2018-08-14

El poder del dinero en la relación social y el dólar como refugio para los argentinos

“La existencia del dinero”, explica Ariel Wilkis, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y decano del Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES), “se funda en una creencia que todos tenemos automatizada y por eso olvidada”.

Explica el autor que “el dinero permite vincular a las personas, enfrentarlas, jerarquizarlas, establecer relaciones de poder. De eso me di cuenta cuando empecé a observar cómo el dinero vincula a las personas: el dinero permite preguntarse sobre problemas de desigualdad, de status, jerarquías, relaciones de poder. La sociología del dinero permite mostrar lo que el dinero produce y hace en la vida social”.

Históricamente, al dinero se le otorgó una cualidad negativa. Se instaló la idea hegemónica de que el dinero suele funcionar como un “ácido” que disuelve la vida social. “Pero el dinero -afirma Wilkis- es más bien un medio para descifrar la vida colectiva de una sociedad y su uso produce alteraciones sociales”.

El llamado vil metal permite construir en la vida social relaciones entre padres e hijos, entre amantes, entre líderes políticos y seguidores, entre líderes religiosos y seguidores.

Los sociólogos del dinero se ocupan de deshacer ese vínculo social que se teje a través del capital y de ver cómo atraviesa las relaciones. También de desterrar la visión negativa del dinero: esa suposición de que su presencia siempre corrompe los vínculos. “En realidad yo al dinero le veo un sentido positivo, porque produce diferentes cosas en la vida social que nos interesan estudiar a los sociólogos: el dinero abre una comprensión diferente de muchas cuestiones, implica lucha, comparación, poder”.

A través de una red de investigadores el profesional trabajo con sociólogos, antropólogos, historiadores de arte, y los invitó a pensar su trabajo de campo desde la sociología del dinero. En esa línea, abordaron cuestiones como la prostitución, las subastas de obras de arte, el mercado de la seguridad privada, el resarcimiento económico a víctimas de la dictadura militar. “Eso es lo que en un punto lo hace tan atrayente y a la vez paradójico: que todo se puede mirar desde esta lupa”.

Entre esos trabajos, por ejemplo, hay uno que analiza las reparaciones a víctimas de terrorismo de Estado, en donde se habla de la complejidad que conlleva ponerle valor a una vida humana. Las preguntas que rondan ese trabajo son ¿cuánto dinero es necesario para expresar una idea de justicia?, ¿cuánto les corresponde por sufrir atropellos del Estado? “El dinero debe expresar, en ese caso, una idea de justicia, en asociación al valor monetario”, explica Wilkis.

Ahora, el autor prepara una nueva publicación junto a la socióloga investigadora del CONICET Mariana Luzzi, y recreará el periplo que hizo el dólar para convertirse en una moneda culturalmente tan popular como lo es en Argentina. La investigación comienza en los años 30, con el primer control de cambios, y hace pie en los 50, momento en el que el dólar se conecta con la vida de las personas de manera más masiva.

Explica que “es la moneda central de la economía global y en Argentina en esos años se producen las primeras inestabilidades fuertes e inflaciones que producen que el dólar empiece a expandirse a través de la prensa, la literatura, la publicidad y se convierta en una moneda que necesita de estas mediaciones culturales para tener relevancia e importancia para amplios sectores de la sociedad”.

Es evidente que, en el caso de Argentina, las razones por las que aquí el dólar es una moneda que es más que un refugio, que permite a los ciudadanos resguardarse frente a las inestabilidades crónicas de la economía argentina. “La relación que tienen los argentinos con el dólar es política y tiene varias dimensiones: el mercado cambiario argentino es como una institución política. La relación de los argentinos con el dólar permite cierto grado de autonomía respecto al Estado. Permite ir más allá de la regulación del Estado y gran parte de la persistencia de esa situación es esa manera autónoma de vincularnos con el Estado”, asegura Wilkis.

Se podría suponer que la propia economía de Wilkis es peculiar, teniendo en cuenta que vive analizando cuestiones en relación con el dinero, pero él lo desmiente: “Más allá de mi rol académico, con la plata yo sigo siendo igual de desastroso que siempre”, admite. “Si te invito un café, se produce una relación de poder. Si pago de más o de menos, eso también dice algo. El problema con quienes investigamos en esta rama es que todo el tiempo estamos pensando en nuestro objeto de estudio: el dinero está en todo”. (Con datos de CONICET)

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