El aserradero del Gutiérrez revivió con el festejo de un cumpleaños
Es mucha la gente que al circular por la Ruta 40 frente al lago Gutiérrez, se sorprende por la ubicación y belleza de la tradicional “casita rosada”. En ese predio está el antiguo aserradero, que se quemó en los años sesenta, del cual salió la madera para cientos de construcciones de nuestra ciudad.
La casa fue construida en 1930, era de doña Clotilde Cretton de Felley, y sus descendientes, después de décadas, le volvieron a dar vida al aserradero con una gran fiesta de cumpleaños.
Cristina Felley comentó: “lo inició mi abuelo Francisco, es el único que funcionaba a agua, generando electricidad con ese sistema para la casa rosada y otra casita que había en el mismo terreno, la que se quemó hace poco tiempo, y luego se hicieron cargo mi papá Julio y mi tío Ricardo”.
Toda una vida dedicada a la madera, las máquinas ya no funcionan pero siguen estando allí. “Cuando vino la división de bienes en vida a mi padre le quedaron 50 hectáreas, las que dividió entre nosotros cinco”, como Julio siempre estaba dando una mano con el aserradero, fue el sector que heredó.
Al tiempo se enfermó y falleció, entonces ese antiguo lugar pasó a manos de los hijos de Julio, actuales titulares. Jorge, el mayor, quiso celebrar el cumpleaños de su esposa Patricia en el aserradero, lugar tan querido y representativo para toda la familia.
Un poco de historia
La familia Felley tuvo sus orígenes en la zona del Cantón de Valais, en Suiza. En 1895, María Goye y algunos de sus hijos, Julio, Enrique, Josefina y Celina, se embarcaron rumbo a Talcahuano en Chile, cruzando primero por el estrecho de Magallanes. Toda la travesía, María la hizo sin su marido, porque había enviudado, llegando luego de algunos años a la zona del lago Moreno, donde vivía su hermano, Félix Goye, junto con quien fue dando vida a la actual Colonia Suiza.
Primero, les dieron un predio en la zona de la hostería Las Cartas, pero como la familia se iba ampliando, pidieron al gobierno otro lote en la costa del lago Gutiérrez. En ese entonces, la Nación, otorgaba terrenos a los extranjeros que mostraran su intención de trabajar la tierra.
Ese lote abarcaba desde la costa hasta el filo del cerro Meta, allí sembraron trigo, papas, avena y zapallos. Asimismo, contaban con cabezas de ganado y ordeñaban las vacas para hacer los quesos.
Más allá de todas las actividades que llevaban adelante, lo que más rédito les daba era el aserradero. Francisco Felley se casó en 1918 con Clotilde Cretton, que era oriunda de la costa de Chubut.
Con un carro iban hasta unas salinas en cercanías de Maquinchao y Jacobacci, llevando tejuelas, muebles y ventanas y traían la sal que vendían en Bariloche. Tardaban más de un mes en hacer ese viaje.
El aserradero generó fuente laboral a mucha gente y su producción era muy apreciada por los comerciantes para ofrecerla así a los clientes. Para que funcionara a agua fue necesaria una turbina, por lo que debieron hacer un dique a 200 metros de allí, para ganar 40 metros de desnivel y así captar mayor potencia. Mientras estaban prendidas las máquinas, ninguna de las casas del terreno tenía energía eléctrica, pero eso no era un inconveniente ya que organizaban las tareas domésticas en base a esa rutina. A las once de la noche iban hasta la turbina, que habían comprado a Capraro, atravesaban el bosque y la cerraban.
Es por toda esta historia que el cumpleaños de Patricia fue noticia, porque revivió al menos por algunas horas, el antiguo aserradero de la zona del Gutiérrez.
Susana Alegría