2018-12-18

OTRA QUE EL CAMBIO CLIMÁTICO

Bariloche recién contó con un cura estable cuando la lluvia impidió el retorno de misioneros

Fueron los padres Luis Marchiori y Julio Mauro, quienes culminaron la tarea iniciada por Zacarías Genghini. Un auténtico vendaval que impidió la continuidad de una gira motivó la erección de la futura casa parroquial.

Como ya confiara “El Cordillerano”, la primera iglesia de Bariloche se inauguró el 19 de abril de 1908 cuando recibió la bendición del sacerdote Domingo Milanesio. Su construcción se debió, en parte, a la labor incansable del cura Zacarías Genghini, cuyo apellido recuerda una calle. Sin embargo, tuvieron que transcurrir varios años para que los católicos contaran con un ministro permanente en el poblado.

Esa fue la reconstrucción de Clemente Dumrauf en el trabajo que denominó “La conquista espiritual del Nahuel Huapi”, que elaborara en ocasión del Congreso Nacional de Historia sobre la Conquista del Desierto, celebrado en General Roca en 1979. Ese año, se cumplió el centésimo aniversario de las expediciones militares que incorporaron vastas regiones de Pampa y Patagonia a la soberanía argentina.

Dumrauf basó su trabajo precisamente, en las memorias de Genghini, quien contó en sus “Apuntes” lo que sucedía por entonces. “Desgraciadamente, no se pudo dar cumplimiento al compromiso contraído con la Compañía Chile-Argentina por cuanto los superiores dispusieron no volviera más a Bariloche. Los misioneros desde entonces no se aproximaron al lago sino raras veces y sin hacer nada por la obligación contraída”.

Esta tenía que ver con “devolver a la Compañía el dinero adelantado para la construcción de la iglesia a medida que se recaudase. Al terminarse, había quedado una deuda de 6.087,16 pesos. Todavía en 1912 en una extensa carta reservada dirigida al nuevo Superior, el Padre Luis Pedemonte, desde Junín de los Andes el 1ro de abril, el Padre Zacarías se queja de que ‘nadie recolecta porque no hay nadie que atienda a la Capilla, y mientras no vean a la persona de un Padre estable, nadie quiere dar nada”.

Genghini manifestaba que “hasta la fecha creo que se alcanzó a abonar una cuarta parte de la deuda, quedando aún una buena cantidad para pagar. Al presente, una vez por año y también suceden pasar dos años, va un misionero y pasa unos 20 días o un mes: pero ¿qué puede hacer en tan poco tiempo? Lo poco que hará, se perderá con su ausencia. Creo que el Señor depara mucha cosecha, pero quiere que trabajemos el terreno. Es mi opinión que por lo pronto pudieran ir dos sacerdotes: uno por la población que no le faltaría trabajo y ocupación, el otro recorriendo la campaña”.

Postergación

El reclamo del cura Zacarías tenía su cuota de razón porque el pueblo crecía. Apuntaba Dumrauf que “para esa época, la zona de Bariloche contaba ya con aproximadamente 1.250 habitantes; poseía servicio de correo y telégrafo, Juzgado de Paz y Registro Civil. Además, tenía organizado un servicio de automóviles entre la población lacustre y la ciudad de Neuquén, que entonces era punto terminal de ferrocarril del Sud”.

Años más tarde, “por decreto del 20 de octubre de 1915, San Carlos de Bariloche fue designada como cabecera del Departamento Bariloche, del entonces Territorio Nacional de Río Negro. Pero aún seguía sin sacerdote estable, a pesar de los reiterados pedidos de la población y las insistencias del Padre Zacarías. Este aspecto también encontró solución de la manera menos pensada”, sostenía la investigación.

Sucedió que “en 1912 las Misiones de la Patagonia recuperaron su autonomía jurídica y los misioneros se dividieron el mapa sureño. Al Padre Luis Marchiori, le fue confiada la atención del valle del río Negro y las serranías andinas desde los límites de Neuquén hasta Esquel, zona que sus propios impulsos desbordaron generosamente. En el verano de 1913-1914, realiza una extensa gira. Saliendo de Viedma recorre la región que se le había confiado y el 11 de abril de 1914 notifica telegráficamente al Padre Inspector desde Pilcaniyeu que no puede continuar la misión por el intenso frío y la nieve”.

Según el relevamiento de Dumrauf, “al año siguiente recorre, poco más o menos, la misma región y el 22 de marzo de 1915 anota en su crónica: ‘Después de una gira de 7 meses por los campos del sur, en la que pudimos hacer 915 bautismos, casi otras tantas inscripciones en el Registro Civil, 2.000 confirmaciones, 58 matrimonios civiles y religiosos, llegamos finalmente a Bariloche’. Ha de saberse que los misioneros eran también agentes del Registro Civil y llevaban los libros de nacimientos y casamientos”.

