, cuando en forma simultánea a la conquista militar, el Estado procuró avanzar hacia un ordenamiento jurídico y administrativo.
En primera instancia se creó la Gobernación de la Patagonia y después, se organizaron los Territorios Nacionales, con la instalación de unidades del Ejército, el nombramiento de gobernadores, la organización del Poder Judicial y los juzgados de Paz, las comisiones de fomento y luego los municipios, más las instituciones escolares y religiosas. La Ley 1532, que organizó los territorios nacionales, implicó el primer dolor de cabeza para los primerísimos barilochenses: una parte del incipiente poblado quedó en jurisdicción neuquina –la vecina del fuerte- y otra, en el lado rionegrino. Por entonces, la mayoría de los pobladores residían en la cabecera del Limay.
Como consecuencia de las políticas de Buenos Aires, en la región del lago convivieron pequeñas propiedades con unidades mayores en la margen norte. Las primeras fueron sobre todo, explotaciones agrícolas de características familiares. Durante el proceso “surgieron auténticos capitalistas agrarios que conformaron empresas que integraban la producción y la comercialización, como fue el caso de la Compañía Comercial y Ganadera Chile-Argentina”, estableció Méndez. “Estos grandes terratenientes fueron, en general, los que introdujeron innovaciones tecnológicas en el mundo rural”.
Plano del lago que levantó en 1884 el teniente Eduardo O Connor
Las famosas 624 hectáreas
De 1884 data la Ley 1.501 o Ley del Hogar, que buscaba fomentar el establecimiento permanente de población en el territorio recientemente apropiado por la Argentina. Las tierras se dividieron en parcelas de 624 hectáreas para impulsar colonias agrícolas-pastoriles. Las fracciones se ofrecieron a ciudadanos nativos o naturalizados que no tuvieran bienes raíces en el país. Para cumplir la norma en Nahuel Huapi, arribó en 1899 el ingeniero agrimensor Carlos Martínez, quien mensuró los lotes pastoriles que finalmente, se aprobaron en 1902.
Ese mismo año se formalizó la existencia de la ciudad que habitamos. “El gobierno nacional, a través de un decreto del presidente Julio A. Roca y del ministro Wenceslao Escalante, fundó en 1902 la Colonia Agrícola Nahuel Huapi, dándole así entidad jurídica a un conjunto poblacional que venía nucleándose alrededor del lago desde hacía quince años. Dentro de la Colonia, se reservaron unas 400 hectáreas para la creación de pueblos, entre ellos, Villa La Angostura, San Carlos de Bariloche y Brazo Rincón”, reconstruyó la historiadora.
Fueron dos los decretos: el primero, del 9 de abril. El segundo, que dio origen a esta ciudad, del 3 de mayo. Seis años antes, Francisco Moreno había escrito para el diario “La Prensa” de Buenos Aires, una crónica de viaje. “El 6 de marzo llegamos a la reina de las napas lacustres andinas, el hermoso Nahuel Huapi, donde recibimos la más franca acogida de los enérgicos moradores… En una de las láminas está representadas la estancia del señor Jones en la orilla Norte y la chacra del colono Tauschek en la orilla sur, cuyos cultivos y productos pastoriles tienen ya fama entre los colonos alemanes de Llanquihue”.
A pesar de la marcada impronta alemana que tendría el pueblo en sus primeros años, uno de los primeros que se benefició de las políticas del Estado fue el estadounidense Jorge Newbery. Se sabe que en 1891 arrendó 15 mil hectáreas al sector público y que dos años después, las solicitó en propiedad como amortización para los certificados de Premios Militares por la campaña al Río Negro. No había participado de las acciones, simplemente había comprado los papeles y se hizo propietario en 1899.
Un mecanismo similar permitió que Jarred Jones se hiciera de 10 mil hectáreas. De origen tejano, se había instalado en 1899 sobre una fracción en la costa del lago. Previamente, había participado de las comisiones que habían trabajado para demarcar los límites entre Chile y la Argentina y a partir del conocimiento que adquirió, solicitó el área, también a través de los certificados de Premios Militares.
Escala en Chile
Los alemanes que llegaron a Nahuel Huapi desde Chile habían arribado al país vecino después de la ley que promovió la colonización, iniciativa del presidente Manuel Bulnes en 1845. Después de la Pacificación de la Araucanía, es decir, de la ocupación chilena del territorio mapuche hasta entonces libre, se produjo una segunda oleada migratoria, que se extendió entre 1883 y 1890. La afluencia se notó sobre todo en las regiones Novena y Décima, aunque también en las provincias de Cautín y Malleco.
Si bien se asentaron del otro lado de la cordillera suizos, alemanes, españoles, franceses y gente de otros orígenes, fueron los segundos quienes más se interesaron por la región del Nahuel Huapi y apostaron a una complementación económica con la zona de Llanquihue. En sus comienzos, el perfil económico de Bariloche miró hacia el oeste y hasta que en Buenos Aires decidieron imponer restricciones aduaneras, el poblado pudo vivir sin preocuparse demasiado por la Pampa Húmeda.
