JUAN SANTIAGO BOUCHON, EL FRANCÉS MÁS ACORDOBESADO
Falleció el último viernes en Nono, a los 90 años, el creador y fundador del Museo Rocsen
Su bibliografía recordará que había nacido el 3 de julio de 1928 en Niza (Francia), y que falleció en Nono, Valle de Traslasierra en Córdoba, el 1º de febrero de 2019.
Su pasión y su afán coleccionista, humanista y universalista se inició a los 3 años, llenando de piedritas y caracoles sus bolsillos. Realizó carreras universitarias, participó en la contienda mundial de la Segunda Guerra, pero sin utilizar armas y solo ayudando a los sufrientes combatientes, y en 1951, contratado por la Embajada Francesa para incrementar el flujo turístico de Argentina hacia Francia, llegó con su bagaje a cuestas, cumplió su misión, y eligió Argentina como su hogar, pero específicamente Nono, que es uno de los pueblos más antiguos del Valle de Traslasierra. Lo hizo en cercanías del río Chico, y del Balneario Paso de las Tropas (por allí pasaron las fuerzas mitristas). Era al pie de las Sierras Grandes, y de la nada, se empezó a levantar su vivienda y las bases del Museo Rocsen (roca santa en idioma celta, recordándole con afecto, un lugar y un pasado familiar). La elección del Valle de Traslasierra fue en base a su observación sobre esta maravillosa formación precámbrica y su ideal microclima, que no superaba, en promedio, los 30% de humedad y que ayudaba en la conservación de todo lo que se exhibiría en el museo, evitando la formación de hongos.
Su visión universalista era "todo el hombre por todos los hombres" y su lema está reflejado en su gigantesca obra.
Y así llegó el 6 de enero de 1969, cuando abrió sus puertas, a 5 kilómetros del centro urbano de Nono, el Museo Rocsen. Hace muy poco se cumplieron los primeros 50 años de este inmenso acontecimiento para la cultura y la difusión del turismo en el Valle de Traslasierra y las sierras de Córdoba. Muchas contingencias desfavorables (incluso fuertes incendios de montes estuvieron a metros) nunca fueron obstáculo y el museo jamás cerró sus puertas (ni siquiera el pasado viernes, cuando él falleció ya que ese fue su deseo expreso), y así se cumplió el lema que indica: Abierto de las 9 hs. hasta la puesta del sol). En la actualidad su superficie habilitada son 2.700 mts cubiertos, y con la proyección de llegar a los 6.000 mts cuadrados. Se exhiben 60.000 piezas, para representar las 99 distintas temáticas que están representadas.
Más de 3.000.000 millones de visitantes ya lo recorrieron, y en forma totalmente gratuita, una muestra más de su altruismo, lo visitaron ya 300.000 estudiantes, todas estas cifras debidamente documentadas. Este museólogo de la Nación, con estudios en Bellas Artes, en Artes aplicadas a la Industria y cursos de Antropología física y cultural en París, era también un gran autodidacta en Ciencias Naturales, y pudo conformar el museo con una amplísima temática que logra el interés de todos sus visitantes, que siempre brinda elementos para que nadie termine su visita sin haber logrado ver objetos de su propio interés, y así hay muchos "rincones" que hacen inolvidable este recorrido que Santiago Bouchon legó a la humanidad.
Desde aquellos primeros años en que era conocido como el "museo de las mariposas" por su fabulosa y extraordinaria colección, pasaron ya 50 años, que a pesar, hoy de su ausencia física, nada se perderá y todo se multiplicará y seguirá desarrollándose, ya que muy sabiamente hace un año atrás, Santiago legó todos sus bienes a la fundación que se creó a tal efecto, a fin de que todos los integrantes de esta organización familiar cumplan su lema: "Los hombres mueren y las obras continúan", y así ahora es Pedro José Bouchon la cara visible de esta nueva generación y camada de continuadores de la obra de su padre junto a sus hermanos y colaboradores, a los cuales aún el día anterior a su fallecimiento, Santiago les firmó sus recibos de sueldos según lo comentado por Pedro.
Jamás ningún ente gubernamental aportó un solo centavo a esta monumental y titánica obra cultural, pero "para las fotos", muchos políticos se acercaban con sus promesas. Santiago siempre les pedía que se asfaltaran los 5 km de camino de ripio que unen el predio del museo con la localidad de Nono, y logró infinitas promesas al respecto, ¡pero jamás el asfalto! Y a la hora de recaudar (claro, era remunerativo, ¡ya que cobraba una simbólica entrada!), lo obligaron a inscribirse en todos los organismos recaudatorios nacionales, provinciales y municipales, ya que consideraron que "es lucrativo" ¡el Museo Rocsen!
San Carlos de Bariloche alguna vez lo recibió cuando vino en su acondicionada camioneta Ford F 100 (ahora en exposición en el museo) y su pequeño museo itinerante en los finales de la década del 80. De aquellos 100 mts cuadrados que inicialmente tenía el museo cuando abrió al público, a diario empezó a recibir el reconocimiento y apoyo de los medios de comunicación que ayudaron en su difusión, pero él siempre dijo que el mejor difusor era el visitante satisfecho, y son infinitas las donaciones de objetos de distintas temáticas ya por ello exhibidas, y otras tantas las que lo serán, luego del previo y complejo estudio que demanda ubicar cada elemento, y darle el encuadre correcto.
Su trayectoria y su trabajo fueron reconocidos a nivel mundial, y Santiago fue Miembro del Consejo Internacional de Museos (ICOM). También los oyentes radiales de Bariloche pudieron disfrutar dos veces de extensas charlas que Toncek Zidar mantuvo con él en el año 2007 y para El Expreso Periodístico el pasado 3 de julio, en coincidencia con sus 90 años de edad, y allí se escuchó todas su sabiduría y su visión del mundo, que está sintetizada en la fachada del museo, donde están las 49 estatuas (realizadas personalmente por Santiago) que, elegidas minuciosamente por él, son lo que concibió así por sus importantes enseñanzas que llegaron a la humanidad, por su misticismo y su mensaje de paz.
En mayo de 2015 presentó su libro ¿Por qué no?, donde está historiada toda la vida y evolución de su gigantesca obra, y a finales de diciembre recibió su último reconocimiento, el "Honoris Causa" que le concedió la Universidad Nacional de Río Cuarto, pero ya su endeble estado de salud no le permitió estar físicamente presente, y lo representaron sus hijos en tan importante y postrer homenaje.
Ahora sus cenizas descansarán en el predio que eligió durante tantas décadas para que fuera su hogar y el emplazamiento de su monumental obra para la humanidad, el Museo Rocsen. Lo primero que de él recuerdo, fue cuando al llegar al predio de su museo, preguntamos por don Rocsen, y muy sabiamente nos explicó que él era Bouchon, y qué era rocsen, y aquel gran tanque australiano en cercanías de su casa, cubierto por una fina capa de algas, que protegía la pureza del agua serrana y que era tan vital para el consumo familiar diario. Todo esto, en los primeros años de la década del 70, y la última vez en marzo del 2018, si bien mantuve aún charlas telefónicas posteriormente con él, y su último llamado lo recibí en noviembre pasado, el que nunca olvidaré fue el que me hizo a las pocas horas de haber explotado el Caulle-Puyehue, donde me manifestó toda su preocupación por la situación que vivíamos. ¡Inolvidable!
Hasta siempre, Santiago, ¡gracias por tus enseñanzas y tu obra quedó en excelente manos!
Antonio Pavlovcic