2018-03-26

En manos de cinco países temerarios

Menos de un año atrás, la Asamblea General de la ONU hizo suyo un nuevo instrumento internacional con objetivos de desarme, en particular, a través de una tendencia a prohibir la fabricación y uso de armas nucleares.

El texto consta de 20 artículos y procura la prohibición de esos armamentos, con la obvia resistencia de las potencias nucleares y sus aliados. Sin embargo, constituye el primer tratado multilateral sobre armas nucleares de los últimos 20 años.

La iniciativa reconoce como antecedente el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) de 1968, que cuenta con la ratificación de 191 Estados, con la notable excepción de Israel, India y Pakistán. Por su parte, Corea del Norte lo denunció para relanzar su programa de desarrollo nuclear a partir de 2003. Recordemos que la primera potencia que adquirió estatus nuclear fue Estados Unidos en 1945 y que en 1949, la entonces URSS igualó la carrera.

Después se sumaron Gran Bretaña (1952), Francia (1960) y China (1964). Es decir, los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU.

Desde entonces, el club nuclear se preocupó por que nadie más pudiera sumarse y en este contexto se logró el TNP, aunque el aumento significativo de ojivas tanto en Estados Unidos, como en la URSS y en China, puso rápidamente en ridículo el concepto de “no proliferación”. Otro antecedente data de 1996, cuando se adoptó un texto tendiente a prohibir totalmente los ensayos nucleares, ya que para producir bombas de esas características, se requieren pruebas.

Si bien son 166 los Estados partes de esta convención, no entró en vigencia a raíz de las condiciones que fija su propia redacción. Sin embargo, el instrumento permitió el funcionamiento de la Organización del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (CTBTO por sus siglas en inglés), que dispone de satélites y dispositivos que están en diversos puntos de planeta y permiten detectar explosiones de importancia. Por ejemplo, sus registros fueron utilizados para intentar la localización del submarino ARA “San Juan”.

La propuesta de revisar la legislación internacional sobre armas nucleares reconoció la iniciativa austriaca en 2014. La reacción se produjo ante el considerable aumento de ojivas en manos de Estados Unidos, Rusia y China, países que destinan programas cada más costosos a reforzar sus existencias de armamentos nucleares. En su informe de 2017, el prestigioso Instituto Internacional de Estudios para la Paz (SIPRI) con base en Estocolmo, estableció que “la actual administración estadounidense está continuando los ambiciosos planes de modernización nuclear expuestos por el presidente Barack Obama”.

En efecto, entre 2017 y 2026, el “gran país del Norte” planea erogar nada menos que 400 billones de dólares en consolidar su lugar de primera potencia nuclear del planeta con la excusa de modernizar sus arsenales. Curiosamente, la arquitectura del tratado que llegó a buen término en julio del año pasado, tuvo como protagonista a la delegación de Costa Rica, país que abolió al ejército en 1948 y que en el ámbito diplomático, goza de prestigio.

La propuesta recogió 122 votos a favor. El mismo día de la votación, Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña hicieron circular un comunicado conjunto en el que explicaban por qué se oponían a la iniciativa. Francia además, se expresó individualmente. La negativa encontró esta réplica por parte del representante de México en la sede de Naciones Unidas en Ginebra, Jorge Lomónaco: “el argumento de Estados Unidos y Reino Unido resulta por lo menos curioso, al ilustrar contradicciones profundas entre la aseveración de que el tratado no servirá a ningún propósito y el reconocimiento implícito de que desataría fuerzas conducentes al desarme y sería, por tanto, un paso significativo hacia la eliminación de las armas nucleares, como sostenemos insistentemente los promotores de la iniciativa. En cualquier caso y a la luz de las consideraciones antes descritas, resulta pertinente preguntarse por qué la firme y, en ocasiones, agresiva oposición de los poseedores al inicio de negociaciones de un tratado de prohibición de armas nucleares. Si la seguridad de los poseedores, el TNP y el régimen de no proliferación no están en riesgo, si un tratado de prohibición no destruirá una sola ojiva, ¿por qué oponerse incluso al inicio de negociaciones?”

Cuando se firmó el tratado, el 20 de septiembre último, el presidente costarricense Luis Solís, fue más enfático: “lamentamos que los países nucleares y aquellos miembros de alianzas de seguridad, hayan decidido desvincularse de este proceso. En desarme nuclear la inacción no es una opción. El mantenimiento del status quo solo lleva a una situación cada vez más peligrosa de seguridad internacional y a la humanidad más cerca de la aniquilación. Sabemos que es falsa la premisa de que la seguridad surge de la fuerza de las armas”. Pero el club nuclear no sabe de razones.

Te puede interesar