La ONU no sirve pero hace más falta que nunca
Con solo leer el artículo primero de la Carta de las Naciones Unidas, se puede tener una cabal dimensión del fracaso: “mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz; y lograr por medios pacíficos, y de conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz”.
Hoy se conmemora el Día de la ONU, aniversario de la entrada en vigencia en 1945 de su documento fundacional. Al ratificarse por la mayoría de sus signatarios, entre ellos, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, comenzó su funcionamiento formal. La jornada se festeja desde 1948 y en 1971, la Asamblea General recomendó a los estados miembros que pongan de relieve la celebración.
Todavía crepitan las armas y explotan bombas en demasiados lugares. El surgimiento del así llamado Estado Islámico dejó al desnudo qué tan inútil fue la agresión estadounidense contra Irak, hace ya 15 años Las tropas norteamericanas nunca se retiraron de Afganistán e involuntariamente, la población de Pakistán pasó a la historia por ser la primera en sufrir los ataques de los drones. ¿Mantener la paz y la seguridad internacionales?
Sin embargo, coincidimos con los conceptos que refiere sobre sí misma la entidad: “la labor de las Naciones Unidas resulta más necesaria que nunca en esta época de múltiples crisis. La pobreza, la enfermedad, el terrorismo, la discriminación y el cambio climático se están cobrando un elevado precio. Millones de personas siguen padeciendo situaciones de explotación deplorables debido al trabajo servil, la trata de seres humanos, la esclavitud sexual o las condiciones peligrosas en las fábricas, los campos y las minas. La economía mundial sigue siendo un terreno en el que no todos actúan en pie de igualdad”.
Añadimos que en la gestación de las “múltiples crisis”, muchísimo tienen que ver las grandes potencias, entre ellas, varias de las que se sientan de manera permanente en el Consejo de Seguridad. Hay que recordar que después de la Segunda Guerra Mundial, la fundación de las Naciones Unidas constituyó un solemne compromiso con la población, para poner fin a los atropellos contra la dignidad humana y abrir el camino a un futuro mejor. Se sufrieron reveses dolorosos y quedan muchas tareas por delante, pero sus logros pueden infundir ánimo.
El primer artículo de la Carta se completa con incisos que prescriben “fomentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos, y tomar otros medidas adecuadas para fortalecer la paz universal” además de “realizar la cooperación internacional en la solución de problemas internacionales de carácter económico, social, cultural o humanitario, y en el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión”. Por último, establece que la ONU deberá “servir de centro que armonice los esfuerzos de las naciones por alcanzar estos propósitos comunes”.
Precisamente, si hay postulados que cayeron en saco roto desde septiembre de 2001 a la actualidad, son “la igualdad de derechos” y “la libre determinación de los pueblos”. Quizás a raíz de sus permanentes violaciones por parte de las grandes potencias, sea más necesario que nunca traer a colación los grandes postulados de la Carta de la Naciones Unidas, aunque no por difundirla logremos que Washington y Bruselas actúen de otra manera.
El segundo artículo profundiza varios de los conceptos cuando asevera que “la organización está basada en el principio de la igualdad soberana de todos sus miembros” y que éstos, “a fin de asegurarse los derechos y beneficios inherentes a su condición de tales, cumplirán de buena fe las obligaciones contraídas por ellos de conformidad con esta Carta”. No queremos aburrir pero queda claro quiénes son los que violan en forma permanente postulados tan prístinos.
Otros incisos establecen que las partes “arreglarán sus controversias internacionales por medios pacíficos de tal manera que no se pongan en peligro ni la paz y la seguridad internacionales ni la justicia”. Además, la Carta de la ONU especifica que sus miembros “en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas”. En un hipotético ranking de violadores al documento fundacional, al tope figurarían quienes curiosamente, fueron sus redactores.