JUICIO POR HOMICIDIOS DE CARDENAS Y CARRASCO
“No quería perder a mi mejor amigo adentro de mi casa”
El contundente relato pertenece a Jonathan Gallardo, que fue herido durante la jornada del 17 de junio de 2010 y además, perdió a su mejor amigo, “Nino” Carrasco, a quien intentó asistir y ayudar. Manifestó temor por su declaración y trazó una cruda realidad: “La vida de los pibes del barrio no vale”.
Gallardo y sus ocho hermanos tuvieron una crianza difícil y Jonathan tuvo que salir a la calle a vivir: “Si algo me enseñó la calle fue el respeto y gracias a Dios nunca se me pegó nada ajeno”, señaló al explicar que pese a las carencias, nunca incurrió en el delito como forma de vida. También demostró que pese a las dificultades, aprendió de la cruda realidad: “¿Usted nunca vivió en un barrio?”, le contestó al defensor oficial Marcos Cicciarello, ante una pregunta del letrado y siguió “La policía nos margina siempre, siempre van a ser más que uno porque usan uniforme”.
En relación a los hechos investigados Gallardo contó que “Fue un día largo, muy largo. Se escuchó el rumor de que un pibe había caído, no quise saber quién era”, contó. Más tarde supo que Diego Bonnefoi había sido muerto por una bala policial por la espalda y salió a la calle: “Había un montón de gente y mucha policía. Estaban preparados para la guerra, pero no había guerra, había pibes pidiendo por su amigo. Era una batalla campal”.
Más adelante en su relato agregó “Fue muy shockeante ver como empezaron a reprimir después, reprimieron por todos lados, para todos lados. Todo el barrio con un olor a bronca y furia de los pibes”, y siguió “Todos los pibes que alguna vez la policía había bardeado, iban a sacarse la bronca”.
Y siguió “Nos empezaron a juntar y a encerrar, yo me agachaba y tiraba piedras y no había visto que atrás tenía otro grupo de policías y sentí un fogonazo”. Gallardo entró a su casa al sentir un impacto arriba de su nariz, en medio de sus ojos. Le preguntó a su madre si estaba herido, pero solo tenía una marca compatible con una posta de goma.
La secuencia, que ya había sido relatada por otros testigos, ubicaba tres grupos policiales avanzando sobre los manifestantes. Todo ocurrió en calle Oses y la policía se aproximaba desde Onelli, Elordi y un tercer grupo por “el túnel”, un pasadizo interno del barrio.
Seguidamente un grupo de entre 10 y 15 pibes irrumpieron en su casa, los últimos dos eran sus hermanos asistiendo a “Nino” Carrasco, que venía herido, mientras la policía se quedó junto a la puerta de la vivienda esperando que “alguien se asome”. “Sentimos impotencia por no poder hacer nada, estábamos presos en mi casa”, dijo el testigo.
“Le pregunté ¿Nino estás bien? Me dijo que sí y al toque se cayó. Le levanté la campera y le vi dos balazos en la espalda y otro en la pierna. No quería perder a mi mejor amigo adentro de mi casa, así que lo levanté y lo llevé hasta la entrada. Le hicimos respiración”. En ese lapso de tiempo arribó al lugar Carmen Curaqueo, la mamá de “Nino” y lo reprendió “te dije que no vengas”. Mientras tanto, “nadie quería ayudar, la ambulancia no venía y Nino se empezó a poner frío, atinamos a abrigarlo y vomitó espuma con sangre. Le dije ‘amigo, cuando te mejores te voy a ver’. No me habló pero me dijo que sí”, relató haciendo alusión a la expresión del rostro.
“Nosotros debatíamos, ¿nos tirarán con plomo? No sé, vamos a tirarle piedras”, explicó el testigo señalando que levantaban los cartuchos que encontraban en el piso y decían antitumultos. Además, relató que la jornada fue de “un ida y vuelta permanente. La policía recuperaba espacio y lo recuperábamos nosotros”. “La misma policía levantaba las vainas servidas, excepto cuando lográbamos hacerlos retroceder”, subrayó.
“No quería venir a declarar porque toda la vida tuve bronca con la policía o ellos contra mí. No quería volver a recordar esto. Pero sé que él va a poder descansar en paz”, relató y agregó “mi maldad era tirarle puchos a los pibes presos y después ¡cómo me daban!...”.
“Nunca me imaginé que iban a tirar plomo”
Carlos Moreno, otro testigo que declaró este martes ante el tribunal de juicio, era cuñado de Sergio Cárdenas y aquel día lo vio morir. “Salimos de la casa y fuimos a buscar a Gastón Riquelme. Vimos que estaban tirando piedras”. En un momento determinado encontraron al familiar que buscaban. “Sergio bajó a buscarlo y cuando se dieron vuelta le dieron. Policías había un montón, lo revisamos a Sergio para ver que tenía y tenía un balazo”.
Luego agregó “El grupo de policías venía disparando por la vereda y por el medio de la calle. Caminaban mientras disparaban, pero nunca me imaginé que iban a tirar plomo. Estaban a 50 metros”. Luego resumió “Fue todo muy rápido, vimos que estaba mal, se puso morado. Pasó un auto e intentamos subirlo”.
