Aumenta el petróleo, pierde la vida
En términos de política internacional, inclusive el más desinformado sabe que con Donald Trump en la Casa Blanca, se acercaron más al poder político la industria armamentista, las grandes petroleras que explotan hidrocarburos no tradicionales y los gigantes de la biotecnología, entre otras expresiones del poder corporativo. En ese contexto hay que entender las últimas acciones estadounidenses en América Latina y el Caribe.
Entre ellas, sobresalieron el envío de efectivos de la Guardia Nacional a la frontera con México y la perseverante ofensiva contra Venezuela, a la luz de las recientes elecciones que allí se celebraron. Ambos países se caracterizan por su sesgo petrolero… No menos trascendente fue la decisión de torpedear el acuerdo nuclear con Irán, cuya consecuencia directa se advirtió con prontitud: treparon las acciones de los fabricantes de armas y se movió hacia arriba el precio del petróleo.
Precisamente, para que la explotación de petróleo no convencional sea más rentable, las petroleras requieren precios más elevados. Los efectos están a la vista: unos meses atrás Estados Unidos producía 145 mil barriles de “shale” pero en junio próximo, alcanzará el récord de más de siete millones de barriles por día, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos.
El vertiginoso crecimiento estadounidense contrasta con claridad con la caída en la producción que se registra en los países latinoamericanos. Los movimientos hicieron que hoy Estados Unidos aparezca como tercer extractor de petróleo del planeta, solo detrás de Rusia y Arabia Saudita. En ese rubro, Brasil está en el décimo, Venezuela retrocedió al sitial undécimo y le sigue México. Como se sabe, en los dos primeros latinoamericanos de la lista hay serios problemas.
A río revuelto… El tembladeral sudamericano es una especie de sueño cumplido para las grandes trasnacionales del petróleo. Hasta no hace mucho, la producción regional estaba en manos de empresas estatales o controladas por el sector público, las que en los últimos años se abrieron a los “mercados”. De esa apertura participan Brasil, México, Colombia, la Argentina y Uruguay, cuyos gobiernos ofrecen en conjunto 500 mil kilómetros cuadrados en subastas internacionales.
Por ejemplo, en México la estatal PEMEX experimentó una caída anual en su producción del 7,6 por ciento, en el contexto de una apertura energética que arrancó en 2013 y que implicó la llegada de inversiones privadas de origen nacional y extranjero. Como consecuencia del proceso, se apoderaron de áreas estratégicas Total, Exxon, Chevron y China Offshore, actores que encontraremos en otros enclaves del Sur Global.
En aquel país se despidieron del autoabastecimiento y ya en 2017, se importaban 6 de cada 10 litros de combustibles. En el primer trimestre de 2018, ingresaron del exterior a jurisdicción mexicana 7,5 litros de cada 10, hecho que también impactó en la vida de los mexicanos al producirse la aceleración inflacionaria más elevada de las últimas décadas. Además de otros componentes que tienen ver con la corrupción…
La situación tiene puntos de contacto con Venezuela, donde en agosto del año pasado la producción estaba en 2,1 millones de barriles diarios, contra 1,5 millones en marzo de 2018, es decir, una caída del 28 por ciento. Las importaciones de petróleo venezolano desde Estados Unidos alcanzaron su nivel más bajo desde 1982, como parte de la estrategia que despliega Estados Unidos para el control de los mercados.
En Brasil, Petrobras asiste como espectadora al arribo de las grandes inversiones de 16 petroleras, entre ellas, la Royal Dutch, que se registró para participar en la cuenca de Presal, donde se calcula que existen miles de millones de barriles potenciales en el fondo del océano. También están presentes Chevron y ExxonMobil, junto con la noruega Statoil y la francesa Total. El alza del precio que impulsó Trump ayuda en las inversiones, ya que el equilibrio que requieren es de 45 dólares por barril para hacer rentable su actividad.
En la Argentina, la producción también cayó 3,8 por ciento en 2016 y 6,3 por ciento en 2017. Por el lado de YPF, la caída fue de 3,18 millones de metros cúbicos a 3,15 de 2017 a 2018. Como contrapartida, Pan American Energy (PAE) experimentó un alza del 3,49 por ciento. Para julio próximo, se aguarda que el gobierno ponga bajo exploración privada 225 kilómetros cuadrados en alta mar.
Usualmente, se presenta a Vaca Muerta como el área responsable del crecimiento argentino en materia de gas y de hecho, es la principal reserva de América Latina, con más de 30 mil kilómetros cuadrados. Pero también, todo el mundo sabe que es un ámbito de disputa entre la dinámica empresarial petrolera por un lado y el derecho a la vida y a un ambiento sano de las poblaciones locales. Lógicas que ya se demostró, son irreconciliables.