El clima incidió una vez más. “Allí celebraron la Semana Santa e hicieron un censo de la población que arrojó un total de 653 pobladores entre chicos y grandes. Cuando se disponía a partir ‘se descompuso el tiempo y empezó a llover día y noche por espacio de 40 días casi sin interrupción, creciendo enormemente los lagos y ríos, el Nahuel Huapi creció 3 metros y medio. Era impresionante como azotaba las orillas y los muelles. Los caminos quedaron todos cortados. Resultado: nos quedamos aprisionados en Bariloche. Hasta el Gobernador de Río Negro hace un mes que está por partir todos los días y ciertamente que no lo podrá hacer hasta que no termine este bloqueo’”.

Tres piezas

Ante la debacle climática, “notificaron al Padre Inspector la imposibilidad de regresar a su sede y éste dispuso que se quedasen en Bariloche. Pero ¿adónde alojarse? ‘Nuestros bolsillos no daban para hoteles. Los primeros días los pasamos en una casa deshabitada cerca de la Capilla. Cuando vino su dueña emigramos a la de dos buenos viejitos. Pero al poco tiempo se llenó de chilenos, en tal forma que nos estorbábamos los unos a los otros para comer, dormir y hasta calentarnos’”, admitía el cura Marchiori.

Entonces, “no les quedaba otra alternativa que ponerse a levantar una vivienda. El Padre Marchiori no se amilanó ante la falta de recursos: dijo a la gente que si querían que el cura se quedase, le ayudasen a hacer la casa.

Todos prometieron colaborar. La Compañía Chile-Argentina hizo una rebaja del 30 por ciento sobre el precio de la madera dando además facilidades de pago. Contrataron un carpintero y trabajando a la par de él en quince días, a pesar de la lluvia, estuvieron terminadas las tres piezas junto a la capilla”.

La crónica indicaba que “el inquieto Padre Marchiori no se daba tregua un momento; a pesar del mal tiempo, durante todo el invierno daba catecismo todos los días a los niños y no perdía ocasión para atraer y reunir a la gente mayor. Así, con motivo del 12 de octubre reunió a los españoles para celebrar esa fiesta organizando para ello un coro”. Pero claro, el buen tiempo acabaría por regresar.

Según Dumrauf, “con la llegada de la buena estación el Padre Marchiori debía volver a sus excursiones misioneras, pero ‘sentiría el marcharme y dejar abandonado todo lo bueno que se empezó. ¿No sería posible que el Padre destinado para esta casa viniera a suplirme durante mi ausencia?’, manifiesta a su Superior. En efecto, el 10 de noviembre llega el Padre Julio Mauro con el hermano José Caranta para atender a la población mientras el Padre Marchiori volvía a sus interminables correrías misioneras, aunque no pocas veces alternaron sus ocupaciones”. Al fin, tuvo cura el pueblo.

La parroquia

El trabajo de Clemente Dumrauf señalaba que “con el establecimiento del Padre Marchiori y del Padre Mauro comenzó a adquirir forma la comunidad cristiana de Bariloche. Ardua fue la tarea durante los primeros años de infundir un poco de espiritualidad a esa gente llegada –la mayoría- a ese apartado rincón del país tras un afán puramente material. En su correspondencia y los periódicos relatos que envían al Superior de las Misiones van describiendo las penurias y dificultades que tienen que enfrentar y van superando lentamente con grande sacrificio”.

La vida continuó. “En 1924, el Padre Marchiori fue trasladado a Bahía Blanca y quedó a cargo de la casa el Padre Mauro hasta enero de 1928. Año clave para el despertar de Bariloche fue 1934, durante el cual ocurrieron tres acontecimientos que tuvieron decisiva influencia en el futuro desarrollo, tanto material como espiritual, de la región que rodea al Nahuel Huapi: la terminación del ferrocarril, la creación de Parques Nacionales y la diócesis de la Patagonia con sede en Viedma”.

En definitiva, “unas de las lógicas e inmediatas consecuencias de la creación de la diócesis fue la erección canónica de parroquias en las iglesias y centros de misión que en el antiguo Vicariato Apostólico funcionaban como cuasi-parroquias, adquiriendo así su debida jerarquización y todas las prerrogativas que el derecho eclesiástico confiere a las parroquias. El primer obispo de la Patagonia, Mons. Nicolás Esandi, por resolución del 21 de octubre de 1935, creó siete parroquias, entre ellas, la de San Carlos de Bariloche, que abarcaba los Departamentos de Bariloche, Pilcaniyeu, Ñorquincó y 25 de Mayo y comprendía una superficie de 50.000 kilómetros cuadrados. La vida espiritual de la parroquia comenzó así a tomar nuevo ritmo”.

Te puede interesar