Si hay una base china en Patagonia es asunto argentino
Con la excusa de la base china que funciona en Bajada del Agrio (Neuquén), la Patagonia aparece con insistencia en periódicos que ejercen influencia en Estados Unidos. Los comentarios están en línea con los intereses estratégicos de Washington y suelen tener su réplica en medios argentinos cercanos al gobierno nacional, los que a grandes rasgos, tienden a detectar demonios en Beijing y angelitos en la Casa Blanca. No, de intereses estratégicos argentinos, nadie habla…
Las instalaciones chinas son para seguimiento de sus satélites y exploración lunar, pero tanto en Europa como en Estados Unidos, argumentan que tienen la posibilidad de interceptar otros satélites. Según medios de Buenos Aires, la diplomacia argentina agudizó las tensiones entre asiáticos y norteamericanos en la Comisión Permanente de Desarme de la ONU, que funciona en Ginebra. Nuestros representantes propusieron que las estaciones espaciales fueran objeto de controles estrictos, no solo en la jurisdicción argentina, sino también en el resto del planeta.
La base china funciona desde 2015 en la provincia vecina, último año de la gestión gubernamental anterior. A través de sus funcionarios especializados, la administración de Donald Trump llamó la atención sobre sus posibilidades de uso, en particular, la hipotética chance de interceptar satélites. La polémica pasó a mayores en septiembre último, cuando la Argentina planteó en la ciudad suiza la necesidad de acordar un programa de prevención y limitación a las estaciones espaciales.
La “preocupación” estadounidense y europea reconoce larga data, aunque se actualizó al ganar la portada de “The New York Times”. En su momento, las autoridades nacionales avalaron la presencia china exclusivamente para “uso pacífico” pero según el matutino neoyorquino funcionaría como una suerte de Caballo de Troya en Sudamérica. La torre china pesa 450 toneladas y se ubica sobre un edificio de altura equivalente a 16 pisos.
Para el medio estadounidense, la solitaria base es un símbolo muy contundente de la estrategia que lleva adelante Beijing hace un par de décadas, con el afán de incidir en la transformación de Latinoamérica y de manera no tan indirecta, socavar sin prisa pero sin pausa, el poder político, económico y estratégico que tradicionalmente, ejerció Estados Unidos en la región. La especulación fue desmentida en repetidas oportunidades por la Comisión Nacional Aeroespacial (CONAE).
Según la entidad argentina, la infraestructura china no es apta para usos militares, no tiene capacidad de seguir misiles ni ningún otro artefacto de finalidades bélicas. Además, la CONAE está en condiciones de detectar transmisiones que no sean las autorizadas. El pez por la boca muere… El texto del “New York Times” revela su verdadera intención cuando destaca la “poca atención en el hemisferio” que prestó Estados Unidos en la última década, en contraposición con el “plan (chino) de gran alcance en Latinoamérica”.
Siempre según el medio estadounidense, el malo de la película “ha expandido el comercio de manera considerable, rescatado gobiernos, construido enormes proyectos de infraestructura, fortalecido los lazos militares y asegurado inmensas cantidades de recursos, enlazando su destino al de varios países de la región y viceversa”. Todo gracias a la buena predisposición de “presidentes de izquierda”.
Pero inclusive en tiempos de Cambiemos, la mera posibilidad de usos militares fue nuevamente rechazada por la CONAE, quien en 2016 compartió con la británica BBC la Carta de Compromiso de 2014, por la cual la empresa estatal china Lanzamiento de Seguridad y Control de Satélites (CLTC) establece que los objetivos de la estación son “totalmente civiles y no será operada por personal militar”.
El acuerdo entre China y la Argentina incluye un predio de 200 hectáreas con una zona de exclusión de frecuencias de 100 kilómetros de radio. Las instalaciones requieren de comunicaciones a través de rutas y fibra óptica pero a la vez, aislamiento. Los convenios bilaterales establecen un comodato y exenciones impositivas por 50 años para “instalaciones de seguimiento terrestre, comando y adquisición de datos”, cuyo costo inicial es de 50 millones de dólares.
En junio último, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, informó al Congreso que la CONAE acompaña el Programa Chino de Exploración Lunar (CLEP) que arrancó en abril para “brindar apoyo durante el lanzamiento del satélite lunar de comunicación remota QueQiao -etapa preliminar antes del lanzamiento de la misión Chang-E 4- prevista para fin de este año”. Añadió que los proyectos chinos “son comunes a realizar con la estación DS3 de la ESA (Unión Europea) en Malargüe, por ser ambas estaciones muy similares”. Pero en su visita a Buenos Aires, el jefe del Pentágono, James Mattis, planteó la preocupación de Washington ante el ministro de Defensa argentino, Oscar Aguad.
Como siempre decimos, no se trata de cambiar de collar. Pero las cosas que suceden en la jurisdicción argentina, son de incumbencia de la Argentina.