2019-11-20

PARA JUAN LASCANO LA PINTURA NO ES EL QUÉ, SINO EL CÓMO

Un pintor enamorado de la realidad con una visión personal del arte

Uno de los tres pintores más importante en su estilo en el mundo y el principal de Argentina en materia de realismo. “Un artista nace, pero debe cultivarse” dijo Juan Lascano vecino de Bariloche hace varios años. Dejó plasmada humildad y talento en el relato que llevó a cabo sobre su arte diario.

Cree en el “don artístico”. Trabaja principalmente en óleo y acuarela pero utilizó casi todos los elementos que hacen a una obra en cuanto al material. Solo le falta el estilo “fresco” en el que incursionó Miguel Ángel. En esta ciudad muchas de sus obras se pueden admirar en el hotel El Casco.

La decoración del hotel El Casco muestra parte de la obra de Juan Lascano, pintor que nació en 1947 en La Plata y que vive hace muchos años en Bariloche. El establecimiento cuenta con el cuadro de las 4 estaciones; y el artista considera que “todo es una aventura en un lugar entrañable”. Para Lascano la realidad supera todo, “soy un pintor enamorado de la realidad y creo que siempre me quedo corto. Este es mi principal show-room acá en Bariloche”.

Por espacio de 50 minutos fue entrevistado en el programa El Expreso Periodístico, por Antonio Zidar, Héctor Arcore y Daniela Lucero en El Cordillerano radio (93.7). Allí el autor refirió que “mi sensación es que siempre estoy superado por la realidad. Creo que los pintores realistas le mostramos a la gente, a través de los ojos, aquello que no ven, esto me nace decirlo por esta especie de disparate cuando dicen que mis pinturas son mejores que la realidad. Pienso que algo es inalcanzable, cuando veo un paisaje, un cacharro, una modelo, pero sigo tratando de acercarme a aquello que veo y mi sensación es que siempre estoy superado por la realidad”.

Explicó que en cuestiones “de arte a mí las etiquetas me molestan casi todas, el arte es algo que debe ser mirado sin etiquetas, pero reconozco que las etiquetas son necesarias para hablar de algo. El hiperrealismo es algo que nace del fotorealismo norteamericano, es sacar una foto, pasarla a una tela con un grado de detalle absolutamente impresionante, algo que a mí no me interesa porque elimina la presencia del artista. Yo soy un realista, una persona que se para delante de un paisaje y trata de reflejar en una tela eso que siento sobre lo que tengo adelante, que no es lo mismo, porque la realidad visual es una cuestión personal, no todos vemos lo mismo y lo que a mí me interesa reflejar es mi visión de la realidad”.

¿Nunca a partir de una foto? “No, lo he tenido que hacer como experimento, sobre todo en un clima tan complicado como Bariloche, con días de lluvia, de humedad, por ejemplo, ¿cómo hacés para poner el caballete afuera y pintar? es imposible, entonces he tratado de trabajar a través de una foto, pero nunca jamás he podido hacerlo de una manera satisfactoria, necesito de la información de la realidad. Acá te agarra un viento y terminás en el Atlántico, entonces pinto dentro del auto, en el asiento del acompañante para que no me moleste el volante. Una vez me fui al Ñirihuau a pintar un cuadro, medio larguito y entonces terminé pintando con la mano izquierda, medio difícil pero lo puedo hacer, porque no tengo dimensión dentro del auto”.

Lascano es considerado un maestro de la luz y dijo, “soy un pintor autodidacta, tengo una vocación y dibujo desde muy chico y seguí dibujando y tuve la inmensa suerte de tener una familia muy culta que apoyó mi vocación, que en mi época no era tan fácil. Mi familia era una familia que no tenía plata, han sido abogados, pero se dieron cuenta de mi vocación y tuve el apoyo familiar irrestricto, yo pintaba en el living de mi casa, con los colores, con los caballetes y siempre recibí la crítica, hasta el día de hoy, mis hijos agarran un cuadro y lo destruyen. Mi padre era un poeta, sumamente culto, la cultura en mi hogar era un placer, escuché música desde muy chico, leí desde muy chico, vi pinturas, sentí conversaciones sobre lo que era la cultura desde muy chico en general, del arte y de otras cosas”.