Tres años antes de la formalización de 1902, el ingeniero Carlos Martínez realizó mensuras y relevó a la población que existía a orillas del Nahuel Huapi. Según su recuento, la cantidad de habitantes se limitaba a 150 personas de origen indígena o chileno, con hábitats cercanos a los lagos y arroyos. La principal actividad económica era la ganadería pero en particular, el engorde y cuidado de hacienda, siempre de propietarios chilenos.
La propiedad más extensa y que más inversión de capital evidenciaba era la del alemán Federico Hube, en cuya casa principal residían 12 personas. Hube era empleador de otras 14, entre ellos, el capitán del vapor que poseía sobre las aguas del lago y su respectiva familia. El perímetro de la primera demarcación con fines urbanos no iba más allá de 100 hectáreas, con el Nahuel Huapi como límite norte. Al menos en este relato, la importancia pionera que generalmente se atribuye a Carlos Wiederhold, fue significativamente menor.
Convoy de la Chile Argentina en cercanías de Puerto Blest.
La demarcación original
En cuanto a la demarcación original del pueblo, digamos que ésta nació de un exceso de autoridad. Corrió por cuenta del capitán Mariano Fósbery, quien además de ordenar la construcción en 1902 de la comisaría, el juzgado de Paz y el cuartel militar, ejecutó “el trazado de la población”. Enojada, la Dirección de Tierras y Colonias del Ministerio de Agricultura de la Nación protestó con energía. Entonces, la superioridad le ordenó al militar que se abstuviera “en lo sucesivo de llevar a cabo la distribución de solares y la apertura de calles”. No obstante, “el trazado que realizó el capitán Fósbery fue la base del posterior plano del pueblo, hoy floreciente ciudad”
Así lo afirmaba su biógrafo, el historiador Rubén González, en un trabajo que tituló “El mayor expedicionario al desierto Mariano Fósbery. 1862-1928”. Hacia 1902, Fósbery era jefe del primer escuadrón del Regimiento 3 de Caballería de Línea, que por entonces tenía su acantonamiento en San Martín de los Andes. En ese carácter “es enviado en dos ocasiones a la costa sur del Nahuel Huapi, la primera, del 16 de marzo al 9 de julio de 1902 y la segunda del 10 de septiembre de 1902 al 5 de diciembre de 1903”.
Señalaba el autor que “en ese lugar venía formándose una población llamada San Carlos, en homenaje a don Carlos Wiederholtz (sic), que había edificado la primera casa en 1895. El 3 de mayo de 1902 el Poder Ejecutivo Nacional expedía un decreto reservando cuatrocientas hectáreas sobre el lago Nahuel Huapi para el pueblo de San Carlos. Esta fecha se considera la de su fundación. El relevo de los terrenos fue encomendado al ingeniero Lucero”.
En cumplimiento de su misión, “el capitán Fósbery hizo construir los edificios de la comisaría y del juzgado de Paz, como también un cuartel para el destacamento militar que comandaba y luego, tomando como base estas construcciones, procedió a ejecutar el trazado de la población. Parece que esto, como también la distribución de solares, excedían sus atribuciones, lo que motivó una reclamación” de la Dirección de Tierras y Colonias.
La hermosa arquitectura de los comienzos.
La nota que elevó la repartición, “datada el 28 de septiembre de 1903, lleva la firma del ministro doctor Wenceslao Escalante. El 13 de octubre el ministro de Guerra ordenaba que el capitán Fósbery se abstuviera ‘en lo sucesivo de llevar a cabo la distribución de solares y la apertura de calles’. Es de notar que el trazado que realizó el capitán Fósbery fue la base del posterior plano del pueblo, hoy floreciente ciudad”, decía González en 1979.
Para el biógrafo, “su actuación en San Carlos de Bariloche fue, sin duda importante, ya que hasta llegó a ser considerado, en aquellos años, como el fundador del pueblo. Veamos lo que escribe un viajero que lo visita en 1904. Luego de describir brevemente su llegada al rancho del indio Chamebuil y la hospitalidad que éste le brindara, prosigue: ‘con el alba, al otro día marché, hasta que dos horas después avistaba al pueblecito de San Carlos de Bariloche’”.
El recién llegado expresaba que “más tarde entré por la calle principal al reducido caserío que, aunque pequeño, es una joya por su situación en un lugar tan pintoresco. La calle principal lleva el nombre del fundador del pueblo, el distinguido y respetado capitán don Mariano Fósbery, segundo jefe hoy del Regimiento 3 de Caballería destacado en San Martín de los Andes”. El hombre consideraba que “si bien este pueblo carece de abundante edificación, no sucede lo mismo en cuanto al movimiento comercial, que hoy puede considerarse la llave y centro de la mayor parte del lejano sur de la Patagonia”.
Adrián Moyano