La danza está de luto, se fue Celia Ancinas de Taddeo
Ha partido una de las grandes damas barilochenses, Celia Ancinas de Taddeo, quien aportó su vida a las danzas tradicionales y españolas, colaborando además de manera desinteresada en emprendimientos sociales y comunitarios.
Había nacido en cercanías de Piedra del Águila el 17 de agosto de 1928 y cuando tenía apenas dos años su familia se mudó a la zona del puente Limay. Su padre trabajó en el tendido del ferrocarril en Jacobacci y luego integró el personal de Parques Nacionales por lo que se mudaron a los kilómetros.
Celia tenía 9 hermanos, cursó su primaria en la escuela Nº 16 y la secundaria en la Escuela Profesional de Mujeres de Resistencia.
A los 23 años, una tarde que salió a “dar la vuelta del perro”, cruzó las primeras miradas con Gilberto, quien poco tiempo después, se convirtiera en su esposo. El 20 de marzo de 1952 se casaron formando una familia muy tradicional.
Al regresar a Bariloche trajo consigo el telar, que todavía conservaba en su hogar y en el cual tejió incontable cantidad de prendas, algunas para vender y muchas otras, para obsequiar.
Sumó su aporte y tiempo en el Hospital Zonal y en la Guardería Provincial Ricardo Gutiérrez como “nursery”. Tiempo después entró a la Escuela Antu Ruca como profesora de telares y tejido a crochet.
Fue también en Chaco que comenzó a descubrir que la danza era una de sus grandes pasiones, en Bariloche creó el grupo de danzas “Amuncar” y de a poco por necesidad, comenzó a diseñar los trajes de los bailarines.
Así fue diseñando cientos, los que alquilaba a quien los necesitara, un muestrario de telas, colores y modelos único en la ciudad. Su marido también aprendió a bailar y Celia siempre decía que lo había hecho, solo para que ella no bailara con otros hombres, pero en realidad los unió siempre un compañerismo mágico y duradero. El Chúcaro fue uno de los grandes profesores que tuvieron en sus inicios.
Amante del arte, tocaba la guitarra y regaló una a cada hijo y nieto de la familia. Como reconocimiento, algunas noches de La Patagonia Canta recibieron el nombre del matrimonio, por el enorme aporte a la cultura.
Representaron a Bariloche a nivel nacional, e incluso llevaron su talento a Estados Unidos.
Hace más de diez años que su esposo partió, habiendo trabajado durante 30 años en la zona de Lynch del cerro Catedral, tomando mediciones climáticas para el Servicio Meteorológico Nacional, una vez que se jubiló, continuó con los equipos que instaló en su casa de calle Anasagasti.
Era un apasionado del paisaje y su clima, estudió durante años el comportamiento de las aguas del lago Nahuel Huapi. Uno de sus grandes ídolos era el perito Moreno, y fue el que después de años de insistencia logró que se ponga una bandera que ondee de forma permanente a la entrada de la ciudad; además cuidaba y visitaba la isla donde están enterrados sus restos.
Celia nunca pudo acostumbrarse a la idea de quedar sin el amor de su vida, en cada encuentro lo nombraba porque recordarlo es la mejor forma de mantenerlo vivo. No fue un matrimonio perfecto, cuando se peleaban ella lo trataba por el apellido y por las noches, ponía una almohada larga para mantenerlo a raya. Siempre lo mencionaba con gran melancolía y en ocasiones, las lágrimas cortaban su relato.
Ahora Celia ha partido, dejando un vacío imposible de llenar, partió en busca de su compañero y parte de la comunidad, la está despidiendo.
Susana Alegría