2019-02-24

Trascendente: la historia que coronó con éxito la fabricación de cerveza artesanal

Hace 30 años que Julio Migoya (65), junto a Nicolás Silin, tomaron la decisión de comenzar con la fabricación, en Bariloche, de la primera cerveza artesanal. La idea marcó un rumbo que ya no se detuvo y que hoy hace posible que el mercado cervecero haya crecido en forma exponencial en toda la región, con proyecciones positivas de venta, de producción y de oportunidades laborales.

El jueves último Cervecería Blest cumplió tres décadas desde que Migoya y Silin comenzaron con su proyecto, pero además la fecha casi coincide con el cumpleaños de Julio, que sucede un día después. Por tal motivo y para conocer la historia, el programa El Expreso Periodístico, que se emite por El Cordillerano radio (93.7) de lunes a viernes de 7 a 10, entrevistó al hacedor que dio el puntapié inicial, junto a Silin, del producto artesanal.

Dentro de la festividad propia y de la Cervecería, Migoya recordó que “por la década del 20 había cerveceros, pero Bariloche estaba aislado, no había llegado la globalización de Buenos Aires, se hacía todo acá, luego eso desapareció, pero hubo como una refundación en la década del 80, en El Bolsón, que fue la que nos ganó por poquito, sino hubiéramos sido la primera de la Argentina, pero fuimos los segundos, y los primeros de Bariloche”, en la fabricación de cerveza artesanal.

Julio mencionó que “fue una idea loca, nació como siempre nacen estas cosas, en una oficina, planificando qué podíamos hacer, sabiendo que había un mundo único e irrepetible, mucho más complejo que la monomarca que teníamos acá, ya que, en el exterior, sobre todo en EE.UU. comenzó una movida muy grosa y bueno nos entusiasmamos mucho y vimos la posibilidad de jugarnos, para investigar cómo se hacía y terminó en una idea loca que ahora es una explosión”.

Consultado sobre dónde trabajaba en esa época, respondió que “Nicolás y yo estábamos en INVAP, el proyecto nació en las charlas de los tableros de dibujo de las oficinas de obras civiles de INVAP, básicamente”. Agregó que “yo soy técnico mecánico, trabajé siempre en el proyecto de plantas químicas, nosotros estuvimos en Pilca (Planta Pilcaniyeu), para nosotros una ventaja comparativa fue que tuvimos siempre un tema muy complejo, porque no había información, no había materias primas, no había nada, así que encaramos el diseño de equipos, que siempre fue propio y siempre construido en Bariloche, por gente de acá”.

¿Cómo surgió el rumbo empresario?, allí Migoya refirió que “fue un cambio muy importante pasar de empleado a ser independiente, tenía 34 o 35 años, teníamos que gestionarnos, investigar procesos, generar calidad, fue una aventura creativa impresionante para nosotros, una maravilla inolvidable, aunque tuvimos el miedo lógico de aquella persona que está en relación de dependencia durante muchos años. Pero también tuvimos apoyo, el de mi señora fue fundamental, porque la primera chopería del predio se hizo en casa y ella se puso las pilas y se cargó todo al tema de gastronomía y restaurant, mientras nosotros trabajábamos en todo lo atinente a la producción de distintas cervezas, seguramente intoxicamos a unos cuantos cuando hacíamos las primeras pruebas, la cosa no fue sencilla, estuvimos prácticamente 2 años, hoy es todo muy distinto ya que llamamos y pedimos ‘mandame malta, u otros productos’, en ese entonces esto no era sencillo, estuvimos revolviendo maltas, un contacto que teníamos en Estados Unidos, de una persona de INVAP que estaba allá, nos mandaba levadura que conseguía, aprendimos a trabajar con microscopios, de todo”.

Explicó Migoya que “para hacer la primera Bock tuvimos que tostar la malta, hoy en día si van a la fábrica de Blest está todavía el tostador del año 1992 girando ahí, pero fue probablemente la primera Bock de la Argentina, ya que en esa época había una mono-marca, de una mono cerveza y así fue todo, todo fue prueba y error, cuando largamos ya teníamos bastante claro todo el tema del proceso y los equipos los hicimos acá, eso generó después una movida muy importante para Bariloche, con mucho trabajo para mucha gente en talleres y para proveedores de materia prima”.

Con respecto a la primera cerveza que “salió bien”, indicó que “empezamos por la más difícil, por la Pilsen, la rubia tradicional, que implica un proceso con control de frío y presión, que fue muy poco común en los que siguieron después, en general hacían otro tipo de cerveza” y reiteró: “nosotros empezamos con cerveza dorada, rubia y la segunda fue la Bock, que implicó desarrollar malta tostada propia porque no había dónde comprar”.

Relató Migoya que también “nos fascinó que teníamos un compañero que se fue a Italia y nos mandaba cerveza de allá, de otros estilos, otros sabores, de otros porcentajes de alcohol, creo que nos volvió locos darnos cuenta que había un universo en el mundo de la cerveza que acá era totalmente desconocido y que era totalmente injusto, había que hacerlo, no podía ser que un bar o un restaurante tuviera una sola marca y había que consumirla”.

Asimismo, el empresario, sin egoísmo, consideró que fue muy importante que los cerveceros se reúnan en el predio de La Rural con una muestra, “para que se vaya haciendo tradicional y ojalá que algún día tengamos un lugar cerrado enorme para hacer ese tipo de eventos, como se merece una ciudad como la nuestra que tienen un clima que a veces no te perdona, darle continuidad va a traer una tradición” en cuanto al rubro cervecero.

Por último, Migoya reflexionó que el rumbo presente y futuro “necesita calidad constante, falta formación, técnica, para obtener un mínimo de calidad aceptable, constante, para que la cosa funcione y tenga una buena imagen la cerveza artesanal, esa es una de las cosas que en algunos casos todavía falta”.

Muy contento 

“Básicamente estoy muy contento por toda la actividad económica que generó la cerveza artesanal en Bariloche, es muchísima la gente que trabaja en forma directa en el rubro, en las cervecerías, en la fabricación de equipos y en venta de materia prima.” (De Julio Migoya)         

Juan Carlos Montiel | jcmontiel@elcordillerano.com.ar

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