La diabetes asociada a las enfermedades cardiovasculares
La diabetes es una de las enfermedades que ha vuelto a las primeras planas de la mano de buenas y malas noticias. Por un lado, el creciente número de pacientes que padecen diabetes tipo 2 ha llevado a las autoridades sanitarias del mundo a encender todas las alertas y promover cambios en el estilo de vida.
Por el otro, el desarrollo de nuevos tratamientos (fármacos y cirugía bariátrica) ha abierto nuevas esperanzas para los millones de pacientes que temen no solo los síntomas de la hiperglucemia sino también las complicaciones a largo plazo, que incluyen enfermedades cardiovasculares, ceguera, falla renal y amputaciones.
Desde 1989, el número de pacientes con diabetes se ha cuadruplicado en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud. Hoy se estima que más de 422 millones de personas padecen esta enfermedad, que causó la muerte de 5 millones de personas menores de 60 años en 2015, de acuerdo con datos de la Federación Internacional de Diabetes (FDI). Para el año 2030, el número de diabéticos ascenderá a 522 millones en el mundo.
En la Argentina, la prevalencia de diabetes ronda el 10% de la población mayor a 18 años. Más de dos tercios de los diabéticos mayores de 65 años mueren por causa cardiovascular y la prevalencia de diabetes en pacientes admitidos por síndromes coronarios agudos es superior al 20%, según escribieron expertos de la SAC en un consenso elaborado en 2016.
La necesidad frecuente de orinar, la sed, la fatiga, las infecciones recurrentes y la visión borrosa son señales de diabetes, una enfermedad que provoca aumento de glucosa y que cada vez aparece más asociada a la obesidad.
Según un estudio japonés recientemente presentado en el Congreso de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD, por sus siglas en inglés), la diabetes puede comenzar entre 10 y 20 años antes de que el paciente reciba el diagnóstico. Durante esta etapa, varios marcadores (glucosa en ayunas, por ejemplo) pueden estar aumentados, así como también el Índice de Masa Corporal (IMC). Para evitar la progresión a la diabetes, se debería intervenir mucho antes del estadio de prediabetes con mediaciones ligadas al estilo de vida o fármacos.
Los especialistas subrayan la importancia de actividad física regular (30 minutos diarios de ejercicio aeróbico o entrenamiento de resistencia es lo recomendado), el control del peso, la cesación tabáquica y la reducción del consumo de alcohol, además de una dieta saludable y adecuada para mantener bajos los niveles de azúcar en sangre.
En este sentido, una reciente revisión de ensayos clínicos nutricionales publicada en el British Medical Journal mostró que una alimentación basada en vegetales (frutas, verduras, legumbres, semillas) o una dieta completamente vegana mejoran los parámetros físicos y también el estado emocional de las personas diabéticas.
En todos los casos de diabetes, los especialistas aconsejan un enfoque centrado en el paciente que promueva una dieta saludable y la práctica de ejercicios, que respete sus preferencias, mejore su educación y promueva su autocontrol para evitar las complicaciones micro y macro-vasculares.