Gastón Riquelme, el cuñado de Cárdenas también declaró el martes en el juicio. “Me enteré de lo de Diego Bonnefoi y fui a tirar piedras”. “Era como una película, se posicionaban para matar. No tiraban a las piernas, tiraban al cuerpo”, sentenció. Entre las imágenes que recordó destacó la de una integrante de la policía que estaba vestida de civil y juntaba las vainas servidas y entregaba cartuchos a los escopeteros.
En un momento un proyectil de plomo lo alcanzó en una de sus piernas. “Vino Sergio a levantarme y cuando miro para atrás cae arrolladito. Fernando Vázquez me ayudó a levantarme y yo salgo, él volvió a ayudar a Sergio”.
Luego de su testimonio, le exhibieron varias fotografías reunidas en álbumes que están adjuntados al expediente judicial y allí reconoció “a un policía alto” que disparaba todo el tiempo y a la mujer que juntaba los cartuchos del suelo.
“Fue una especie de emboscada”
Pablo Domínguez, otro testigo que declaró durante la jornada del martes, relató que por la mañana estaba frente al domicilio de la familia Bonnefoi. En ese lugar, Sandro Bonnefoi había pedido calma a los vecinos porque querían velar a Diego en paz. Según su relato, de repente salió la policía a “tirar gas y balas de goma y muchos, entre los que me incluyo, comenzamos a tirar piedras”. “En un momento formaron y tiraron todos juntos contra la vivienda de la familia Bonnefoi. Eso provocó más reacción de la gente para repeler ese ataque de la policía”.
“Fue una especie de emboscada porque el conflicto era en calle Onelli. Nos hicieron retroceder hacia Elordi y ahí venía otro grupo de policías por Elordi. Me metí en la casa de la familia Gallardo y vi a Nino tirado en el piso, arrollado, no se podía mover ni hablaba”.
“Los veía en un peligro terrible, los quise entrar y no pude”
Elba Morrison, madre de cuatro hijos varones, no pudo contenerlos pese a que intentó reiteradamente que se quedaran dentro de la vivienda y no estuvieran en la calle tirando piedras contra la policía todo el día. “Los veía en un peligro terrible, los quise entrar y no pude”, graficó y agregó “No me detuve a mirar, pero había disparos, muchos”.
En un momento determinado escuchó que golpeaban para entrar a la casa y cuando abrió la puerta era “Nino” Carrasco herido. “Dijo que le ardía, yo nunca lo había visto”, explicó.
“Todos estos años fueron un caos porque la policía nunca ha parado de perseguir a mis hijos. Uno se tuvo que ir lejos, hacía más de cuatro meses que no lo veía”, expresó y detalló que nunca pudo identificar a los uniformados que permanentemente la hostigaron, pero señaló algunas frases intimidantes y amenazantes por demás elocuentes: “Si quiero te lo devuelvo vivo” o “te lo devuelvo en una bolsa”, en relación a uno de sus hijos que permanentemente fue detenido o demorado por las autoridades.
“Yo traté de educarlos, hoy todos trabajan y todos fueron padres, pero la policía siempre los está buscando”, señaló, “hice denuncias y nunca llegan a nada”.
“Estábamos todos mirando y empezaron a reprimir”
Franco Saldivia observó el partido que el seleccionado argentino de fútbol le ganó por goleada al de Japón por la segunda fecha del grupo B del campeonato mundial realizado en Sudáfrica aquel año. Tras ello, como muchos, salió a festejar por las calles céntricas de la ciudad.
Al regresar al barrio observó lo que ocurría. Por entonces tenía 17 años y se encontró con muchos chicos de su edad tirando piedras y ruidos de disparos policiales por todos lados. Cuando le preguntaron si había tirado piedras respondió “Nada de eso, estábamos todos mirando y empezaron a reprimir”.
Dijo que “la policía venía en fila y tiraron gas, por lo que no se veía nada. Yo me di vuelta y salí corriendo y ahí me dieron en la pierna”. Aún tiene un proyectil de plomo alojado en el lugar, porque los médicos que lo asistieron le dijeron que no era conveniente extraerlo.
Continuará en noviembre
Más allá de que en los días siguientes seguirá la recolección de testimonios, con seguridad el caso se extenderá al menos un par de semanas más. Es que Rodolfo Pregliasco, físico forense del Instituto Balseiro que realizó una pericia determinante para la teoría acusatoria, debió ausentarse de Bariloche por unos días y recién estará de regreso el 1º de noviembre. Por ello, pese a que estaba citado para este miércoles, el tribunal aceptó el planteo de la fiscalía y destinó con exclusividad la jornada del 1º de noviembre para su relato.
Aunque hubo acuerdos entre las partes para incorporar por lectura anteriores declaraciones testimoniales de algunos testigos citados y también desistieron de la convocatoria a algunos otros, hasta el momento han declarado unas cincuenta personas durante el juicio. Se espera por la presencia de algunos sobre los que la parte querellante ha insistido especialmente y hasta el momento no concurrieron.
Por otro lado, si la defensa mantiene la estrategia de ampliar la declaración indagatoria de los acusados al terminar la rueda de testimonios, habrá que pensar que las audiencias podrían continuar extendiéndose en el tiempo.
Los problemas de agenda no son pocos, pues hay otras audiencias de juicio en causas muy importantes que ya estaban fijadas y que seguramente tendrán que ser reprogramadas ante la participación de algunos de los abogados que actúan en la causa Cárdenas - Carrasco.