2018-07-01

Pefaure y Beovide, los primeros jueces de Paz

Al primero, el nombramiento le llegó “de regalo” porque, según el gobernador de entonces, era “el único argentino en la comarca”. El segundo se supo ganar el reconocimiento de sus vecinos, quienes pidieron su continuidad en el cargo.

Hacia 1897, gobernaba Río Negro el general Liborio Bernal. Ante la falta de pobladores nacionales a orillas del Nahuel Huapi, tomó una decisión perentoria. Al saber que estaba de paso por Viedma un joven oriundo de Buenos Aires que residía en la cordillera, pidió su inmediata comparecencia. Cuando éste se hizo presente en el despacho del mandamás, recibió una noticia inesperada: “Usted debe aceptar el cargo de juez de Paz en el lago porque es el único argentino en la comarca”.

José Luis Pefaure ensayó una disculpa: “Pero… Yo no me siento capaz de asumir tanta responsabilidad y no sé nada de leyes”. Pero el militar hizo caso omiso a las excusas y sentenció: “No hace falta. Lo que necesita es ser responsable”. Después del breve intercambio, Pefaure se convirtió en el primer juez de Paz en el área del Nahuel Huapi, a los 27 años de edad. Hijo de franceses, había nacido en Buenos Aires pero algo de leyes debía saber, porque se había desempeñado como oficial de Policía en Río Colorado.

En ese destino, le habían llegado noticias por parte de un mapuche sobre las bellezas de un lago lejano. Al parecer, éste lo acompañó en su periplo y llegó a la zona por vía fluvial. Deslumbrado y decidido, se afincó en Rincón Chico, donde levantó un puesto. Las alternativas que compartimos las publicó Juan Martín Biedma en su “Crónica histórica del lago Nahuel Huapi”, un libro que no se puede eludir si de asomarse al pasado regional se trata.

Al retornar de la capital provincial, “el flamante juez instaló el juzgado en su casa, dos leguas debajo de la naciente del río sobre territorio de Río Negro”, dice el texto. Espacio que hoy es muy frecuentado por pescadores y excursiones de rafting. “Luego se mudó a un kilómetro y medio del lago, sobre la misma margen del río. Inauguró el libro de nacimientos, con fecha 3 de septiembre de 1897, una niña, Rosa Moya, hija del hacendado Juan Moya”. La reconstrucción de Biedma omite la identidad de la madre.

Según el autor, “en oportunidad de su primer viaje a Viedma, Pefaure había conocido a una joven, Catalina Johannsen, con quien casó en 1900. Su viaje de boda fue bastante curioso, pero en correspondencia con el temple de aquellos bravos pobladores. El medio que usaron fue una vagoneta, una especie de chata, arrastrada por tres yuntas de caballos, el camino, una precaria huella, y el tiempo empleado, veintiséis días”.

Tres yuntas

En el ámbito de su actividad privada, Biedma aportó que “Pefaure fue el iniciador de las tropas de carros con tres yuntas de bueyes. Llevaba postes a Maquinchao para alambrar los campos de una firma inglesa y, de vuelta, traía víveres”. Al término de su período, asumió el cargo otro “portador de apellido”: Eduardo Beovide. Según la “Crónica histórica…”, “vecino cuya honradez e imparcialidad motivó a los pobladores a solicitar su reelección, en 1902, fecha en que el juzgado ya estaba en San Carlos”, es decir, en el embrión del núcleo urbano de Bariloche.

Recordemos que, de esa fecha, data también el reconocimiento formal a la existencia de una población en este rincón del planeta, a través de un decreto del presidente Julio Roca, en su segundo mandato. Ese reconocimiento se interpreta, en la actualidad, como equivalente a la fundación de San Carlos de Bariloche; aunque, en realidad, el poblamiento de la zona por extranjeros, chilenos y argentinos había comenzado en 1885, cuando recién finalizaba la Campaña al Desierto.

Suma la investigación de Biedma que “gracias a su celo, conocemos algunos detalles de la administración de justicia en aquella época. En nota al gobernador del territorio, don Eugenio Tello, Beovide comunica que ‘el alcalde del Cuartel 1ro. D. Pedro Elizalde, está muy anciano, el del 2do. Don Crescencio Montenegro está continuamente enfermo, el 3ro está vacante por fallecimiento de D. Juan Pereyra, y el del 4to Ponciano Domínguez muy ocupado por la testamentaria de su tío. Pido autorización para proponer nuevos alcaldes”.

Se refería Beovide a los servidores de ley. “Las lluvias, nevadas y crecientes pueden facilitar la fuga de delincuentes, pues por estas causas, no se puede llegar al asiento de la comisaría. Con nuevos alcaldes activos, secundados y jefes de destacamento con 1 o 2 agentes podrían aprehender delincuentes y entregarlos oportunamente a la comisaría”. ¿Inseguridad en 2018? ¡Aquella era inseguridad!

Subcomisario cuchillero

Establece “Crónica histórica del lago Nahuel Huapi” que “la primera autoridad policial” en la zona fue “el subcomisario Benito Niño, porteño, muy buen vecino y querido por todos y también respetado”, según escribió el autor del libro, Juan Martín Biedma. Por las dudas y “aunque zurdo, era muy hábil con el cuchillo”. Curiosamente, “tenía fama de no haber sido nunca herido”. Detalle que quiere decir que, por entonces, era común recibir alguna herida.

Al menos, si se desempeñaban cargos policiales.

Según la reconstrucción del autor, “a fines del siglo XIX o primeros años del siglo XX, la comisaría estaba sobre la margen derecha del Limay. En fecha posterior a 1901, ya en San Carlos, estuvo en Moreno y Palacios y, luego, cerca de la nueva iglesia y después en Moreno, donde se halla la zapatería El Suizo”. Entendemos entonces que estaría en Moreno y Quaglia, en donde hoy la urbanización torna irreconocible los antiguos contornos de las construcciones.

Varios años después, “en 1910, fueron designados el Capitán Adrián del Busto y el comisario inspector Guillermo Landalle como Jefes de la Policía Fronteriza, en el territorio de Río Negro, creado por ley de Roque Sáenz Peña, para combatir el bandidaje en el sur argentino. Las fuerzas estaban al mando del mayor Mateo Gebhardt, austriaco que operaba en Chubut y Santa Cruz”. Aclaró Biedma que “actuó con mano firme; pero no siempre respetuoso de los derechos ajenos”.

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