2018-08-20

El que todo lo puede

Por Dr. Bernardo Stamateas

¿Conocés a alguien que tiene la creencia de que todo lo puede? Es la clase de persona que se siente omnipotente y jamás acepta un no por respuesta. En el fondo, se trata de un rasgo infantil. Está bien de chicos, en algún momento, vivir de reclamo en reclamo pero, como adultos, tenemos que saber que nadie es capaz ni de hacer ni de tener todo. 

¿Por qué la omnipotencia es un rasgo tóxico que afecta tanto a quien lo tiene como a quienes lo rodean?

Porque en realidad es un mecanismo de defensa primario que se alimenta de la siguiente idea: “Puedo y quiero todo”. Es por ello, que la persona omnipotente a menudo se frustra cuando la realidad la golpea y le demuestra que no puede hacer siempre lo que él, o ella, quiere y, mucho menos, tenerlo todo. Una de sus características principales es ser egoísta, ya que rara vez considera el deseo del otro (excepto si puede sacar algún provecho de ello). Como resultado, sus relaciones interpersonales suelen ser muy pobres, ya que carece de empatía y vive mirando solo su propia vida.

Comparto algunas conductas típicas de alguien que se cree omnipotente que pueden ayudarnos a reconocerlo:

* Se ve a sí mismo grande y lo proclama a los cuatro vientos. La persona que posee este tipo de personalidad enfocada en sí mismo, intenta mostrarse al mundo como alguien seguro, fuerte, decidido, ambicioso, atrevido. Hasta el momento en el que conoce a alguien que lo supera y se produce un cortocircuito. O hasta que, con el tiempo, aquellos que están cerca se dan cuenta de que no es tan grandioso ni especial como parecía. El omnipotente vive promocionándose a sí mismo (es su mejor representante) y dice, por ejemplo, “yo sí sé cómo hacerlo, o resolverlo”; “yo tengo lo que hace falta”; “yo solo me arreglo”. Lo cierto es que las fortalezas hay que actuarlas, no hay que decirlas. El virtuoso de verdad no precisa promocionarse ni hablar de él o ella mismo/a todo el tiempo. Por el contrario, quien se comporta así esconde un rasgo de narcisismo muy marcado.

* No se conoce en verdad. Tampoco le interesa conocer a los demás. Su rasgo de omnipotencia le alimenta la ilusión de que es “dios” y todo lo puede. Entonces intentará hacer algo, aunque se trate de un imposible o no posea la capacidad para ello. Cuando nos conocemos a nosotros mismos, podemos ver nuestra humanidad completa, con defectos y virtudes. Y los “no puedo” en ciertas situaciones, muchas veces, nos llevan a descubrir fortalezas que ignorábamos que teníamos. Tal actitud nos convierte en personas seguras e independientes y nos ayuda a valorarnos y valorar al otro. Todos podemos algo pero nadie puede todo. Todos somos falibles pero todos contamos con un potencial ilimitado que podemos soltar a lo largo de nuestra vida. El omnipotente es incapaz de hacer esto.

* Regaña a la gente. No solo vive quejándose de todo y todos sino que llega a amenazar a la gente diciendo cosas como: “Vos no tenés idea de quién soy yo”. A ningún adulto en el mundo le agrada ser regañado como un niño, por eso, no puede relacionarse de manera sana.

* No tiene capacidad de liderazgo. Quien cree saberlo todo nunca podrá liderar eficazmente, pues no será capaz de tener en cuenta las opiniones y las sugerencias de su gente. Aunque crea que su equipo es el mejor, en algún momento, la verdad saldrá a la luz. Cuanto más omnipotente sea un líder, menos capacidad tendrá de negociar, delegar y cuestionarse cosas. En cambio, desarrollar el hábito de la autocrítica nos permite dudar, pedir consejo y corregir cuando haga falta.

* Es el que siempre hace todo. Es el que siempre paga, organiza, invita, regala, etc. Lo hace porque quiere, aunque no se lo pidan y, sobre todo, porque su narcisismo lo conduce a obtener la aprobación y el aplauso de la gente de este modo.

¿Te identificaste con algunas de estas características?

Si tenés alguna consulta, podés escribirme a bernardoresponde@gmail.com.

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