2018-09-19

Comienzan las tareas de un nuevo proyecto para el cañadón que une el Vivero con el Arrayanes

Desde la junta vecinal del Arrayanes han decidido recuperar un espacio verde que históricamente ha causado inconvenientes; se trata del cañadón que conecta los dos barrios.

Innumerables veces han realizado campañas de limpieza, sin ir muy lejos, durante el mes de enero se cargaron allí 100 contenedores de basura y hoy, nuevamente lo han convertido en un vertedero.

Máximo Calfuquir, integrante de la junta vecinal del barrio Arrayanes, ha mantenido reuniones con instituciones y particulares, y en rueda de prensa anunció que a partir de esta mañana comenzarán las tareas de un proyecto conjunto.

El espacio al cual se refirió está ubicado en su parte más alta frente a la escuela Nº 310, sobre Onelli, y en la zona más baja, en la calle Rivadavia. Son muchos los vecinos de ambos barrios que lo utilizan como un paso para acortar camino, incluso los chicos que concurren a la escuela circulan por allí, poniendo en riesgo su salud e integridad física.

Una de las laderas del cañadón cuenta con viviendas muy precarias, fruto de una toma que poco a poco fue creciendo; allí la gente vive rodeada de basura, y en verano, el olor nauseabundo es un clásico en sus hogares.

“Algunas personas vienen con autos o camionetas a descargar aquí su basura pero tenemos que reconocer que muchos vecinos de nuestro barrio también lo hacen”. Entonces no solo se trata de proyectar sino que además, deberán trabajar en un cambio de conciencia social para que todos se apropien de ese espacio y ayuden a mantenerlo limpio.

Restos de electrodomésticos, comida en mal estado y perros muertos es lo primero que se ve al recorrerlo en sus casi 300 metros de largo. Aguas servidas que bajan de las casitas y ratas que salen disparadas al tocar cualquier colchón viejo o bolsa de residuo. Un panorama que ha obligado a tomar cartas en el asunto pero de manera articulada porque solos, no podrían hacerlo.

En la conferencia de prensa estuvieron presentes Damián Miranda y Luciana Nemcek, inspectores de Veterinaria y Zoonosis, Marisa Mena, subjefa del SPLIF Bariloche y su directora, Patricia Montenegro, Ricardo Kona, director de Juntas vecinales y Delegación. Alumnos de cuarto, quinto, sexto y séptimo grado de la escuela Nº 310, sus docentes y su director Fernando Montiveros, Germán del barrio Argentino, e integrantes del centro de adultos mayores.

El proyecto

Todas las instituciones, de manera conjunta, han aceptado un desafío para nada simple, algo que llevará tiempo pero que los resultados, contando con la colaboración de todos, podrán ser muy beneficiosos.

“Calculamos que la parte inicial nos llevará aproximadamente un mes y de allí en más, habrá que aplicar pautas para su mantenimiento”, dijo Calfuquir.

Muchos alumnos de la escuela se ven perjudicados al transitar por ese sector, entonces han decidido ser parte de este cambio, por medio de su docente Karina Teófilo, responsable del taller de Medio Ambiente. “Trabajamos con reciclado y cuidado de nuestro entorno”, explicó. “Todo el tiempo apuntamos a la concientización para que los chicos lleven el mensaje a sus familias, colaborando así en el cambio que debemos lograr entre todos”.

En poco tiempo podrán aplicar sobre la tierra lo aprendido en el aula, “el proceso de fotosíntesis lo irán viendo día tras día, con el crecimiento y cuidado de las plantas que ellos mismos van a sembrar”, agregó. Hasta el momento solo han visto cuáles son los materiales que tardan años en degradarse porque de ida y vuelta a sus hogares, ven la misma basura durante años que permanece intacta en el suelo o entre los árboles.

En primer lugar se realizará una poda y desrame por parte de personal del SPLIF. Montenegro dijo al respecto “este es un lugar de conflicto fuerte cada verano, por eso esta iniciativa de recuperarlo es muy buena, trabajaremos mucho en la parte inicial pero seguramente tendremos menos salidas por focos de incendios en enero”.

Cuando hay un incendio en ese sector es de interfase porque hay bosque y viviendas, por lo que ante cada llamado telefónico, acuden tanto desde el SPLIF como de Bomberos Voluntarios. “Comenzaremos con el apeo y reducción de combustible forestal, luego todos los residuos domiciliarios los retirará personal del municipio”, detalló.

Desde el centro de adultos mayores trabajarán en el medio del cañadón, en una huerta comunitaria y criadero de aves, emprendimientos que ayudarán a un mejor desarrollo de la institución que integran; en la parte alta sembrarán los niños de la escuela y la parte baja será convertida en una cancha de fútbol para que los chicos no deban seguir jugando en la calle cada fin de semana.

Kona, además de ser el director general de Juntas Vecinales del municipio, realiza tareas en delegación de coordinación, logística y distribución de elementos, “si bien es cierto que estamos muy bien equipados con respecto a tres años atrás, nunca es suficiente”.

Señaló “lo que se persigue es que todas las delegaciones funcionen como un mini municipio, que tengan las respuestas técnicas y el equipamiento, por eso tenemos que optimizar los camiones, máquinas e infraestructura para estar presentes en todos lados”.

Al referirse puntualmente al tema del cañadón dijo “tenemos elevado a Nación un proyecto de saneamiento integral, también de la Barda del Ñireco y otros lugares que son de mucho trabajo y que requieren de fondos específicos”.

Reconoció que vienen de un gran retraso en cuanto a la acción municipal “muchos años que trascienden a este gobierno, por eso cuesta poner en marcha la maquinaria, depende de la aprobación de Nación y del dinero pero por ahora no podemos dar la espalda, por eso vamos a acompañar esta iniciativa de los vecinos sumando todo lo que esté a nuestro alcance”.

Sabe que no solo se trata de limpieza, “cuando saquemos toda la basura y lleguemos a la tierra, veremos todos los efluentes clandestinos que contaminan el agua, que se arrojan allí desde el barrio y ahí comenzará otra etapa de obras y tratamiento específico del tema”.

“Esto es seguridad pública” remarcó Kona “un problema social que no solo compete a los vecinos adyacentes sino a toda la gente que se siente agredida al ver un basural a cielo abierto desde sus ventanas”.

Deberán ser entonces, en primer lugar los vecinos más cercanos a cañadón, quienes deberán informar y estar alerta ante la presencia de personas arrojando basura en ese espacio. Además se solicitará una cámara de seguridad que apunte directamente a esos 300 metros y luminarias.

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