FUE “DESCUBRIDOR” DE PINTURAS RUPESTRES
Asbjorn Pedersen, el noruego que especuló sobre el caballo americano en isla Victoria
Realizó dos viajes de exploración a la zona, en 1959 y 1960. Expuso sus conclusiones y conjeturas en Primer Congreso del Área Araucana Argentina, que se celebró en San Martín de los Andes al año siguiente.
Algunas de las pinturas rupestres de la isla Victoria fueron “descubiertas” por Asbjorn Pedersen, ingeniero de origen noruego que después de explorar las sierras de Córdoba, se interesó por la Patagonia. En el verano de 1960, el investigador se adentró en la isla y en otras zonas de la costa del lago para sumar nuevos hallazgos.
Como encontró siluetas que semejan caballos, supuso que se trataba de la variante americana, extinta bastante antes de la llegada de los conquistadores españoles.
Pedersen expuso sus deducciones y conclusiones en el Primer Congreso del Área Araucana Argentina, que se celebró en San Martín de los Andes en febrero de 1961. El cónclave contó con el impulso de la provincia de Neuquén y de la entonces Junta de Estudios Araucanos. Además del noruego, tomaron parte de la reunión voces que se consideraban autorizadas, como Gregorio Álvarez, Juan Benigar, Narciso Binayan Carmona y Milcíades Alejo Vignati, entre otros.
Los trabajos que se presentaron y expusieron se reunieron en dos volúmenes que se publicaron dos años después. El de Pedersen lleva como título “Las pinturas rupestres de la región del Parque Nacional Nahuel Huapi (provincia del Neuquén) (sic) y sus posibles proyecciones prehistóricas”. Además del texto, el apartado incluye la reproducción de varias de las pinturas en cuestión, aunque en blanco y negro.
Informaba a sus pares el investigador: “con el propósito de iniciar la reproducción de las pinturas rupestres ya conocidas de la región del Parque Nacional Nahuel Huapi, y, si fuera posible, realizar nuevos hallazgos, por tratarse de una región arqueológica poco estudiada, recorrí durante enero y febrero de 1959, la isla Victoria y las márgenes del lago Nahuel Huapi. En esa ocasión, pude descubrir, en aquella isla, como así también en los márgenes del mismo lago, varios conjuntos de pinturas”.
Enmarcaba Pedersen que “en un informe preliminar sobre dichos descubrimientos, opiné que algunas de estas pinturas podían estar en relación directa con ciertos acontecimientos, como ser una posible gravitación incaica en esa región y la llegada de la primera expedición descubridora del conquistador español, salida desde el Perú, por aparecer en ellas, entre otros dibujos, llamas con carga y jinetes a caballo”. Decimos por nuestra parte que la primera expedición cuyo arribo al Nahuel Huapi se conoce, data de 1620 y había partido de Calbuco, actual sur de Chile. En cuanto a las llamas, probablemente fueran ejemplares de “chiliweke”, camélido luego extinto al que los españoles llamaban “carnero de la tierra”.
Sorpresa excepcional
Volvamos a las pesquisas del ingeniero. “Suponiendo que en esa región aún quedaban pinturas por descubrir, realicé durante enero y febrero de 1960 un segundo viaje a la isla Victoria, recorriendo también, nuevamente, las márgenes del lago Nahuel Huapi. El resultado de este viaje fue excepcionalmente sorprendente ya que una serie de nuevos descubrimientos, no solamente confirmaron mis suposiciones anteriores, sino que dieron lugar a nuevas y más importantes deducciones”, se ufanaba.
“Estos hallazgos incluyen varios grandes abrigos en la isla Victoria que demuestran evidentes indicios de haber sido ocupados por el hombre primitivo en la antigüedad, poseyendo dos de ellos, aparentemente intactos, sepulturas pircadas con piedras lajas”, comentaba. “En cuanto a las pinturas descubiertas, éstas ascienden a un total de doce conjuntos, distribuidos en diferentes lugares de la isla, ofreciendo una de ellas (a la cual identificó con el número 2) un excepcional interés ya que, entre sus numerosos dibujos, puede observarse gran cantidad de soles, cruces y grecas de diferentes formas, hasta ahora poco común en la región”.