Fue enviado a España a temprana edad y el pintor explicó que “eso fue un truco del viejo. Como te digo la familia mía es una familia de tradición de abogados de 200 años. Pinté todo el tiempo, mi padre me consiguió una bolsa de estudio, que no era una beca, porque una beca obligaba a un determinado tipo de estudio y yo estaba libre en España, como un pajarito a los 18 o 19 años y eso fue magnífico, tenía libre acceso con un carnet de estudiante al Museo del Prado, en el que pasé larguísimas horas y viví un año en España rodeado de amigos y amigas, de montones de cosas y eso fue extraordinario”.

También refirió que “para mí el arte es algo de estar en contacto con la obra, de cada persona, todos tenemos un aparato perceptivo, uno ve las cosas o se escucha, todo nuestro aparato sensorial nos da una visión del exterior, para mí eso es propio de cada uno y no hace falta saber, el saber te agrega, pero la base es la percepción personal. Yo siempre digo ‘no digan que no saben de arte’, párense delante de la obra y si pasa algo eso es arte para una persona, si no pasa nada hay que seguir de largo, es un tema complejo. Es como dicen los enólogos, ‘el vino que a vos te gusta es el bueno, no importa el precio, no importa la fama, no importa la calidad, no importa la etiqueta, ese vino que te gusto, ese es tu vino’”.

“Es evidente que las manos de un pintor pueden ser más o menos hábiles, pero el pintor es mirada, trabaja todo el tiempo con la mirada, hasta donde llega la mirada, agudizando de alguna forma cómo él ve el mundo, ese es el verdadero trabajo y en el fondo la mirada es el cerebro” detalló el pintor.

Es esencial “la mirada, que es una construcción cerebral, la mecánica de la mirada es el ojo y ahí el ojo tiene sus complicaciones, por ejemplo yo desde la adolescencia para acá soy miope, pero esto inclusive puede ser una pequeña ayuda, traté de curarla y un oftalmólogo amigo me dijo ‘pensalo porque los miopes tienen un visión cercana perfecta’, yo veo la letra chica en forma perfecta, pero de lejos no veo bien. Cuando quiero ver de lejos me pongo anteojos, la miopía es como una foto desenfocada y eso me ayuda muchas veces a evitar detalles que no son necesarios, veo la gran masa y no los pastitos, que muchas veces no son necesarios, cuando quiero ver los pastitos me pongo los anteojos. Sí dependo de mis ojos, cuando pierda visión para mí va a ser la tragedia de mi vida, espero que eso no llegue”.

Asimismo digo que “hoy en día mucha gente tiene miedo a entrar a una galería de arte y no es así, no hay nada más lindo para una galería de arte que la gente entre, simplemente a ver lo que hay, sin compromiso de compra, sin análisis, hay un prejuicio sobre este tema, creo que en lo posible hay que erradicarlo porque es algo libre y placentero”.

Sobre su residencia en esta ciudad contó, “me quedé a vivir en Bariloche por el paisaje. Conocí la Patagonia gracias a un amigo que venía todos los años a hacer camping y me dijo ‘no puede ser que vos no conozcas la Patagonia’, yo ya era grande, acababa de nacer mi primer hijo, tenía 31, 32 años y este amigo mío estaba dando vueltas por el sur y alquiló una casita en Traful, me vine a Traful y quedé tarado desde el principio, me pareció la cosa más espectacular del mundo. Siempre volví a Villa Traful, maravillado con el paisaje patagónico y un día, yo vivía en Martínez (Buenos Aires) le dije a mi mujer ‘quiero hacer un experimento patagónico’. Alquilamos abril y mayo de 2004, la casa muy conocida de Bellevue que estaba cerrada como casa de té en ese momento, pero la alquilaban para la gente. Alquilé toda la casa durante 2 meses y ahí empecé a buscar casa y acá terminé hace muchos años”.

