2018-09-01

El dios mercado aprieta y ahorca

La última jornada hábil de la semana marcó el fin en la seguidilla del dólar, que había trepado, en ocho días consecutivos, hasta alcanzar alturas estratosféricas el último jueves. Sin embargo, que el Banco Central tuviera que subastar 675 millones de la divisa estadounidense para dejar la cotización apenas por debajo de los 38 pesos no tranquiliza a nadie ni alcanza para despejar las múltiples incógnitas que se abaten sobre el corto plazo.

La incertidumbre general y la evidente desorientación que atrapó al elenco gobernante suman tensión no sólo a la coyuntura económica, sino también al momento político. Para la jornada de mañana, se aguardan anuncios de la conducción económica y más vale que sean de fuste, porque fue después de las declaraciones que hiciera el presidente el último miércoles que comenzó a desencadenarse la megadevaluación.

Estas recibieron el refuerzo de su imperturbable jefe de Gabinete en la mañana del jueves, cuando comenzaban las reuniones del Consejo de las Américas. Imposible no emparentar el gesto de Marcos Peña con la inercia con que enfrentó el gobierno de la Alianza la crisis en 2001, aunque es verdad que también hay considerables diferencias. Sin embargo, el “riesgo país”, el índice del cual nos habíamos olvidado por años, está a niveles que encienden todas las luces.

Ni siquiera el más ferviente partidario de Cambiemos puede discutir que, en el corto plazo, se irán a agudizar las condiciones preocupantes de la economía, a tal punto que se empezó a hablar de un adelantamiento de las elecciones para evitar que la crisis ineludible incida de manera decisiva en la campaña electoral. Incluso, se menciona la unificación de las fechas y la reforma de la ley que instituyó las PASO.

Esa maniobra eleccionaria tendería a aprovechar que la oposición, atrapada en un laberinto del cual difícilmente pueda salir, sea capaz de un armado eficaz frente al oficialismo. Sin embargo, el aumento constante en los valores de las canastas que determinan la pobreza y la indigencia no juega a favor del sueño de la continuidad. Precisamente, la reformulación del acuerdo con el FMI parece la anteúltima carta que le queda a la Rosada. Mañana se referirá Dujovne al asunto.

El último naipe puede costarle muy caro al gobierno: un pedido de auxilio a bancos estadounidenses e incluso a la Casa Blanca, sólo con el horizonte de llegar a 2019 sin caer en cesación de pagos. Hay que ver si la mayoría de los y las votantes que respaldaron al gobierno en las elecciones de 2017 se muestran dispuestos a una versión contemporánea de aquellas vergonzosas “relaciones carnales” de los 90.

Pero más allá o más acá de los 41 pesos a los que llegó a cotizar el dólar, la economía real no hace más que achicarse: se contrajo 6,7 por ciento en junio contra idéntico mes del año anterior, que tampoco fue una fiesta. No por nada sólo pudieron escapar a la tendencia el sector financiero e inmobiliario, aunque el último también acusó recibo, en las últimas semanas, al dejarse conmover por las increíbles trepadas del billete verde.

El agro cayó 3,1 por ciento, la industria el 7,5 por ciento y el comercio 8,3 por ciento; quiere decir que la recesión se extiende. Antes del estrépito de la semana que hoy finaliza, consultoras del exterior avisaban que la caída del PBI sería superior al 1 por ciento al finalizar 2018, mientras que sus colegas locales calcularon la retracción en 1,8 por ciento. ¿A cuánto llegará después de la debacle?

Si algo perdió sentido en los últimos cinco días es la actividad de pronosticar en materia económica. Cuando el dólar estaba a 32 pesos –no en el siglo pasado, el miércoles último- se pensaba que la inflación anual tendría como piso 35 por ciento y que la pobreza llegaría al 33 por ciento. ¿Y ahora? Recordemos que el actual presidente arribó a la Casa de Gobierno con una promesa de reducirla al 0 por ciento…

Mientras el Tesoro clama por dólares, en los primeros siete meses de 2018, salieron del país 20.000 millones, los que suman 52.000 desde finales de 2015. En tanto, la deuda pública del Estado ya representa el 70 por ciento del PBI y la cancelación de intereses significa el 2,6 por ciento. Que Peña siga explicando el desbarajuste por las rémoras estructurales y por la situación externa insulta la inteligencia de los argentinos y argentinas.

Los obstáculos de estructura y los factores exógenos existen, pero después de cinco meses de tobogán, el gobierno tiene que entender que el “dios mercado”, a quien elevó todas sus plegarias desde aquel 10 de diciembre, dejó de creer en su “revolución de la alegría”. A ver qué padrenuestro ensaya ahora…

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