Chile a la vanguardia en las construcciones antisísmicas
Las construcciones antisísmicas son un valor indispensable para muchos países donde se producen terremotos.
Es verdaderamente sorprendente el caso de los numerosos terremotos que han sacudido Chile, incluyendo el fuerte sismo de septiembre de 2015 que dejó al menos 15 muertos, es que la destrucción en la infraestructura ha sido bastante menor en relación a la magnitud del movimiento telúrico.
Por otras regiones del mundo impacta la destrucción. Las imágenes, por ejemplo, del palacio presidencial de Haití desplomado después del terremoto de 2010 o, más atrás, de Ciudad de México hecha ruinas en 1985, hacen que surja la pregunta de cómo es posible que en Chile eso no ocurra cuando es una región que soporta sismos más fuertes. O al menos, no existe destrucción en las mismas proporciones.
La fórmula de preservación, para los chilenos, se basa en las normas de construcción que son fundamentales. Exigen uso de materiales y estudios que encarecen mucho la construcción, y aun así, como se demuestra sismo tras sismo, parecen respetarse.
"Es impensable construir, por lo menos en zonas urbanas, sin atender al cuerpo normativo legal", indica el presidente del Colegio de Arquitectos de Chile, Sebastián Gray.
Chile ha sufrido terremotos tan devastadores que eso, de alguna manera, impacta en la conciencia colectiva en el sentido de que más vale cumplir ciertas normas, que sufrir las graves consecuencias.
Los expertos coinciden en que una clave está en la estructura de hormigón armado y acero, suficientemente flexible y resistente para dejar que el edificio se mueva, se balancee y no se caiga.
Los arquitectos explican que las construcciones modernas, además tienden "a incorporar elementos como los aisladores y los disipadores sísmicos que permiten que el movimiento de la tierra no se transmita al edificio y, si se transmite, que esa energía –destructiva- sea absorbida. En el fondo, el terremoto es una cantidad enorme de energía que se traspasa a las construcciones. Si no tiene modo de ser disipada, termina destruyendo todas las estructuras", se precisa.
Otro elemento crucial es el estudio del suelo para que los cimientos sean los adecuados. A cada tipo de suelo corresponde un cálculo específico para el tamaño, forma, profundidad y resistencia de los inmuebles. Es un análisis muy especializado que garantiza la estabilidad del edificio.
Las normas chilenas prevén tres tipos de terremotos en función de su intensidad. Para los "moderados", las construcciones deben estar preparadas para moverse y volver a la posición original sin daños. En los "fuertes", se aceptan pequeñas fisuras y deformaciones, a lo sumo.
Finalmente está el terremoto "severo", como el de 2010, el quinto terremoto más fuerte del que se tiene registro, que aunque hizo daños de consideración que tal vez no se puedan reparar, no causa un colapso.
Según la arquitecta Arriagada, luego de un terremoto se hace una revisión preliminar de los daños y antes de las inspecciones en profundidad que requiere el caso, hay algunos edificios con su estructura afectada, pero son de construcción anterior a 1985.
La profesional sostiene que la normativa sísmica es revisada constantemente, en especial después de una catástrofe. El terremoto de 1985 llevó a publicar una estricta regulación que fue puesta al día y profundizada en 1996, 2009 y también en 2010.
El ingeniero Ricardo Guendelman, experto en análisis sísmico de edificios, explica que tras cada terremoto se estudia lo que no ha funcionado y lo que requiere mejoras. "Si un edificio se dañó de consideración y al de al lado no le pasó nada, es porque algo falló", comenta. "Cumple la normativa en el sentido de no haberse caído, pero un perito debe determinar por qué se dañó, si es que estaba mal calculado".
En concreto, en 2010, "todo lo que mostró algún tipo de falla, se estudió a través de juntas de ingenieros, mecánicos del suelo y toda la gente relacionada con la construcción", afirma Guendelman.
Con todo, los expertos se muestran confiados en que las más modernas construcciones de Chile están preparadas para resistir lo que pueda venir, salvo que se trate de un cataclismo de magnitud superior a 9 y mucha intensidad por la cercanía.
Eso deja a Chile como un país construido a prueba de terremotos y hace preguntarse por qué en todo el mundo no es igual. Para responder, un indicio: es muy caro, aun el precio siempre es más alto ante la pérdida de vidas.
Características de obras
Chile, Japón, California o Nepal son algunas de las zonas “calientes” en cuanto a movimientos de tierra. Sin embargo, no en todos los sitios un terremoto similar, de igual intensidad y profundidad provoca los mismos muertos y heridos. El secreto reside en la manera de levantar los edificios para que no se derrumben ante posibles sismos. ¿Qué características deben tener los edificios para que sean lo más resistentes posibles? Estas son las más importantes según los especialistas:
Altura. Evidentemente, la altura del edificio es uno de los factores esenciales en la resistencia a los terremotos. De hecho, en ciertas ciudades los reglamentos limitaban la altura de los edificios, aunque en la actualidad se tiende más a valorar su altura en función de la calidad del diseño arquitectónico.
Simetría. Un edificio es simétrico respecto a dos ejes en planta si su geometría es idéntica en cualquiera de los lados de los ejes. Que un edificio no sea simétrico aumenta la posibilidad de que se produzca una torsión en su planta, haciéndolo más vulnerable ante un terremoto.
Distribución de masas. Los especialistas recomiendan la uniforme distribución de las masas que conforman el edificio tanto en planta como en altura, cambiando en función de las distintas zonas y alturas en base a la rigidez.
Estructuras rígidas en planta. Aunque pueda parecer una afirmación de Perogrullo, es evidente que la mayor cantidad de muros estructurales en la base, mejora también la estabilidad y resistencia frente a un movimiento sísmico.
Distribución de puertas y ventanas. La simétrica distribución de los elementos de apertura de las viviendas son esenciales para aumentar la resistencia del edificio al colapso, así como un tamaño acorde al resto de la estructura, no debiendo superar más de la mitad del muro.
Calidad de los materiales. Otro de los factores esenciales a la hora de medir la resistencia al derrumbe de los edificios es la calidad de los materiales. La buena calidad de la construcción mejora la capacidad de absorción de energía en el movimiento sísmico. Los expertos coinciden en la importancia del hormigón armado y el acero para que el edificio se pueda balancear sin llegar a caerse.
Cimentación. Los cimientos son clave en la flexibilidad y aguante de los edificios. Cada suelo tiene una cimentación específica tanto en profundidad, forma y tamaño, por lo que es esencial un estudio del terreno previo a la construcción del inmueble. Una correcta actuación en este aspecto permite reducir las deformaciones y esfuerzos que sufrirá el edificio durante el sismo.