2018-08-07

ECOS DE LA FIESTA NACIONAL

¿Tiene sentido seguir eligiendo a una embajadora de la Nieve?

Diferentes ciudades del país entienden que estos concursos fomentan la cosificación de la mujer y que se propicia un modelo estético que hoy en día, se cuestionan desde distintas organizaciones y a través de las nuevas políticas públicas.

Hace unos años comenzó a modificarse la elección de una representante de la Fiesta Nacional de la Nieve. Históricamente se eligió una reina, sus princesas y las misses de Deportes invernales y Simpatía.

Poco a poco quedaron sin efecto las misses y luego se abolieron las princesas y el mote de reina, para pasar a una reina embajadora que duró tan solo un año y que decantó en lo que actualmente es una embajadora y su vice.

El Estado ha buscado aggiornarse a uno de los avances en materia de igualdad de género y al alejamiento de los estereotipos de belleza actuales, conceptos que se han desarrollado a lo largo de los últimos años, rechazando la cosificación femenina y la violencia simbólica que ejercen los certámenes de belleza, por aplicar determinados parámetros subjetivos de perfección.
Se entiende a la violencia simbólica como la que a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos, transmita y reproduzca dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad.

Por otro lado, también se ha cuestionado el sostenimiento de las monarquías, todo en el mismo marco. Allí surgieron los proyectos sociales para darle más valor comunitario a la elección y perdiendo de vista lo promocional que una verdadera embajadora debiera significar y que de hecho, en la práctica realiza en fiestas nacionales de todo el país y en ferias de turismo.

La reina de la Nieve siempre fue una embajadora de la ciudad y eso no está en discusión. A cada lugar que visitaba, llevaba su mensaje promocional de Bariloche, de su fiesta y sus atractivos naturales, para captar más turistas.

Hoy ya no existe más la reina. Sin embargo, la embajadora sigue llevando corona, cetro y capa. En imagen, no se ha modificado nada, solo el rótulo, algunos requerimientos para la inscripción menos conservadores que antes y el proyecto, que en las pocas ediciones que se ha planificado, poco se ha podido ver en la práctica.

Entonces, ¿es necesario seguir con esta práctica? ¿No resulta contradictorio elegir una embajadora y seguir coronándola como reina? Parece ser que si quedaba como fue siempre, no solo tenía más aceptación y reconocimiento popular, sino que también generaba un alto interés en las propias jovencitas. Hoy es un hibrido que ha perdido sentido, relevancia e interés.

De hecho, a lo largo de las casi cinco décadas de historia de la Fiesta, ha habido reinas muy recordadas. En los últimos años, han pasado sin pena ni gloria en el inconsciente colectivo de la ciudadanía.

Tampoco hay que perder de vista que en otros años de “reinas” se llegaron a postular 80 chicas y en la última edición fueron tan solo 22. Y eso sin olvidarse que ahora se amplió el margen de edad y se levantaron algunos condicionamientos, por lo que la participación debería ser más amplia, no más escueta.

En diferentes puntos del país proliferan los proyectos para dejar sin efecto este tipo de certámenes de belleza, e incluso hay ciudades como Mendoza, donde se realiza la Fiesta de la Vendimia, que ya eliminó esta elección. ¿Se planteará este debate Bariloche, o seguirán coronando embajadoras?

Diego Llorente

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