Ser emergentes y no ser
A días de la modificación del staff ministerial, el gobierno entendió como una buena noticia que la Argentina recuperara el rótulo de “país emergente”. Desde la perspectiva financiera y en el marco del objetivo de “volver al mundo” que se planteó la gestión de Cambiemos, efectivamente la recategorización sirve para instalar sonrisas en el presidente y sus ministros. Pero en el mundo de la “economía real”, el retorno no tendrá mayor trascendencia.
La Argentina había perdido el estatus de “emergente” en 2009 durante el apogeo del kirchnerismo para cuestiones que para los “mercados” son elementales: las restricciones y controles cambiarios que se conocieron como el “cepo” impedían u obstaculizaban de manera sustancial la realización de transferencias internacionales. En consecuencia, las trasnacionales que operaban en el país no podían girar dividendos a sus casas matrices.
En forma simultánea y a pesar de la existencia de algunas oportunidades, los grandes especuladores financieros se abstenían de jugar en los mercados del país porque no tenían claro si podrían retirarse cuando les pareciera. Más allá de los números desastrosos de la economía argentina, con una devaluación del 50 por ciento desde enero hasta hoy, el déficit comercial estratosférico, el crecimiento vertiginoso del endeudamiento público y la persistencia de la inflación, los obstáculos que molestaban a los “mercados” fueron removidos por la gestión actual.
Que la Argentina sea emergente implica, entre otras cosas, que determinadas instituciones financieras que adquieren portafolios de acciones de países emergentes, ahora deberán adquirir también algunos de los títulos “argentinos”, sobre todo, acciones. No porque las encuentren particularmente atractivas, sino porque, de ahora en más, los papeles en cuestión integrarán el índice de acciones de Mercados Emergentes.
Según los especialistas, puede tratarse de 5.000 millones de dólares a partir de junio de 2019, fecha en la que se hará efectiva la recategorización. La friolera se canalizará, sobre todo, hacia el mercado bursátil argentino que, en primera instancia, acusará recibo con un efecto positivo. Pero advierten los que saben que esa influencia tenderá a diluirse en el mediano y largo plazo, porque el monto en cuestión tampoco es tan impactante.
Es muy probable que el flujo de las inversiones “reales” haga caso omiso al asunto de recibirnos de “emergente”. La categoría se relaciona, sobre todo, con los movimientos financieros, en particular, los accionarios. Quizá también incida en el sector de los bonos pero no necesariamente. Avisan los más recalcitrantes neoliberales que no llegarán inversiones reales de relevancia al país hasta que no se concreten las consabidas “reformas estructurales”, es decir, la laboral. También reclaman terminar con la “industria del juicio” y reducciones impositivas.
La clasificación de Emergente ni siquiera reducirá el costo que tiene para la Argentina financiarse porque, en pesos, éste tiene que ver con la persistencia de una alta tasa de inflación. Y, en dólares, con la permanencia del déficit fiscal. Se supone que, recién cuando los “mercados” del exterior crean en vías posibles de reducción del déficit, comenzará a bajar el costo de financiarse en divisas estadounidenses.
De todas maneras, si las tasas de interés suben en el ámbito global, el costo del financiamiento en dólares irá en ascenso, aun cuando la Argentina pueda reducir efectivamente su crónico déficit fiscal. Habitualmente, se presenta a su superación como la panacea y, en realidad, no sólo no es tan así. Si el conjunto de la economía se deprime –lo hará a partir de los últimos cimbronazos-, la austeridad pública no hará más que profundizar la regresión.
Decide quién es emergente y quién no MSCI, un “ponderador estadounidense de fondos de capital de inversión, deuda, índices de mercados de valores, de fondos de cobertura y otras herramientas de análisis de carteras”. Es decir, una consultora… Para los entendidos, la noticia del último miércoles fue “sorprendentemente positiva” aunque incluso los más entusiastas llamaron a mantener la cautela.
MSCI avisó que “seguirá de cerca la actual inestabilidad financiera del país y bregará por la no imposición de controles en el mercado cambiario y de capitales para mantener el mencionado ascenso”. Más allá la euforia, incluso quienes la experimentaron avisaron que “para el ciudadano de a pie, el cambio no se sentirá demasiado en el corto plazo aunque sí puede ser un punto de inflexión muy importante para consolidar la institucionalidad del mercado de capitales”.
¿Cuántos de los 44 millones de argentinos posee acciones en su poder? En la lógica de quienes gobiernan, ser “emergentes” está bueno aunque nada tenga que ver con la reducción de la pobreza o la mejora del poder adquisitivo de los 12 millones de trabajadores y trabajadoras que había en la Argentina a fines del año pasado. Ni qué decir de los otros 5 millones que están en negro.