Sin mí, no podés
Muchas personas sienten que no pueden vivir solas, cuando alguien se va de su lado. “¿Y ahora cómo sigo?”, se preguntan. Es lo que sucede cuando alguien no puede ver su potencial interior y su propia valía. Pero tantas otras personas generan esa dependencia emocional en otros que se convierte casi en un enorme “lazo que asfixia”.
Una persona dependiente, por lo general, es alguien dócil, delicado, amable, educado y extremadamente servicial. ¿Por qué desarrolla estos rasgos? Porque en su interior se siente indefenso. Como resultado, vive buscando lo que cree que no tiene. Y de esto se aprovecha muy hábilmente quien asfixia.
Todos los seres humanos somos dependientes cuando nacemos. Un bebé, o un niño pequeño, dependen totalmente de su mamá y de su papá. En la época actual, muchos hijos siguen dependiendo de sus padres hasta los 18 años, o incluso más, sobre todo debido a la situación económica. Ahora, es perfectamente normal ser dependiente en los primeros años de vida, pero a medida que pasa el tiempo, la persona se va haciendo adulta y debería aprender a hacerse responsable de sus decisiones y elecciones, es decir, a independizarse. Y los padres tienen que respetar eso.
Cuando uno sigue dependiendo de otros, ya no solo de sus padres, en la adultez tiene que pagar un precio muy alto. La razón de ello es que, cuanto más dependiente sea, se topará con personas buenas, pero también con personas con rasgos tóxicos que, como mencionamos, desarrollan el hábito de asfixiar a quien tienen al lado. Se trata de gente maltratadora y, en algunos casos, hasta psicópata.
Quien depende de otro va por la vida en busca de la seguridad y la protección que, muy probablemente, le faltó en la infancia en algunos casos. Mientras que quien asfixia a otro pretende, de modo consciente o inconsciente, manipular y sacar algún provecho. Es así como hoy en día somos testigos de personas (en su mayoría mujeres) que están al lado de una pareja que las descalifica a tal punto que llegan a creer que no sirven para nada y obedecen todos sus mandatos impuestos. Alguien dependiente es capaz de resistir el sufrimiento hasta niveles inimaginables porque prefiere soportar el maltrato antes que la angustia de la soledad.
Pero no solamente hay dependencia con una pareja sino además con la familia, con los hijos, con los amigos y hasta con un jefe o una jefa. Se es dependiente cuando hay alguien que no nos permite pensar, decidir y elegir según los sueños que cada uno tiene en su corazón. Solamente cuando tenemos en claro quiénes somos y cuánto valemos, somos capaces de relacionarnos de manera sana con los demás sin permitir que nadie venga a asfixiarnos y a alimentar la dependencia en nuestra vida.
¿Cómo actuar frente a alguien que desea asfixiarnos y hacernos creer que, sin él o ella, no podemos vivir?
Fundamentalmente reforzando la imagen que tengamos de nosotros mismos (autoestima). Porque tal como nos vemos, así terminamos actuando. Si uno se ve a sí mismo como débil e indefenso, es muy fácil que caiga preso de alguien tóxico que venga a asfixiar. En cambio, si uno se ve como una persona segura, confiada, capaz y tranquila, atraerá a gente sana a su vida. Como reza el dicho: “Lo semejante atrae a lo semejante”. ¿Qué estás atrayendo hoy a tu vida?
Aquel que, frente a la desvalorización y la descalificación de los demás, escoge pensar: “No me importa” sabe quién es, cuánto vale y está enfocado en su proyecto de vida antes que en las palabras y las acciones de los demás. Es verdaderamente libre.
Si tenés alguna consulta, podés escribirme a bernardoresponde@gmail.com.