Con una nota al pie de su escrito, Pedersen polemizaba con Oswald Menghin, colega suyo, por cuestiones muy específicas. Añadía que en el conjunto en cuestión, también existían “llamas, de las cuales una está montada por un personaje ataviado con una diadema solar (¿?) (el signo de interrogación está en el original), para concluir con un conjunto de representaciones humanas, estas últimas ejecutadas según la técnica del contorneado. Ofrecen algunas de ellas la particularidad de que el contorneado del dibujo no encierra a éste por completo, modalidad que ha sido observada, también, en muchas grabados pertenecientes al arte rupestre primitivo. En esas pinturas abundan las superposiciones, siendo algunas grecas, en miniatura”.
Si bien su texto insiste con la cuestión de las llamas y el parentesco con las culturas del altiplano, el investigador admitía en otra nota al pie: “es interesante observar que Cooper, en su trabajo sobre los Araucanos del sur de Chile, indica que la llama era conocida como animal domesticado entre los Huilliches de la región Ancud desde los primeros tiempos de la conquista española, poseyendo generalmente una familia común de 4 a 8 animales, y los caciques una cantidad aún mayor; siendo algunos de éstos todavía conservados, con mucha estima, hasta finales del siglo XVIII”. Para contextualizar, digamos que la conquista española de Chiloé comenzó en 1567, aunque algunas expediciones habían pasado antes por sus costas.
Pedersen hizo algunos cálculos. “Debido a un feliz acontecimiento, ha sido posible concretar una idea relativa respecto a la antigüedad de estas pinturas, ya que un enorme arrayán cuya edad calculada en más de quinientos años, crece junto al paredón obliterando a éstas. Fue necesario cortar una de sus ramas para poder reproducir varios dibujos que, en esta parte, se encontraban enterradas a más de 80 cm debajo de la superficie del terreno. Por lo tanto, estas pinturas forzosamente tienen que haber sido ejecutadas antes de la acumulación de dicha tierra y de que el arrayán pudiera echar raíces”. Si fueran ciertos sus cálculos, tales testimonios datarían de 1460 aproximadamente, cuando todavía faltaban 80 años para la llegada de los españoles a la actual jurisdicción chilena y 160 para la expedición de Juan Fernández al Nahuel Huapi. De ese desfase quizá surgieran sus especulaciones sobre el caballo americano.
¿Jinetes prehistóricos?
“Como ya he comentado, cuando en 1959, descubrí pinturas con dibujos de jinetes a caballo en un abrigo en las márgenes del lago Nahuel Huapi (siendo éste el primer hallazgo de esta índole realizado en la Patagonia) (paréntesis del autor), opiné que éstas podrían estar en relación directa con alguna expedición, hasta ahora ignorada, del conquistador español a esta remota región”, continúa el relato de Asbjorn Pedersen.
Jinetes enigmáticos.
“Sin embargo, al hallar en 1960, durante un segundo viaje, nuevos conjuntos de pinturas con dibujos de jinetes a caballo, pude observar una morfología muy diferente a estos animales comparados con los de las pinturas existentes en el Cerro Colorado (Sierras del Norte), en la provincia de Córdoba, y que datan de la época de la conquista. Por otra parte, estas pinturas se encontraban en un estado muy avanzado de fosilización, aparentando poseer una gran antigüedad”, avisaba.
Reproducción de las pinturas que alimentaron las hipótesis.
Su especulación consistía en afirmar que “si bien hasta ahora, no ha sido posible señalar para nuestro continente representaciones en el arte rupestre de una fauna extinguida, no obstante su comienzo remonta a una gran antigüedad, estas pinturas podrían ser la primera manifestación concreta en tal sentido, ya que posiblemente no representan al caballo común, introducido por el conquistador español, sino al caballo americano que, según Ameghino, vivió en la Patagonia hasta una época relativamente reciente. Esta afirmación pudo ser confirmada por Bird, quien durante cinco años realizó estudios arqueológicos en la Patagonia obteniendo en sus numerosas excavaciones, entre otro material, huesos fósiles fragmentados del caballo americano, entremezclado con artefactos de piedra y de hueso pertenecientes a la industria del hombre primitivo, hecho éste que demuestra que constituyó una fuente de obtención de su alimentación. Corresponde este horizonte cultural a la época del 8000 al 7000 a de JC”. Recordemos que el sitio El Trébol data de 10.600 años del presente, de manera que los interrogantes del noruego parecían válidos en 1960, cuando todavía no se había descubierto el testimonio de la laguna.
Adrián Moyano