2018-05-31

Kubero Díaz y Fantoma finalizaron la gira en Lago Puelo

Kubero Díaz estuvo realizando una serie de concierto por nuestra región, incluyendo una fecha en San Martín de los Andes, varias en Bariloche y el gran cierre en Lago Puelo. Fue acompañado por tres músicos de excelencia, el Trío Fantoma integrado por Carlos Casalla, Pablo Méndez y Hernán Lugano.

Se trata de uno de los grandes referentes activos del rock nacional, nació en Nogoyá, provincia de Entre Ríos, y entre otras banderas que flamean en su vida, figuran haber sido el fundador de La Cofradía de la Flor Solar, haber dejado su sello en La Pesada del Rock and Roll y Los Abuelos de la Nada.

En diálogo con El Cordillerano comenzó describiendo lo que significó para él compartir esta gira con Fantoma, “hace mucho tiempo que Miguel Cantilo me presentó a Carlitos pero ahora conocí a estos dos personajes, Lugano y Méndez y estoy completamente flasheado y temblando de que me haya pasado esto”, dijo muy emocionado.

“Para un músico es muy complicado armar de repente una armonía pareja, donde la atracción de cada uno sea igual y cada uno aporte por partes iguales, me sentí apuntalado de todos lados y eso me produjo mucha alegría.”

Al hablar de Carlitos no pudo evitar hablar de la admiración que sentía por Chingolo, “desde que tenía diez años que amaba a ese dibujante, la vida me llevó a estar en su casa y me pasó algo increíble, encontré un dibujo mío colgado de una pared”. Se lo había regalado a Morena, hija de Carlitos, y como les gustó ahí estaba.

Kubero

Muchos creen que Kubero es parte del apellido del artista, “de bebé mi madre me cantaba una canción que decía Juancito el escobero…seguramente yo intentaba repetirlo entonces mi papá me empezó a decir así”.
Actualmente tiene el Kube Díaz Trío, “yo soy amante de los nombres cortos, como Yes o Doors” dijo.

Los inicios

Nada es pasado para el presente de Kubero porque ha ido sumando experiencia en cada tramo de su carrera y continúa proyectando un futuro cercano, porque disfruta cada paso que da.

Su padre era músico, en una oportunidad tuvo un accidente y se golpeó un brazo no pudiendo tocar más la guitarra, “yo veía el esfuerzo que hacía, pero no podía, entonces agarré la guitarra y a los seis años arranqué con algunas clases de mis familiares y empecé a tocar zambas”.

Uno de sus tíos era Perico Flores, reconocido concertista de aquellos tiempos. Su madre también cantaba y tocaba, “mis dos hermanas profesoras de piano y mi hermano armoniquista, en mi pueblo éramos los Cuatro Díaz Locos, nos llamaban para todas las fiestas, peñas, obras de teatro, títeres, casamientos”.

Su casa no era una vivienda común y corriente, “era un teatro de verdad y yo nací ahí, jugábamos en el escenario con mis hermanos y todos los amigos del barrio venían a casa”. Luego alquiló un sector donde se daban conciertos que yo escuchaba desde el patio, ahora mi viejo lo vendió y volvió a ser teatro”. Su padre les pasaba cine en Super 8 los fines de semana.

Los Beatles

Su vida hasta ese momento iba de la mano del folklore hasta que un día, descubrió a Los Beatles, “yo tenía 13 años y mi hermano me hizo escuchar un programa de radio Sarandí, tomando un mate cocido, me voló la peluca”. No pensaba que alguien más los conocía pero un día un amigo le comentó que se estaba armando un grupo y allá fue.

“El día que cumplí 15 años falleció mi madre, ese fue el primer cachetazo de mi vida, al poco tiempo apareció la primera guitarra eléctrica en mi casa y fue el traspaso del folklore al rock”.

Así fue el nacimiento de La Cofradía, “a los 15 había armado el grupo Los Grillos pero mis compañeros eran mayores que yo y cuando terminaron el colegio, se fueron a estudiar a La Plata así que se acabó la banda”, dijo.

Al repetir tercer año sabía que quería dedicarse a la música, “la tenía clarísima pero mi hermano tuvo que convencer a mi viejo para que me dejara ir a La Cofradía, me dijo ‘Bueno andá, pero guita, no hay guita’”. Todos los integrantes de la banda recibían dinero mensual de sus familias, Kubero no. “Todos siguieron la universidad, yo fui a tocar rock and roll” aseguró.

“Yo no tenía ni idea de la revolución ni la evolución, la contracultura y otras cosas de las que se hablaba en el ambiente, simplemente me sucedía la música y el dibujo y a eso me dediqué”. Corría el año 1969.

“En ese momento estaba el Club del Clan que medio que nos molestaba porque no nos bancábamos ni a Johny Tedesco” dijo riéndose. “Todavía sigue cantando y los rockeros lo quiere mucho” aclaró.

Un abuelo más

Fue imposible estar frente a Kubero y no preguntarle en qué momento la vida lo puso en el mismo camino de Miguel Abuelo. “Ese era el Messi del Movimiento del Rock NacióMal, porque se crió en la calle, tuvo una infancia similar a la de Oscar Alemán, quien para mí fue el primer rockero en Argentina porque fue antes de Chuck Berry” dijo. Aclaró que el rock de aquél primer momento en realidad era jazz.

“Miguel era medio gitano, se crió en la calle, cantaba bagualas y los rockeros lo quisieron aunque cantara folklore” dijo. “Yo tenía 20 años cuando lo conocí, pero era un tipo muy callado, todo lo contrario de lo que después se conoció de él”. Cuando organizaron 30 horas de rock en el Club Atenas, Abuelo estuvo, “fue un concierto que duró 30 horas, las bandas subían una detrás de la otra, mucha gente se había llevado la bolsa de dormir, circulaba un mate con una pava gigante y vinieron todos los rockeros de Buenos Aires, Almendra, Manal, etcétera”.

Aclaró que “Miguel cantaba solo porque la primera formación de Los Abuelos ya no existía, Pappo y Claudio Gabis se habían ido a hacer blues y él decía ‘¿Blues? ¿con el matete que tengo en la cabeza me querés hacer tocar blues?’”, comentó.

Luego Kubero decidió venirse a vivir a El Bolsón “nosotros fuimos los primeros hippies que llegamos, habían venido algunos antes y nos llegaron las noticias de que estaban en un lugar paradisíaco perdidos en la nada, ¿sabés qué? Ni la pensamos”. Kubero en ese momento estaba con Billy Bond, dos conciertos por noche, dejó todo y se vino al sur que tanto quería.

La vida lo llevó a Europa y luego a Brasil, “muchas veces hice eso de dejar todo y empezar de nuevo, las cosas van y vienen, aparecen o no, pero de eso se trata vivir”, recordó.

Confiesa que nunca tuvo tiempos de soledad, “gracias a Dios la música nunca te abandona, vos podés abandonarla, pero tarde o temprano te lo cobra. Cuando ves que todo se está viniendo abajo, la música es un madero donde uno se aferra”, finalizó.

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