Sobre su estilo señaló que “soy un pintor rápido, que depende de la emoción del momento, pude pintar cuadros grandes en una estancia, es muy importante pintar de esa manera en un espacio desde adentro. Resuelvo rápido porque dependo del momento, de las condiciones del ambiente, porque de un momento para otro cambia de un día deslumbrante a uno lluvioso y por eso debo resolver en un tiempo de espacio corto, aunque muchas veces por esos cambios climáticos de esperar, por ejemplo he pintado un cuadro por espacio de un año, en otoño en Colonia Suiza, con colores maravillosos que estallan en esa estación del año, un cuadro muy grande, volví a terminarlo al día siguiente y empezó a llover, tuve que esperar todo un año para que se reprodujera un día parecido o sea que es un cuadro que debe tener 7 horas de trabajo a lo largo de un año”.

Sobre sus desnudos interpretó que “en esto depende mucho la relación entre el modelo y el pintor, yo he tenido a lo largo de mi vida muchos modelos, en este momento estoy trabajando en Bariloche con cuatro, esa para mí ha sido una de las grandes sorpresas de Bariloche, para mí es muy importante, he comenzado a pintar desnudos cuando tenía 16 años y lo he seguido haciendo durante toda la vida y cuando me mudé a Bariloche pensé que me iba a resultar difícil, nada que ver, tengo unas modelos extraordinarias, extraordinarias, al mejor nivel y trabajo mucho con ellas. A lo largo del tiempo desarrollo una relación de amistad con las modelos, tanto es así que una modelo que para mi trabajó 20 años en Buenos Aires, es amiga, secretaria, es amiga de la familia; tengo una tendencia de hacerme amigos de los modelos de la mejor manera posible, trabajan un determinado número de horas, les pago y la relación es de amistad y de confianza. Eso aparte, es obvio que representan sensualidad, representan un montón de cosas que deben estar reflejadas en la obra, pero no implica una relación personal con la modelo”.

Para al artista la “belleza y fealdad han sido conceptos muy erráticos a través de la historia. En la época de Rubens linda era la mujer saludable y la mujer saludable era la mujer que tenía kilos de más y hoy eso no es lindo, entonces varía mucho y no es una situación para un pintor realista. Insisto en el tema, poneme a mí un ser humano cualquiera, varón, mujer, viejo, nuevo, chico, y yo te aseguro que se puede hacer un buen cuadro con esa persona, no me importa la convención sobre la belleza, la pintura no es el qué, es el cómo”.

El tema del retrato es un tema conflictivo, “porque yo amo las cosas como son y por ejemplo si tengo enfrente una señora con arrugas, le pinto las arrugas y el resultado suele no gustar, el retrato es un tema conflicto. Lo ideal es yo te pinto, sale lo que sale, lo comprás o no, pero no me pidas que te haga cirugía estética” y agregó que “lo verdaderamente fascinante es estar ahí y admirarlo, a veces me pregunto por qué tengo que agarrar un papel y pintarlo. Lo maravilloso es poder mirarlo, ver ese espectáculo que brinda un modelo o la naturaleza. Aunque ver obras, en reiteradas oportunidades, la misma obra, como la de Velazquez, que cada vez que lo veo me enriquece”.
Indicó que “para mí la gran sorpresa de Bariloche fue la vida social, acá encontré un grupo de amigos que disfruto, gente interesante, estimulante, nos reunimos todos los jueves, es un placer, un placer inmenso, es gente que te enriquece”.

Ya casi en el final señaló, “tener un lugar en donde pueda hacer obras, con la modelo en la naturaleza, Bariloche no es fácil para ello, es una materia pendiente, no es fácil, porque en Bariloche hace frío, hay viento, bichos, hay avispas, pasa algo, esto es muy curioso, aunque yo donde estoy pinto lo que está a mi alrededor. Para mí pintar en grande es mucho más fácil que pensar en chico, en realidad los detalles a mí no me gustan, me cuesta, en realidad mis cuadros parecen detallistas, no me gusta, si lo tengo que hacer es porque no me queda otra. El pincel doble cero a mí no me divierte, lo que me divierte es dar la sensación de realidad”.

Por último, dejó una reflexión: “las manos son el reflejo de lo que uno tiene adentro. No me imagino retirándome, salvo que pierda la vista, es más, me hablás de retiro y me da pánico, no lo concibo, uno nace artista y muere artista”. (Edición de texto Juan Carlos Montiel)

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