2018-09-02

FIN DE UNA LARGA ETAPA

Ana María Giménez: 43 años de esfuerzo y dedicación en el Registro Civil

Dio sus primeros pasos en el trabajo con el juez Fabbri, recorrió barrios junto a Alberto Icare, registró los nacimientos de personas a las que después casó y volvió a casar a sus hijos. Una gran mujer de la vida social barilochense, puso punto final a su vida laboral.

Hace poco más de cuatro décadas una jovencita de 17 años, hija del reconocido y siempre homenajeado don Jacinto Giménez (dirigente justicialista) llegaba con toda sus ganas y jovialidad a un lugar donde nunca pensó que permanecería tanto tiempo.

Esa chica que luego formaría una hermosa familia, es Ana María Giménez. Si algún lector barilochense no la recuerda o no la conoce, basta con chequear su partida de nacimiento, de alguno de sus hijos, una renovación del antiguo DNI o por qué no, la libreta de matrimonio. Allí, seguramente, encontrará su firma y sello.

Un par de generaciones pasaron por sus manos, con recuerdos imborrables. Mientras miles de nuevas vidas llegaban al mundo y otras lo dejaban, ella hacía su trabajo, con gran dedicación. Así fue creciendo día tras día, hasta llegar al último luego de 43 años.

“Es difícil caer que llegó mi último día de trabajo. No había comentado nada, solo a unas pocas personas. Por suerte no tengo nada malo para decir de este resumen de mis 43 años de experiencia en el Registro Civil. Me voy contenta, feliz. Realicé el trabajo, no sé si muy bien, regular o mal, pero fui una laburadora desde el primer día”, señaló Ana María a El Cordillerano.

La mañana del viernes parecía ser una normal, hasta que un grupo de sus exdirigidos llegó con un ramo de flores a visitarla, agasajarla y felicitarla. Difícilmente se repitan escenas de este tipo: empleados homenajeando a quien fuera su jefa durante una buena cantidad de años. El reconocimiento de ser buena gente, buena persona.

“No lo quería comentar mucho, solo dos de mis hijos estaban al tanto de mi jubilación. Cuando se fue enterando el resto, el teléfono no paró de sonar, los chicos que trabajan en el Registro vinieron con flores, mi hijo también me trajo y me agradeció por el esfuerzo y que nunca les haya faltado nada. A medida que va pasando todo esto, me voy dando cuenta. La verdad que es mucho tiempo. Tenía 17 años cuando empecé a trabajar”, dice Ana visiblemente emocionada.

De esas primeras jornadas de trabajo y del acompañamiento permanente, Ana recuerda a una persona: Héctor Mario Fabbri. “El juez de Paz fue mi gran maestro a nivel laboral y si llegué adonde lo hice fue por su gran respaldo. Siempre me enseñó, me retó y me permitió llegar hasta acá. Un señor”, relata.

La labor del Registro Civil conlleva estar muy cerca de la gente y Ana María Giménez aprendió eso hace mucho tiempo. Y en ese aspecto también tuvo alguien que la acompañó. “La primera persona con la que salí a hacer una campaña fuera del Registro, fue ‘Beto’ Icare, cuando todavía era dirigente barrial allá por los 80. Con él empezamos recorriendo los barrios, cumpliendo también con pedido de mi papá que era del Partido Justicialista, de que el Registro salga a ver a los vecinos. Siempre recuerdo a Beto por ser una gran persona”, comenta.

El tiempo trascurrido y la labor realizada le deja muchas cosas por contar. “Casé mucha gente que había inscripto cuando nacieron en los 70 u 80 y con los años los tuve que casar. Fueron muchos. También casé matrimonios, a los que después inscribí a sus hijos y luego casé a esos hijos. Es toda una vida haciendo un trabajo que amo profundamente y que me dio la posibilidad de criar a mis seis hijos y eso es muy importante”, evaluó Ana María.

Ahora entiende que “ha llegado el momento en que uno tiene que dar el lugar a quienes vienen atrás, porque si bien tengo fuerza para seguir cinco años más, lo cual pensé en un momento, también pensé en los jóvenes que tienen el derecho de hacer una carrera administrativa y llegar hasta donde yo lo hice, el de ocupar el cargo de jefe del Registro Civil”.

En ese puesto estuvo varias décadas, aunque el último año y medio pidió estar a cargo de la Delegación del Hospital, una de sus metas. Allí hay una gran demanda, pero desde ya, en menor escala que la sede del Centro Administrativo. “Yo quería terminar trabajando acá. Lo más lindo que me llevo, son los compañeros. Alejandro y Daniela, con quien trabajamos acá, hicieron que el tramo final de mi carrera haya sido tranquilo y relajado. Eso es muy lindo”.

La última jornada de Ana María pasó rápido, demasiado, más de lo que ella se hubiese imaginado. Con trabajo, llamados, entrevistas, regalos y agasajos. Pero sin dudas, cada persona que se acercó le agradeció y reconoció tanto esfuerzo. “El balance de estos 43 años es muy bueno, ahora es momento de ir a casa a descansar”, reflexionó finalmente.

Te puede interesar