HOMICIDIOS DE CÁRDENAS Y CARRASCO
Físico forense brindó un testimonio comprometedor para policías acusados
Tal como estaba previsto, Rodolfo Pregliasco, miembro del Equipo de Física Forense, brindó detalles de un trabajo pericial cuya conclusión comprometió a los policías acusados de disparar balas de plomo y asesinar a Sergio Cárdenas, además de herir a otras seis personas. Su relato continuará este viernes con la segunda parte de la pericia, referida al aspecto balístico.
El trabajo desplegado por Pregliasco en el marco de la investigación por los crímenes del 17 de junio de 2010, comenzó a conocerse públicamente este jueves a partir de su aparición como testigo en el marco del juicio oral y público que se sigue contra jefes y empleados policiales acusados con distintos grados de responsabilidad por las consecuencias de aquella trágica jornada represiva.
Los antecedentes del físico, adelantaban un trabajo minucioso y profesional. Entre otros rimbombantes casos, Pregliasco intervino como perito en la causa que investigó el asesinato de Teresa Rodríguez en manos de la policía de Neuquén, la desaparición y asesinato del estudiante de periodismo Miguel Bru en La Plata, los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, en la Estación Avellaneda, la Masacre de Trelew, accidentes en medios de elevación en Catedral o en la causa que investigó la represión policial ocurrida tras la renuncia del presidente Fernando de la Rúa en diciembre de 2001.
Su trabajo resultó determinante para inculpar a los policías que están acusados por la muerte en agresión de Sergio Cárdenas. Este jueves durante el juicio, realizó un desarrollo explicativo de su actividad y las conclusiones finales de su trabajo.
Pregliasco hizo un meticuloso análisis de todas las imágenes que se aportaron a la causa, entre las que se destacaron más de mil quinientas fotografías de reporteros gráficos, y más de una hora de videos registrados por camarógrafos de Canal 6 y aficionados que hicieron filmaciones con teléfonos celulares.
La primera parte de su trabajo consistió en sincronizar todo el material disponible, lo que le permitió ir componiendo las escenas a partir de toda esa documentación, desde distintos ángulos y tanto en fotografía como en video.
Así, pudo determinar los movimientos de policías y manifestantes por las distintas calles de los barrios en que se producía la salvaje represión.
Algunos datos sorprendentes de su trabajo son la aparición de 16 imágenes de policías tirando piedras y uno de ellos con una gomera, o que llegó a contabilizar un máximo de 37 manifestantes, contra unos 60 efectivos policiales de distintas reparticiones: comisarías, BORA, Servicio Penitenciario y Brigada de Investigaciones. También destacó muchas imágenes en las que observó transeúntes y vecinos que no se involucraron con las protestas y siguieron su camino.
Otro dato que asusta, fue obtenido a partir de un video aportado por Canal 6, en el que durante 29 minutos se escuchan 348 disparos. Aclaró que la imagen fue obtenida de manera discontinua ya que quien las registró hizo cortes durante las tomas, por lo que calculó que en un lapso de dos horas se efectuaron cerca de mil detonaciones.
Según su trabajo, Pregliasco aseguró que el primer enfrentamiento serio entre policías y manifestantes, se produjo alrededor de la hora 13 del 17 de junio de 2010, frente al domicilio de la familia Bonnefoi. Su percepción fue que se trató de una reacción desproporcionada de la fuerza estatal ante un reducido grupo de personas que se manifestaban en el lugar, superados ampliamente en número por los uniformados.
Luego a partir del cotejo de imágenes y videos, logró determinar que Nicolás Carrasco fue herido entre las 16.21 y las 16.26. En función de ello intentó establecer el origen de los disparos, entre los dos o tres grupos de policías que rodean el lugar y realizan diversos movimientos en el área, ubicada a escasos metros de la intersección de las calles Onelli y Oses.
Lamentablemente la distancia desde la que fue obtenida una imagen de video y la calidad de la misma, no permitió identificar certeramente al grupo que efectuó los disparos letales, aunque Pregliasco se animó a aventurar que las balas partieron de las escopetas que portaba un grupo de uniformados que se desplazó por calle Oses y luego regresaron a Onelli.
La pericia de Pregliasco resulta más contundente respecto a lo ocurrido con Sergio Cárdenas, quien resultó herido sobre las 17.38 de aquella trágica jornada. El disparo que lo hirió gravemente integró una ráfaga de nueve disparos hechos desde la calle Sobral, a varios metros de la intersección con Onelli en dirección a Elordi. Un video casero obtenido del teléfono celular de un vecino captó la secuencia, aunque la imagen tiene baja calidad y por las condiciones imperantes y la distancia en que fue tomada, no aporta más que los sonidos: de esa ráfaga, un sonido refleja el rebote de un perdigón sobre una superficie dura y ello coincide con el proyectil que se extrajo del cadáver, por lo que pudo determinarse que fue el quinto disparo el que causó la muerte.
Con el método de cotejo de imágenes se determinó que el grupo que efectuaba esos disparos es el mismo que operó en Sobral y Onelli en distintas direcciones, avanzando por algunas o ambas arterias, llegando a la calle Guillelmo. Esa comitiva estaba integrada por 19 uniformados, de los cuales se separó en avances un grupo de seis, entre los que había cuatro armados con escopetas. Estos últimos permanecieron varios minutos por Sobral, separados del resto y disparando. Todos fueron identificados mediante imágenes, en función de las diferencias en su vestimenta y las imágenes fotográficas resultaron por demás elocuentes en relación a los acusados Marcos Epuñan y Víctor Pil, además de otros dos uniformados que además tenían sus rostros cubiertos.
Pregliasco aseguró que entre las 17.25 y 18.10, siete personas resultaron heridas en esa zona con postas de plomo, por lo que infiere que solo ese grupo disparó este tipo de proyectil. Se trató de los heridos Marillan, Santos, Oses, Riquelme, Fusiman, Saldivia y el propio Cárdenas.
Además, en su descripción de ese grupo, relató que no encontró dos policías con el mismo uniforme y así los pudo distinguir e ir analizando sus movimientos durante la jornada. Algunos tenían el pantalón dentro de las botas, otros por fuera; algunos llevaban gorras, otros gorros o capuchas; unos tenían las esposas en el cinturón, otros en el hombro; así como diferentes inscripciones en sus vestimentas, escudos o emblemas policiales; había algunos que portaban armas largas; había personal con guantes, y otras circunstancias. En definitiva, diferentes alternativas que a través del cotejo de imágenes, permitieron individualizar a los uniformados con la letra P y el númeral 1 al 19.
De tal manera, Pregliasco llegó a las imágenes en que los acusados aparecen en posición de disparo con sus escopetas, en la zona mencionada de la calle Sobral y concluyó exhibiendo imágenes en las que se observaba claramente los rostros de los uniformados. Aunque no los nombró, las imágenes fueron elocuentes: al que denominó P1, resultaba ser Pil; el que denominaba P6 resultó ser Epuñan y finalmente P4 y P19, aparecían ambos con gorros del tipo pasamontaña que no permitían su individualización, aunque el último lucía un chaleco balístico del Servicio Penitenciario Provincial y estaba vestido de civil.
Luego de horas de exposición, el tribunal decretó un cuarto intermedio hasta la mañana de hoy, en la que las partes podrán indagar y despejar dudas sobre el trabajo del físico forense y luego se dará paso a la segunda parte de su trabajo pericial, referido netamente a la cuestión balística. Además, está prevista la declaración de los últimos testigos del juicio.