En manos de 200 empresas dementes
Lejos de “cuadernos” y allanamientos, en Europa, se reavivaron preocupaciones menos mundanas. Hasta el momento, el invierno de Bariloche no tuvo nada de excepcional pero las marcas que alcanzaron las temperaturas en buena parte del hemisferio Norte, en coincidencia con su verano, profundizaron alarmas que, en rigor, ya estaban encendidas. El intensísimo calor hizo que las miradas se volvieran a centrar en el calentamiento global, la única tendencia que no detiene su marcha.
Las cosas pasaron a mayores. En cercanías de Atenas, incendios forestales derivaron en la muerte de 90 personas (al momento de escribir estas líneas). En 2017, Portugal había registrado 100 víctimas fatales. En Japón, país sinónimo de complejas tecnologías, la ola de calor se llevó la vida de más de 120 personas. California se dejó arrasar por los fuegos más devastadores de toda su historia y, en el conjunto de Estados Unidos, la superficie quemada se duplicó en relación a 1970.
Sin embargo, las grandes quemazones no respetan límites políticos. Mientras se calcinan los pagos de Trump, en los de Putin, sucede otro tanto: los incendios que se desparramaron en Siberia equivalieron en superficie a Bélgica, por dar un ejemplo… En Suecia, el territorio que se quemó superó 40 veces el anterior promedio anual. La magnitud y generalización de los fenómenos debería conducir a una receta más efectiva que los rezos del ministro Bergman.
Salvo algunos necios con demasiado poder, nadie duda de la relación que existe entre las condiciones meteorológicas extremas y el calentamiento de la Tierra. Si bien es verdad que, en las catástrofes recientes, tuvieron su cuota de responsabilidad urbanizaciones ilegales, la poco feliz respuesta de las autoridades, los recortes a los servicios de Bomberos, más prevenciones y mantenimientos deficitarios, el calentamiento climático es el factor más importante y duradero.
En 2018, es irrefutable la correlación entre los cambios en el clima y la frecuencia de las olas de calor, las sequías y los huracanes. En Europa, se avisó que, desde hoy hasta 2040, las olas de calor como las que sufrieron en el verano que todavía continúa serán rutinarias. No sólo aumentará su frecuencia, sino también su intensidad. Además, las investigaciones más recientes avisan que, con la tendencia en curso, más que a un “efecto invernadero” nos dirigimos hacia una “era de calor de sauna”.
Se calcula que, para fines del siglo, la temperatura aumentará entre 4 y 5 grados con un ascenso de 60 metros del nivel del mar. Pavoroso… Para torcer el curso de los acontecimientos, harían falta intervenciones muy radicales que, al parecer, nadie con poder baraja. Todo indica que se está perdiendo la lucha contra el cambio climático; pero, en la formulación de la frase, hay un aspecto un tanto optimista: en realidad, ¿existe tal pelea?
Al celebrarse el Acuerdo de París, se asumieron solemnes promesas para reducir rápidamente las emisiones de gas efecto invernadero. Pero tres años después, las emisiones continúan en crecimiento, a la vez que se registran cuantiosas inversiones a escala planetaria para profundizar la extracción de gas y petróleo. Como si no alcanzara con ese desmadre, 2017 significó el incremento de la demanda de carbón, por primera vez en cuatro años.
Como contrapartida, los subsidios para energías renovables disminuyeron y las inversiones en esa dirección se estancaron. Los desembolsos hacia el sector de los combustibles fósiles totalizaron 5 billones de dólares a escala global, contra 135.000 millones que recibieron las energías renovables. Si la producción de las últimas se mantiene en los niveles actuales, el escenario consecuente será un incremento de la temperatura a 6 grados para fines del siglo XXI.
De acuerdo con información que se filtró desde el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU, de aquí a 2040, la temperatura global aumentará un grado y medio. Quiere decir que, en los últimos 60 años del siglo, no debería ir más allá de medio grado para cumplir las previsiones del Acuerdo de París. Parecen las estimaciones de inflación del gobierno argentino… Pero las consecuencias de su inconsistencia serán aún más serias.
Para tener alguna chance de arribar a la meta de los 2 grados, sólo se puede quemar entre un 20 y un 40 por ciento de las reservas de combustibles fósiles que aún no se explotaron. Incluso con aquel objetivo, las consecuencias negativas serían perniciosas. En definitiva, la suerte de 7.450 millones de humanos y la vida toda depende de 200 empresas que lucran con el carbón, el gas y el petróleo. Su valor conjunto de mercado equivale al PBI conjunto de todos los países de Sudamérica. ¿Qué pueden entender de consideraciones ecológicas o de nociones de justicia? Su política de tarifas en la Argentina es un claro ejemplo.