2018-06-29

Para el G20 el cambio climático no es prioridad

Al barilochense no le quedó otra que familiarizarse con el G20. O al menos, con los inconvenientes que se produjeron en su vida cotidiana cada vez que se concretó alguna de sus reuniones. También sorprendieron a la ciudad algunas de las protestas: la más resonante fue la última, cuando un grupo de personas irrumpió al desnudo en plena Mitre y con temperaturas cerca del 0 para objetar el sentido que los ministros de Energía le otorgan al concepto de transición energética.

Los países que integran el G20 representan 85 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) mundial y son responsables del 75 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) hacia la atmósfera. De todas maneras, no hay que perder de vista que el país que más dióxido de carbono emitió en la historia es Estados Unidos y que en la actualidad, en la Casa Blanca se sienta un negador de la incidencia humana en el calentamiento global.

Las Conferencias de las Partes sobre Cambio Climático –las famosas COPs- comenzaron a funcionar en 1995, con el ánimo de trabajar sobre esa problemática. En esos cónclaves, se formulan propuestas a través de medidas jurídicamente vinculantes para que los países miembros reduzcan sus emisiones de GEI. Más cerca en el tiempo, durante la Conferencia de París (COP 21), 195 países firmaron un acuerdo vinculante de alcance mundial con el ánimo de evitar un cambio climático peligroso. El plan de acción fijó que el calentamiento global no puede ir más allá de los 2 grados.

El año pasado en Hamburgo, se reiteró la importancia de cumplir los compromisos con la Comisión de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC). En particular, se puso el acento en la provisión de medios para implementar la adaptación y mitigación. Entonces, se anunció la creación del Plan de Acción de Clima y Energía para el Crecimiento. Pero Estados Unidos salió del Acuerdo de París y gracias a sus presiones, el cambio climático no está en la lista de prioridades del G20.

Para Donald Trump “America first”, como si su país pudiera permanecer ajeno a las consecuencias de la debacle climática. Sus acciones fueron y van en contra de las iniciativas que con más seriedad, se propusieron para arribar a la meta de los 2 grados. Incluso, dio marcha atrás con las políticas que su antecesor, Barack Obama, había impulsado. No solo puso fin al Plan de Acción del Clima, además dispuso la reactivación de la industria del carbón.

En el G20, existe el Grupo de Trabajo de Sustentabilidad Climática, que se reunió a fines de abril. Los especialistas objetaron que en su seno no se discutieran los precios del carbono, parámetro que es de importancia central para cuantificar el daño ambiental, social y económico que derivan de las emisiones. Hablar en números permitiría profundizar diálogos sobre las estrategias de transición, ya que es imprescindible cambiar los patrones de inversión, producción y consumo.

En aquel cónclave tampoco se habló de Justicia Climática, de responsabilidad por daños y prejuicios y menos aún, de las urgencias. Evidenció un límite preocupante, ya que hizo foco en aumentar la capacidad de adaptación a los efectos del cambio climático. En particular, en que éste no afecte la capacidad de producción de alimentos. Asimismo, abocarse a desarrollar modelos para la generación de infraestructura resiliente puede considerarse una regresión.

Las discusiones en las reuniones del G20 se limitan para no afectar en demasía a los más poderosos, ya que no se habla de erradicar el uso de combustibles fósiles. Recordemos que la quema de combustibles fósiles es la mayor responsable en la emisión de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera y que varias recomendaciones insisten en no tocar un litro más de petróleo, si es que no se quiere superar aquella meta de los 2 grados.

No obstante, los países del G20 insisten en pensar al desarrollo a partir del crecimiento infinito de la economía, cuando los recursos no son renovables. El planteo no respeta los límites planetarios y la Tierra ya se cansó de avisar a través de sequías, huracanes, aumento del nivel del mar, la desaparición de especies animales y vegetales, el derretimiento de los glaciales, olas de calor, la propagación de enfermedades, la acidificación oceánica y otras consecuencias.

No hay ningún compromiso ético por parte del G20. Es muy fácil hablar de desarrollo equitativo y sostenible, pero si no se introduce el concepto de Justicia Climática, los dos primeros son inviables. Es muy fácil hablar del futuro de las próximas generaciones pero si no se discuten los fundamentos de la civilización que nos condujo a la crisis presente, lisa y llanamente, no habrá futuro. Ni nuevas generaciones.

Te puede interesar